Un partido descosido en el que Sánchez se juega todo a una carta

Sus críticos le van a dejar hacer, esperándole detrás de la esquina, dejando claro que a ellos no se les podrán pedir responsabilidades porque le han dejado vía libre

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Madrid / La Voz

Si de lo que se trataba era de coser, el PSOE sale más bien de este congreso con un costurón importante. Pedro Sánchez ganó las primarias con mucha más autoridad de la que casi nadie, ni siquiera él, podía esperar. Y eso tiene dos efectos que acaban no solo sumándose, sino multiplicándose. El primero es que Sánchez, escaldado tras comprobar como una mayoría de su anterior ejecutiva lo defenestró por la vía de la dimisión en masa, ha preferido rodearse de un grupo de pretorianos, aunque fuera a costa de dejar la imagen de una purga sin precedentes. El segundo es que la perdedora, Susana Díaz, no ha tenido fuerza para plantear batalla y colocar a los suyos. Sabía además que tenía perdido ese pulso de antemano y que la imagen de pedir clemencia al mismo líder del que llegó a decir en el debate a tres televisado que ni lo suyos se fiaban de él, no era lo que más le convenía. «Tu problema eres tú, Pedro», dijo entonces Susana Díaz. Y este le ha respondido a la andaluza con la misma moneda.

Sánchez se va a jugar sus bazas en solitario. Sus críticos le van a dejar hacer, pero esperándole detrás de la esquina, es decir, en las próximas elecciones, para pasarle factura en caso de un nuevo fracaso, dejando claro que a ellos no se les podrán pedir responsabilidades porque le han dejado vía libre para conformar su ejecutiva y para decidir el discurso y las políticas. Sánchez es consciente de ello. Y se lo juega todo a una carta. Sabe que ese pacto a tres con Podemos y Ciudadanos del que habla no tiene ninguna posibilidad. Y también que los números no salen pactando solo con una de esas dos fuerzas políticas. La idea es ganar espacio y votos a ambos lados del tablero dejando ver que son los vetos cruzados de estos dos partidos los que permiten que Rajoy siga en el poder. El problema es que para situarse en esa casilla intermedia hay que hacer demasiados equilibrios, como el de hablar de una nación de naciones y, a la vez, de una España indisoluble. Y parece difícil que una mayoría de votantes le compre ese mensaje tan ambiguo.

Sánchez buscará una alternativa al PP

El secretario general asegura que el único enemigo del PSOE es la derecha, hace un guiño a los indignados del 15M y a los votantes de Podemos, y defiende que España es una nación de naciones

enrique clemente

Fue la apoteosis final de un congreso hecho a la mayor gloria de Pedro Sánchez, que ha impuesto su equipo, sin ninguna concesión a los derrotados en las primarias, y su proyecto político de giro a la izquierda, más poder a la militancia y laminación de los barones. Sale triunfante, pero sin restañar las heridas del PSOE, que siguen siendo profundas y con una ejecutiva con el 30 % de los votos de castigo, la menos respaldada de los tiempos recientes.

Por primera vez el cierre del cónclave socialista se abrió a militantes y simpatizantes. Ante unas 8.000 personas, el secretario general irrumpió en el escenario como si fuera una estrella de rock a los compases de Sweet Child O´ Mine de Gun N´ Roses, y no del tradicional himno del PSOE, tras la presentación uno por uno de los 49 miembros de su ejecutiva, en la que hay ni un solo susanista. No estaban ni Felipe González ni José Luis Rodríguez Zapatero ni Alfredo Pérez Rubalcaba ni Susana Díaz, que le dieron plantón.

Sánchez dedicó buena parte de su discurso a demoler al PP, que, dijo, es el único partido con el que el PSOE compite y al que no mira «ni de lado ni desde abajo, sino de frente». Pero, sin citar a Podemos, echó la caña de pescar en su caladero de votantes, con alusiones a los indignados del 15M, los milennials y los progresistas que se han alejado del PSOE. Se comprometió a trabajar «sin descanso» para lograr una «mayoría parlamentaria alternativa que acabe con esta etapa negra del gobierno de la derecha», que caracterizó como el de la corrupción, los recortes, la desigualdad y la precariedad laboral. Pero sabe muy bien que el pacto a tres, con Podemos y Ciudadanos, en el que insiste de cara a la galería es imposible.

Fuerzas del cambio

En su horizonte están, a medio plazo, las elecciones. Su objetivo hasta entonces será entenderse «semanalmente» con las fuerzas del cambio para «desmantelar» las políticas del PP. Para ello, creará un órgano de coordinación en el Congreso. Sánchez anunció que va a hacer «una oposición de Estado, el PSOE va a estar con el Estado, pero no con este Gobierno», al que acusó de atacar a la Constitución y de tratar de instrumentalizar y poner a su servicio a las instituciones. Por eso, dijo que es el enemigo del PSOE. «Este Gobierno corrompe todo lo que toca, empezando por la Constitución española», afirmó.

Cataluña ocupó también buena parte de su intervención. Sánchez defendió una reforma federal de la Constitución que perfeccione el reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado, que aprobó el congreso, y que España es una nación de naciones, pero con una única soberanía y dejando claro la oposición frontal del PSOE al referendo de autodeterminación. «Yo estoy a favor de España y del catalanismo», aseguró. Y cargó contra el «engaño histórico» del independentismo y el «neocentralismo» del Gobierno, «dos visiones excluyentes que se retroalimentan mutuamente». «España no es inmovilista, no es ni Rajoy ni el PP. España no es insolidaria, no es anticatalana. España es plural y diversa, España es progresista, España es solidaria y España quiere a Cataluña, ¡digámoslo alto y claro!», proclamó.

Las palabras de la fallecida Carme Chacón cuando optó a liderar el PSOE en el congreso de Sevilla frente Rubalcaba le sirvieron como broche final a su discurso: «Si decimos izquierda hacemos izquierda; si decimos cambio hacemos cambio». Y finalizó así: «Pongamos al PSOE rumbo a La Moncloa; a ganar, compañeros». Y tras ello, la ejecutiva y los asistentes al mitin cantaron La Internacional, aunque Sánchez en esta ocasión prefirió no levantar el puño.

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