Maxime Forest: «El desafío soberanista no es solo al Estado español, sino a toda la UE»

El profesor francés, especialista en asuntos europeos, argumenta que está en juego el porvenir de Europa, por los peligros que acarrea un referendo ilegal como el del 1-O


Hace una semana publicó un artículo en el diario parisino de izquierdas Libération titulado «El porvenir de Europa se juega (de nuevo) en Cataluña», en el que mantenía que, después de la crisis del euro, la guerra de Ucrania, el brexit y las derivas autoritarias de Hungría y Polonia, «el desafío lanzado por el separatismo catalán a la democracia española» pone en peligro el proyecto europeo. El autor de este articulo, que tuvo una gran repercusión en España por su toma de posición clara en contra del 1-O, es Maxime Forest, profesor e investigador de la prestigiosa Sciences Po de París y especialista en asuntos europeos.

-¿Cómo valora lo que está sucediendo en Cataluña?

-Mi punto de vista clave es que el desafío separatista no es solo un tema de España y Cataluña, sino de toda Europa, ya que plantea la imposibilidad de las identidades múltiples y pretende trasladar, en un Estado de derecho, un derecho a la autodeterminación propio de las situaciones coloniales o de las dictaduras. Para ello, los separatistas necesitan aproximar la situación de Cataluña a la de un pueblo colonizado o enfrentándose a una deriva dictatorial.

-¿Por qué sostiene que el 1-O la UE también se juega su futuro?

-El desafío soberanista no se plantea tan solo al Estado español, sino a toda la UE. De celebrarse un referendo unilateral de autodeterminación, sería el primero en un Estado de derecho y una UE basada en la primacía del derecho y el respecto a las instituciones democráticas. No sería solo un precedente de considerable alcance jurídico, sino también político: el proceso de integración europeo se ha desarrollado a partir del rechazo a los nacionalismos y a las modificaciones de fronteras unilaterales.

-¿Qué consecuencias tendría para Europa?

-El riesgo no tiene nada de teórico, ya que la celebración de alguna forma de referendo de autodeterminación o incluso una declaración unilateral de independencia puede desencadenar iniciativas o intentos similares en el País Vasco, Flandes o Córcega, sin mencionar potenciales manipulaciones de las minorías rusohablantes en los países bálticos. Pero el porvenir de Europa se juega en Cataluña también porque la crisis actual no es únicamente fruto de una tensión histórica con Madrid y el resto de España. También refleja la crisis en la que están sumergidas las democracias occidentales: una crisis de confianza muy aguda que afecta a todos los pilares democráticos y a la convivencia social, desde Estados Unidos a Inglaterra, Francia, Italia, Alemania o algunos países de Europa central. Mientras en el resto de Europa esta crisis ha producido brotes potentes de xenofobia, en España, un país marcado por la peor crisis económica de su historia, ha tenido un efecto distinto: un rechazo a los partidos tradicionales y un mayor rechazo al Estado en el caso de Cataluña.

-Sostiene en el artículo que el discurso independentista dominante se basa en un nacionalismo obtuso y excluyente, teñido de racismo y supremacismo cultural.

-De ningún modo el nacionalismo catalán, que tiene raíces profundas, una fuerte historicidad y aspectos modernizadores, se puede resumir en esos rasgos, pero son los que caracterizan el discurso separatista dominante de los últimos tiempos. Al radicalizarse con la evolución del paisaje político catalán y el liderazgo teórico y en términos de movilización concedido a actores como la CUP o la ANC, el relato nacionalista se ha ido tiñendo de tonos menos amables. Cuando se pretende lograr un Estado-nación y se hace hincapié en abrir una brecha definitiva con otro relato nacional, prevalecen la exclusión y cierto grado de supremacismo cultural. Si uno quiere adquirir la soberanía nacional, lo debe justificar. En este caso concreto, es preciso, para marcar sus hechos diferenciales, categorizar lo español refiriéndose a tópicos cuya acumulación puede rozar el racismo, y describiendo un país, la España del posfranquismo, que simplemente ya no existe.

-Sabe que le van a llover las críticas de los independentistas.

-Soy perfectamente consciente de que, cultural y políticamente, las fuerzas que componen originalmente el soberanismo no son en absoluto racistas y abogan, al contrario, por una república plural. Pero su doble error histórico es haber decidido que el fin justifica los medios y haber y haberse engañado con la idea de que un discurso nacionalista radical era compatible con el progresismo. Llega un momento crítico, cuando se ven las costuras. Resulta difícil, por no decir imposible, proclamarse progresista, feminista y cosmopolita y abogar a la vez por un relato nacional excluyente que fomenta el separatismo.

-¿El Gobierno español está perdiendo la batalla de la propaganda, el relato independentista se está imponiendo en Europa?

-En el contexto de crisis de las instituciones democráticas, los relatos antisistema, contrarios a los poderes establecidos, tienen una ventaja casi mecánica. Coinciden con la atmósfera de desconfianza generalizada y proporcionan nuevos recursos discursivos a los que se nutren de esta paranoia. Pero el relato separatista catalán tiene también recursos propios que no tienen nada que ver con este contexto: en el caso de Francia, por ejemplo, está asociado a la lucha contra el franquismo, desde la guerra civil hasta la transición democrática. Eso le proporciona un cierto grado de simpatía.

«Hemos entrado en una era en la que es más fácil propagar relatos que no son reales»

«No se puede entender la crisis actual si olvidamos que hemos entrado en una era en la que resulta más fácil propagar relatos desvinculados de la realidad», señala Forest. «Una república catalana independiente no seguiría en la UE, no mejoraría el bienestar de sus ciudadanos divididos, puesto que su sistema de pensiones quedaría en el aire y tendría un acceso más difícil a su principal mercado y, lo peor, su acto de nacimiento quedaría manchado por circunstancias poco democráticas», añade. «Cualquier relato nacional, y eso no es propio solo del catalán, se basa en cierta medida en lo que hoy llamamos hechos alternativos», concluye.

Señala que la posible solución después del 1-O «dependerá de los acontecimientos, de las condiciones en las que se vote y, en cierta medida, de su resultado». En su opinión, «si la movilización es un éxito y millones de catalanes votan separarse de España, habrá una situación de sedición». Si el Estado «logra paralizar la votación, quedará un mínimo de opciones para negociar una salida de la crisis». Forest destaca que «el federalismo por el que abogan varios partidos, que sería una vía lógica, ya existe en buena medida en el Estado de las autonomías». «Sobre el papel del Gobierno, hay que valorar, sin minimizar la responsabilidad histórica de Rayoy y del PP en la pésima gestión de la crisis actual, que cualquier Gobierno democrático se encuentra mal preparado para enfrentarse con un relato y un desafío de este tipo», sostiene. «Carece de las capacidades de movilización social que tiene un movimiento muy bien implantado en la sociedad, que se beneficia de un contexto favorable y está obligado a acatar la ley», añade.

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