Interior refuerza la presencia policial en Cataluña por su recelo sobre los Mossos

El Gobierno la justifica para ayudar a controlar las «movilizaciones tumultuarias»

Imagen del «Moby Dada», atracado en el puerto de Barcelona para alojar a los policías
Imagen del «Moby Dada», atracado en el puerto de Barcelona para alojar a los policías

La Voz en Barcelona

Los Mossos d’Esquadra tienen en Cataluña las competencias sobre orden público. Pero el Gobierno no se fía de que este cuerpo de seguridad a cargo de la Generalitat cumpla con su cometido constitucional y desoiga al Gobierno catalán en su pretensión de celebrar el referendo ilegal convocado para el 1-O. Por eso, ante las dudas y para evitar sorpresas, el Ejecutivo de Mariano Rajoy ha tomado la medida excepcional de desplazar a Cataluña a miles de policías y guardias civiles desde el resto del Estado. Desde Galicia más de 300, parte de los cuales llegaron ayer. Se trata de evitar que se celebre una votación suspendida por el Tribunal Constitucional y que el presidente Carles Puigdemont pretende utilizar para proclamar unilateralmente la independencia de Cataluña.

La estrategia del Gobierno pasa por adelantarse a la colocación de las urnas -no han sido localizadas- y, llegado el caso, atribuirse la dirección del orden público. De ello se encargarían los miles de agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional desplazados a Cataluña y los que se prevé que lleguen todavía a partir de hoy. La pretensión es superar en número de agentes a los Mossos, alrededor de 16.000, para evitar situaciones como la vivida el jueves frente a la Consejería de Economía cuando una multitud bloqueó las puertas impidiendo que la comitiva judicial y los guardias civiles abandonasen el edificio hasta que de madrugada los Mossos, cumpliendo una orden judicial, dispersaron a los concentrados. Antes, estos habían destrozado los vehículos de la Guardia Civil, también ante la pasividad de los Mossos. Las sombras respecto a la policía catalana se basan asimismo en la indiferencia que mantuvieron en la masiva protesta de secesionistas ante el Tribunal Superior de Cataluña para presionar a los jueces y que liberasen a los altos cargos de la Generalitat que habían sido detenidos como responsables de la organización del referendo ilegal.

La imagen del mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, no es precisamente de independentista. Ahora bien, su orden a los agentes para que fuesen «especialmente restrictivos y cuidadosos con el uso de la fuerza» y limitarla a «los casos en que se tenga que garantizar la seguridad propia o de terceros y siempre que no haya otra opción menos lesiva» no agradó en Moncloa.

«Intervención encubierta»

Aunque el Gobierno en público asegura que esa concentración de policías y guardias civiles en Cataluña es para colaborar con los agentes catalanes -«apoyar y reforzar» ante las «movilizaciones tumultuarias, dijo el portavoz Méndez de Vigo-, y que es una medida excepcional, el Ejecutivo de Puigdemont lo ve como «intervención encubierta» después de la realizada con las cuentas de la Generalitat por parte de Hacienda.

Los agentes desplazados, alrededor de 15.000 que vienen a añadirse a los 6.000 destinados en Cataluña, están siendo alojados en cuarteles, hoteles y en dos barcos- podrían ser tres en unos días- en el puerto de Barcelona y otro en el de Tarragona.

El Gobierno no quiere correr ningún riesgo para el 1 de octubre y se escuda en las «movilizaciones tumultuarias» de estos días que aconsejan vigilar el orden con especial celo, manifestaciones las del miércoles y jueves que llevaron ayer a la Fiscalía a presentar una denuncia en la Audiencia Nacional por sedición contra sus responsables.

La policía catalana, en el ojo del huracán, recibe críticas de uno y otro lado

Los Mossos d’ Esquadra se encuentran en el ojo del huracán. El Ministerio del Interior no está conforme con su actuación, pero tampoco la Generalitat. Responsables de asociaciones de guardias civiles se quejan de la actuación de la policía autonómica catalana, y así lo han comunicado al ministerio. La acusan de pasividad mientras los secesionistas rompían sus coches ante la Consejería de Economía en la madrugada del jueves, pero también de no haber evitado el asedio a la sede de esa institución, donde los radicales tuvieron «secuestrados» a unos guardias civiles y a personal del juzgado que ordenó el registro en el departamento que dirige Oriol Junqueras. Tan solo dispersaron a los manifestantes cuando recibieron la orden del juez. «Pedimos a los compañeros Mossos d’Esquadra que dejen de hacer de don Tancredo y garanticen la seguridad ciudadana, competencia que tienen encomendada en exclusiva, de los ciudadanos de Cataluña y también de los guardias civiles que ejercen de policía judicial», reclamó la Asociación Pro Guardia Civil.

También desde el independentismo se ataca a los Mossos. Se acusa al mayor Trapero de no estar comportándose del modo que esperaban de él y se preguntan de qué lado está. Los dos sindicatos mayoritarios de la policía catalana dijeron sin reservas hace unos meses que los agentes estaban con la Constitución y para cumplir las leyes derivadas.

«Dos policías de 1,90 en 4 metros cuadrados y sin ventilación»

M. L.
«Vaya zulito bueno»: así son los camarotes de los policías en Barcelona Varios agentes de los enviados a Barcelona en el dispositivo preparado para el 1 de octubre han grabado vídeos dentro de los barcos donde están alojados. Hablan de «zulos», con hasta cuatro agentes por camarote

Los agentes trasladados a Barcelona soportan la presión del entorno y unas difíciles condiciones de vida

«Dos policías de 1,90, su uniforme y su equipaje para quince días en una habitación de 4 metros y sin ventilación». Es la queja de uno de los agentes de la Unidad de Intervención de la Policía (UIP) desplazado a uno de los ferris contratados por el Gobierno para hospedar en Barcelona a 2.000 policías por el desafío soberanista. Pero este portavoz de la Unión Federal Policial (UFP) llegado ayer a la Ciudad Condal desde A Coruña y Vigo, con otros más de 200 compañeros, comprende que «por seguridad» tengan que estar en estas condiciones. No le consta que en ningún caso sean cuatro los agentes que están por camarote. «En mi caso -dice- sería imposible; mido casi dos metros y entro justísimo. Son cuatro metros cuadrados sin ventana, aunque algunos son exteriores». Coincide con otros compañeros en que la tripulación desconoce el español, que el barco está en un sitio bastante aislado y que si quieren ir a un supermercado es un inconveniente. Tras reconocer que es una situación excepcional, se queja: «Un agua cuesta aquí casi tres euros, como en un aeropuerto».

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