La UE advierte que no reconocería nunca una Cataluña independiente

«El Gobierno español tiene todo el derecho a apelar a la Constitución y a que todas las partes lo respeten», dice May

.Theresa May
Theresa May

bruselas / corresponsal

«Si hubiese una declaración de independencia, esta sería unilateral y no sería reconocida». Así de tajante se mostró la secretaria de Estado francesa para Asuntos Europeos, Nathalie Loiseau, sobre la postura del Gobierno galo ante la última amenaza de secesión catalana. París sigue cerrando filas con Madrid, como el resto de las capitales europeas. Al otro lado de los Pirineos no se contempla otra salida para el desafío de la Generalitat que el imperio de la ley. Francia no reconocerá una Cataluña independiente. «La consulta era contraria a la Constitución y no había ningún medio de verificar su calidad ni el censo electoral ni el desarrollo del escrutinio», explicó Loiseau antes de manifestar el rechazo contundente del Ejecutivo francés a una secesión en España, «país aliado y amigo».

Tampoco Londres se sumará a la fiesta independentista que pretende celebrar Puigdemont. Theresa May aparcó todas sus diferencias con Madrid por el brexit para dejar claro que el Reino Unido no será cómplice de los chantajes y las artimañas ilegales del Govern: «Somos muy claros. El Gobierno español tiene el derecho de apelar a la Constitución y a que todas las partes operen dentro del Estado de derecho», manifestó May en los Comunes.

El incendio político tras el referendo ilegal del 1 de octubre no ha pasado desapercibido en la UE. La preocupación es máxima. No solo por la división y el enfrentamiento social generado, sino también por las consecuencias colaterales para el conjunto de la Unión. La desestabilización de la economía española podría despertar viejos fantasmas de la crisis del euro que ya se creían enterrados. De ahí que muchos líderes hayan salido al paso para aguar todas las tentativas de secesión de los separatistas: «Hay un orden constitucional en España que respetamos», insistió ayer el comisario de Economía, Pierre Moscovici.

Doctrina Prodi

Bruselas lo puede decir más alto, pero no más claro: no habrá futuro para una Cataluña independiente dentro de la UE. El portavoz de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, insistió ayer en que nada ha hecho cambiar de opinión al presidente, Jean Claude Juncker: el Gobierno catalán debe respetar el Estado de derecho. ¿Una declaración unilateral de independencia? «Dejaría a Cataluña fuera de la UE de forma automática», recuerda Bruselas echando mano de la doctrina Prodi.

El murmullo y la preocupación por lo que está aconteciendo en España trascendió ayer a los pasillos del Eurogrupo, reunido en Luxemburgo. Su presidente, Jeroen Dijsselbloem, se mostró contundente al rechazar cualquier mediación europea en un asunto que considera «doméstico». «Nunca he estado de acuerdo, esa es mi posición», aseguró refiriéndose a la DUI, y mostró su confianza en el Gobierno español para reconducir la situación: «Lo tienen todo bajo control». Su homólogo italiano, Carlo Padoan, admitió que se está viviendo una «grave crisis» en España, un signo evidente de que la UE debe avanzar en su integración, el camino opuesto al que pretenden seguir los separatistas.

La deriva independentista sustituye el modelo nórdico por el balcánico

FRANCISCO ESPIÑEIRA

Retirado a la fuerza, por las exigencias de la CUP, de la presidencia de la Generalitat, Artur Mas conservó su opíparo sueldo -más de 100.000 euros- y otros privilegios (secretaria, coche oficial, chófer, oficina...) para convertirse en el embajador oficial de la nueva república catalana que se iba a convertir en una Arcadia feliz, en un paraíso del que no querrían irse ni banqueros ni empresarios porque sería una mina de oro.

El punto culminante de ese estado de euforia lo alcanzó el pasado 3 de marzo en el transcurso de una bien remunerada charla en Harvard. Eligió para ello un escueto auditorio de doscientas personas y lanzó el mensaje más sorprendente: «Me imagino a la futura Cataluña como la Dinamarca del Mediterráneo, un país próspero pero con sol».

La comparación idealizaba el modelo democrático perseguido por los secesionistas. Los países nórdicos, fundamentalmente Noruega y Dinamarca, que curiosamente son monarquías, formaban parte del espejo en el que Mas y los suyos pretendían mirarse: altos niveles de renta, bajos niveles de paro y una decidida apuesta por el estado del bienestar. Todo ello, dentro de la Unión Europea y del euro.

Utopía frente a realidad

La utopía del expresidente de la Generalitat, salpicado en varios casos vinculados con el cobro de comisiones ilegales de su partido y titular de una cuenta bancaria no declarada en Luxemburgo, chocaba con las advertencias que llegaban de todas partes: la permanencia en la UE era inviable, según sus propias autoridades, el uso de la moneda estaría sujeto a duras condiciones, empresas y bancos verían restringida su financiación, la renta disponible de los ciudadanos catalanes de un futuro estado independiente caería entre 5.000 y 7.000 euros por cabeza...

La materialización de alguna de esas amenazas en los últimos días, fundamentalmente la estampida de bancos y empresas de todos los tamaños, ha provocado un cambio de modelo político a seguir. Lejos del idílico cuento soñado por Artur Mas, el eurodiputado secesionista Ramón Tremosa verbalizaba ayer un nuevo ejemplo: esta vez Cataluña quiere ser como Eslovenia. Independiente desde 1991, se desgajó de la antigua Yugoslavia en 1991 tras una declaración unilateral. «La aprobaron en el Parlamento y se dieron seis meses para negociar con Belgrado. Pasado ese tiempo, no recibieron respuesta y empezaron a llover los reconocimientos internacionales. Ese podría ser un camino», dijo Tremosa. Eslovenia no entró en la UE hasta el 2004 y en la moneda única hasta tres años más tarde.

Los más pesimistas solo ven abierta la vía kosovar. Apoyada por Estados Unidos y la UE, la mayoría albanesa del país decretó la independencia en el 2008 y su separación se vio refrendada dos años más tarde por el Tribunal Penal Internacional, que respondió a una pregunta de Serbia que la DUI no había violado ninguna norma de la ONU. La UE considera Kosovo «un caso único», la OTAN lo define como «un enclave» y apenas ha conseguido reconocimiento de la comunidad internacional.

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