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El Gobierno quiere una intervención mínima para intentar reconducir la crisis

Señala que no se habría quebrado la ley si Puigdemont responde que no ha declarado la independencia


Madrid / La Voz

Tan solo 24 horas después del anuncio del Gobierno de la puesta en marcha de los trámites para recurrir al artículo 155 de la Constitución, tanto desde el Ejecutivo como desde Ferraz desean que Puigdemont revoque la independencia de Cataluña dentro de plazo para no tener que llegar a su aplicación. Los dos partidos mayoritarios también coinciden en que, en el caso de que sea necesario, su impacto sea el mínimo y que derive en una convocatoria de elecciones autonómicas.

Hacía muchos años que el Día de la Fiesta Nacional no tenía tanta trascendencia política. Su lugar en el calendario coincidió en pleno desafío secesionista, sin duda el principal motivo que multiplicó la asistencia de público al tradicional desfile. El paseo de la Castellana experimentó un abarrote de gente pertrechada con banderas españolas, y que funcionó como una prolongación de las masivas marchas a favor de la unidad de España que se celebraron el pasado fin de semana.

El desfile, en el que participaron casi cuatro mil soldados y que se celebró bajo el lema Orgullosos de ser españoles, estuvo presidido por Felipe VI, quien fue vitoreado constantemente por los asistentes con gritos de Viva el Rey y Viva la Corona, en reconocimiento del trascendental papel que desempeñó en la crisis. Los otros grandes protagonistas fueron los cuerpos de la Policía y de la Guardia Civil, aclamados por su actuación en defensa de la ley. Con Mariano Rajoy a la cabeza, el equipo de Gobierno asistió al completo, con la única excepción del ministro Guindos, de viaje en el extranjero. La jornada solo resultó empañada por la muerte del capitán Borja Aybar, que se estrelló con su avión de regreso a Albacete tras haber participado en el acto. 

La recepción más concurrida

Como es tradición, al finalizar la parada militar los reyes ofrecieron la habitual recepción en Palacio, que tanto Rajoy como Cospedal, ministra de Defensa, abandonaron antes de tiempo para poner rumbo a Albacete y dar el pésame a la familia del piloto muerto en el accidente.

Este año la recepción resultó excepcionalmente concurrida. Coincidieron alrededor de 1.500 personas con una nutrida representación de autoridades, políticos y los más destacados empresarios del país. Entre los invitados destacó la gran comitiva socialista, encabezada por Pedro Sánchez e integrada por una veintena de exministros y expresidentes del Gobierno, como Felipe González y Zapatero, poco habituales en los últimos años y cuya presencia refleja la excepcionalidad del momento, el apoyo a la Corona y a la vez que consolida el carácter constitucionalista de la formación marcado recientemente por su secretario general tras haber pactado con Rajoy una revisión de la Carta Magna. 

Confidencias

En uno de los habituales corrillos con la prensa, Sánchez reconoció que últimamente había tenido que «morderse mucho la lengua» por las críticas recibidas, tanto dentro como fuera del partido, que lo acusaron de ponerse de perfil y de trasladar un mensaje ambiguo en la cuestión catalana: «En lo que estaba era en negociar», se justificó. Respecto al requerimiento enviado a Puigdemont, el líder socialista dijo que de la respuesta de este depende de que finalmente se aplique o no el 155. En el caso de que sea necesario, Sánchez considera que la mejor solución sería la celebración de unas elecciones autonómicas y minimizar el impacto de la intervención del Ejecutivo. Una postura, la de mínima intervención, en la que también está el Gobierno.

Tras más de un mes asistiendo a una continua escalada de tensiones, desde el acuerdo entre PP y PSOE el escenario se ha enfriado. Ayer volvieron a deslizar desde el Ejecutivo que confían en que Puigdemont responda satisfactoriamente, y poder regresar así al anterior escenario, porque, dijeron, si no ha declarado la independencia no ha quebrado la legalidad. En la misma línea del líder socialista, la intención de Rajoy es no tener que aplicar el 155, y que solo en caso de verse obligado, la mejor manera sería con un pincel fino, y nunca a brochazos. Fuentes de la Moncloa reconocen que el pacto ha supuesto un antes y un después en el combate al secesionismo. «Ante una crisis de Estado, dos políticos muy distintos hemos dejado a un lado nuestras discrepancias». Albert Rivera insistió en no perder tiempo en aplicar el 155.

La ministra de Defensa, Dolores de Cospedal, confió en que no sería necesaria la intervención de las Fuerzas Armadas en Cataluña, aunque, precisó, tienen la obligación de «estar preparadas».

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