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Iglesias niega que el pacto con Page sea un experimento para un acuerdo con Sánchez

Justifica la alianza con uno de los barones más críticos con su partido para evitar la «tentación» del PSOE de gobernar con el PP


MAdrid / La Voz

«No es un experimento ni un ensayo de nada». El líder de Podemos, Pablo Iglesias, trató de rebajar ayer las expectativas de alianza con el PSOE a nivel nacional creadas tras el acuerdo de Gobierno alcanzado con el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, para que el partido morado entre en el Ejecutivo regional. Iglesias es consciente de que ese acuerdo suscita el rechazo de un amplio sector de su propio partido, encabezado por el grupo anticapitalista, que apuesta por seguir presionando a los socialistas con el objetivo de arrebatarles la hegemonía de la izquierda en toda España. Y por ello, durante la celebración del Consejo Ciudadano Estatal de la formación celebrado ayer admitió que el pacto alcanzado en Castilla-La Mancha implica «oportunidades» para Podemos, pero también «riesgos». Alabó que en su formación exista un sector que ponga el acento en lo primero y otro lo haga en lo segundo.

Para justificar el hecho de que el partido morado se convierta en aliado de uno de los barones socialistas que con más dureza criticó a Podemos cuando Pedro Sánchez sondeó un posible pacto para ser investido presidente del Gobierno, Iglesias explicó que cuando su partido entra en un Gobierno «ofrece garantías» y que la sola existencia de ese acuerdo implica que el PSOE abandone «la tentación de gobernar con el PP, que es lo que según algunos decían, estaba en los planes de García-Page».

En todo caso, el líder morado volvió a retar a los críticos en su partido, porque aseguró que la decisión final sobre si Podemos debe entrar o no en el Ejecutivo de Castilla-Mancha la tomarán los inscritos en una consulta. 

Monedero sí ve posible el pacto

Aunque negó que se trate de un experimento de cara a un posible acuerdo a nivel nacional, Iglesias no descartó acabar gobernando también en España y se mostró abierto a acuerdos en ese sentido «sobre la base de un programa que beneficie a las mayorías sociales, termine con los recortes y asuma que España es diversa».

«Somos una fuerza política con vocación de Gobierno», insistió el líder de la formación morada.

Pese a las palabras de Iglesias, una vez más el cofundador de Podemos, Juan Carlos Monedero, se apartó del discurso oficial y apuntó que lo ocurrido en Castilla-La Mancha es el preludio de un pacto mucho más amplio entre Podemos y el PSOE. Según aseguró, el acuerdo alcanzado con el socialista Emiliano García-Page es el «comienzo de una hermosa amistad» entra ambas fuerzas políticas. «Creo que los tiempos cambian y también las personas y las instituciones», señaló Monedero, quien apostó por retomar el diálogo con «el nuevo PSOE» si tiene «la voluntad real de hacer las cosas diferentes».

Un giro forzado por la debilidad del líder de Podemos 

g. b.

Aunque Pablo Iglesias lo niegue, la decisión de que Podemos entre en el Gobierno de Castilla-La Mancha solo se puede explicar como un movimiento inspirado por él mismo con vistas a una estrategia nacional de negociación con el PSOE. El fracaso total de la moción de censura presentada contra Mariano Rajoy, no solo en la votación, sino también en la intención de debilitar al PSOE, dejó a Iglesias muy descolocado en el tablero político y fortaleció a Pedro Sánchez, que asumió a partir de ese momento toda la iniciativa política de la izquierda. La necesidad de recuperar el protagonismo y de reforzar su propio liderazgo interno en Podemos es lo que llevó a Iglesias al giro que supuso ofrecer a Sánchez un rápido acuerdo para plantear una nueva moción de censura contra Rajoy. Pero el líder socialista, aunque desea ese acuerdo, no tiene prisa, porque no quiere repetir errores y precipitaciones del pasado, y porque tampoco se fía de la sinceridad de la voluntad de pacto de Iglesias. La entrada en el Gobierno de Castilla-La Mancha es una manera de forzar a Sánchez a acelerar ese proceso de acercamiento y demostrar que, esta vez sí, su voluntad de acuerdo con el PSOE es real. 

Iglesias consigue así también retomar la iniciativa en su propio partido y en sus confluencias en un momento en el que su liderazgo interno está más cuestionado que nunca, tanto desde Cataluña, en donde Podem desafía su llamada a no participar en el referendo de independencia, como desde Galicia, donde Xosé Manuel Beiras también cuestiona su estrategia, y asimismo desde Andalucía, donde Teresa Rodríguez, adscrita al sector anticapitalista crítico con Iglesias, ha rechazado explícitamente el pacto en Castilla-La Mancha.

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