Agujeros negros en la seguridad y en la prevención en los atentados en Cataluña

Los fallos y las incógnitas que aún rodean los ataques yihadistas

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Madrid / La Voz

Una célula de 12 personas, liderada por un imán con unos antecedentes inquietantes, planificó desde hacía meses varios atentados devastadores sin ser detectada por los servicios policiales ni de inteligencia. Una vez frustrado su objetivo original por la explosión de Alcanar, pasaron al plan B, atropellar a los viandantes en las Ramblas y acuchillarlos en Cambrils. Se rompía así la racha de trece años sin atentados en España. Tras la conmoción inicial, resulta ineludible saber qué falló en la seguridad y la prevención.

¿Por qué no había bolardos en la Rambla?

En solo trece meses, antes del atentado de Barcelona, hubo siete ataques en Europa con vehículos para embestir a los viandantes. El primero y más mortífero fue el de Niza, el 14 de julio del 2016, con 85 muertos. Los terroristas seguían instrucciones del Estado Islámico, que había pedido a sus «soldados» que atentaran con ese método. Ante este desafío, la colocación de bolardos o grandes maceteros en arterias tan transitadas como las Ramblas era una medida imprescindible para dificultar los planes homicidas. Tras el atentado de Berlín, del 19 de diciembre pasado, el Ministerio del Interior recomendó su instalación a los ayuntamientos. Ni la alcaldesa Ada Colau ni los Mossos ni la Generalitat lo consideraron oportuno y optaron por reforzar la presencia policial en puntos estratégicos de Barcelona.

¿Cómo pudo circular la furgoneta 600 metros sin ser interceptada?

Si la estrategia alternativa a no poner los bolardos era más vigilancia policial, ¿cómo es posible que ningún agente tratara de interceptar la furgoneta mediante disparos? Aún no se ha detalladado cuántos mossos había en el lugar del atentado, dónde estaban y cómo actuaron en el momento del ataque.

¿Cómo logró escapar el conductor?

Aún no hay una explicación oficial. Lo único que se sabe es que se bajó del vehículo y huyó a pie. Luego pudo tomar el metro. Lo que es seguro es que iba desarmado. Sin embargo, ningún agente pudo neutralizarlo ni hay noticias de que lo intentara. Además, la Operación Jaula dispuesta por los mossos tampoco funcionó, ya que el presunto autor del atentado se saltó un control policial y logró huir en el coche que había conseguido tras asesinar a su propietario, en un episodio aún no aclarado por los investigadores.

¿Por qué nadie sospechó de lo que pasaba en el chalé de Alcanar?

La célula terrorista, compuesta por al menos doce personas, llevaba al menos seis meses, instalada en la casa de Alcanar. Los vecinos han declarado que vieron cómo unos jóvenes de aspecto árabe iban y venían en sus motos, en un coche y una furgoneta, como descargaban bombonas. Los mossos no recibieron ninguna denuncia ni tampoco investigaron lo que cuando menos era una ocupación ilegal. La policía autonómica atribuyó la explosión a que los ocupantes manipulaban bombonas de gas para comercializarlo o que se trataba de un laboratorio de droga. No contemplaron la hipótesis de que pudiera ser un lugar donde se preparaban explosivos.

¿Cómo nadie advirtió de la radicalización de los jóvenes de Ripoll?

Cuesta trabajo entender cómo puede pasar inadvertida la radicalización de una decena de jóvenes en una localidad pequeña, donde eran muy conocidos. Más aún que sus padres, como dicen ahora, no lo supieran. Tampoco nadie de la comunidad musulmana advirtió nada, según sus testimonios. Es cierto que no tenían antecedentes por terrorismo, aunque cuatro de ellos, incluido el imán, sí por delitos comunes.

¿Por qué no estaba bajo vigilancia el imán?

En primer lugar, llama la atención que a alguien que pasó cuatro años en la cárcel por tráfico de drogas se le permitiera ser imán de una comunidad sin mayores problemas, Pero es que, además, al responsable del reclutamiento y adoctrinamiento de los jóvenes de Ripoll aparecía en el sumario de la llamada Operación Chacal, en la que fueron detenidos en el 2006 varios yihadistas, uno de ellos relacionado con el 11M. La clave es por qué Abdelbaki Es Satty no estaba en el radar de las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia a pesar de sus antecedentes.

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