Victoria Camps: «Es muy triste, a Cataluña antes se la admiraba y ahora se está suicidando»

La pensadora asegura que un sector de la sociedad catalana siente hostilidad e incluso odio a España

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Catedrática emérita de Filosofía moral y política de la Universidad Autónoma de Barcelona, ganadora del Premio Nacional de Ensayo con El gobierno de las emociones, Victoria Camps (Barcelona, 1941) es una referencia ética indiscutible. Fue senadora por el PSC-PSOE durante los años 1993-1996 y su último libro es Elogio de la duda (Arpa).

-¿Como ve la situación en Cataluña?

-Muy mal, porque no se ve salida, parece que, aunque se invoca el diálogo, no hay voluntad de dialogar por ninguna de las dos partes. Parece que Puigdemont está dispuesto a proclamar la independencia y convocar lo que llaman elecciones constituyentes. Si se confirma, podría ser una salida.

-Desde el punto de vista ético, ¿qué se está haciendo mal?

-Yo creo que se ha hecho mal todo el procedimiento, lo que se llama el procés. Desde el punto de vista ético no me metería en si la independencia es aceptable o no, es una propuesta política que cabe dentro de una democracia, pero es difícil de llevar a cabo y lograr el reconocimiento, primero del Estado y luego también internacional. Si se quiere llevar a cabo, no se puede hacer mediante el procedimiento de ir a las bravas, que es como se ha venido haciendo, convocando un referendo ilegal, cargándose el Parlamento catalán, que ya no funciona, el Estatuto de autonomía y la Constitución. Eso es lo que no se puede permitir ni desde un punto de vista legal ni ético ni político.

-Se trata de imponer la independencia a la mitad de la población.

-Y a más de la mitad. En las últimas elecciones los independentistas no llegaron ni al 50 % de los votos. Con esa base, iniciar todo este proceso ya era una gran equivocación. Una opción tan trascendente como es la independencia requiere una base social más amplia del 50 %, por lo menos del 60 %. El error ha sido ir a la independencia sin conseguir antes el reconocimiento de que era posible. Habían dado por supuesto que Europa los iba a reconocer si ganaba el sí en un referendo y que España también se plegaría.

-La Arcadia feliz que vendieron se ha convertido en una pesadilla con la fuga masiva de empresas.

-Lo que hay es básicamente una reivindicación económica, porque aunque se nos ha vendido que todo empezó con la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, de hecho se inició con la crisis económico-financiera. También hay una reivindicación de competencias. Ni esta ni la reivindicación económica están bien resueltas. La reforma de la autonomía catalana hay que hacerla. Pero se ha creado un imaginario, desde los Gobiernos de Pujol, que da por hecho que Cataluña está fuera de España, es algo distinto. Ese rechazo de todo lo que viene de España es constante y hay un sector de la población que eso lo tiene muy interiorizado y llega a expresiones de hostilidad, incluso de odio.

-¿Se puede hablar con una parte que está fuera de la legalidad?

-El error de los independentistas es que se han constituido en sujeto político, como dicen ellos, y quieren situarse en una condición de igualdad con el Gobierno español, tener una relación de bilateralidad. Quieren negociar la independencia y eso ningún Estado se lo va a conceder. Hay que empezar por reformar la Constitución, su artículo 2, que habla de la unidad indivisible de España. Todo eso es previo para negociar lo que llaman el derecho a la autodeterminación, que además no creo que se pueda atribuir a Cataluña. Nadie puede adjudicarse un derecho unilateralmente. El gran problema de los independentistas es tomar decisiones unilaterales creyendo que lo que piense la otra parte da lo mismo.

-¿Qué opina sobre la huida masiva de empresas de Cataluña?

-Todo es una pena, aquí estamos muy preocupados, porque Cataluña había sido, dentro de España, pionera en muchas cosas, y eso ha desaparecido. Es muy triste, antes a Cataluña se la admiraba y ahora se está suicidando, económica y políticamente. No sé lo que nos va a costar recuperar lo que fuimos en otras épocas.

«Es inaceptable que se engañe directamente a la gente»

Camps denuncia los engaños de los dirigentes catalanes, que sitúa en el ámbito de la posverdad.

-¿Quién está ganando la batalla del relato en la opinión pública a escala internacional: los independentistas o el Gobierno?

-La opinión pública ve con cierta simpatía lo que ocurre en Cataluña porque el movimiento ha sido muy cívico y pacífico y eso produce empatía. Y luego ha habido determinadas formas de actuar, como la intervención policial el 1 de octubre, que han sido muy negativas para el Gobierno español. Pero los Gobiernos europeos son contrarios a una Cataluña independiente y eso se acaba transmitiendo también a las opiniones públicas.

-¿Qué opina de la gran cantidad de bulos, falsas noticias y medias verdades que se están lanzando?

-Eso es inaceptable, entra dentro de la posverdad, que no es tanto mentir como decir cosas sin contrastarlas, porque eso funciona y, en todo caso, si la realidad lo desmiente, ya veremos. Por ejemplo, el presidente Artur Mas se cansó de decir que las empresas no se irían de Cataluña y el Gobierno catalán no ha rectificado. El mismo Mas está diciendo ahora que Cataluña no está preparada para la independencia y nunca lo dijo cuando era presidente. Eso es inaceptable, porque es engañar directamente a la gente.

-También se difundieron imágenes que no eran del 1-O y se dijeron falsedades como la de la mujer que mantuvo que le habían roto los dedos.

-Aquí los medios de comunicación pueden hacer más de lo que hacen, lo que sucedió merecería una investigación más a fondo, porque no me parece muy difícil contrastar lo que ocurrió aquel día por la mañana, porque por la tarde ya no pasó nada, y ver si realmente se corresponde con esa percepción de violencia total y en todas partes que se ha dado a la población. Si los medios van dando imágenes, que siempre son las mismas, da la sensación de que fue algo generalizado cuando solo en algunos colegios electorales hubo violencia. Los 900 heridos que dicen que hubo son otra exageración.

«En la escuela se transmite la imagen de Cataluña como algo separado de España»

La catedrática señala que en la escuela, los medios públicos o a través del monolingüismo en la Administración se ha creado el imaginario de ver a Cataluña como algo separado de España.

-¿Hasta qué punto está fracturada la sociedad catalana?

-Hay varios niveles de fractura. Desde el punto de vista político, está totalmente escindida en dos, como se vio los días 6 y 7 de septiembre en el Parlamento catalán. En la sociedad hay temas que preferimos no hablarlos porque son demasiado emotivos. La manifestación del 10 de octubre contra la independencia fue algo insólito en Cataluña, yo no había visto nunca tantas banderas españolas, ni en la época franquista. Me parece positivo que esa parte de la sociedad hable. La gran mayoría de los catalanes han estado muy callados. También los poderes fácticos, como las grandes empresas, podrían haberse pronunciado antes y haber expresado los peligros que tenía seguir la espiral independentista.

-Usted firmó el manifiesto en el que se calificaba el referendo como estafa democrática. ¿Ha sufrido alguna represalia?

-He firmado tres manifiestos y cada vez me han señalado en el periódico de la ciudad donde vivo, Sant Cugat del Vallés. También he recibido algún insulto.

-Los independentistas y Podemos dicen que España está volviendo al franquismo.

-No, no. Si fuera así no habría manifestaciones de protesta por el encarcelamiento de los presidentes de ANC y Òmnium Cultural. Otra cosa es que tanto las cargas del 1 de octubre como los encarcelamientos de estas dos personas sea excesivos y no ayuden a encontrar un entendimiento.

-¿Se adoctrina en las escuelas catalanas?

-Creo que se hace en todas las escuelas españolas, no en el sentido más peyorativo del término, sino en el más aceptable. El hecho de que haya libros de texto distintos para cada autonomía en todas las materias, incluso en Matemáticas, ha provocado que la enseñanza se restrinja a un ámbito muy local y no me parece bueno. En la enseñanza de la Historia siempre hay prejuicios, también en Cataluña. Es verdad que se ha creado un imaginario de ver a Cataluña como algo separado de España, que también está en la escuela, en la televisión pública y en el monolingüismo de la Administración y la escuela, donde la lengua vehicular es solo el catalán. Esa imagen de Cataluña como algo distinto y separado de España sí se transmite en la escuela.

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