Recelos entre PP y PSOE por el 155

El Gobierno está seguro de que no peligra el acuerdo de cara a la votación de mañana en el Senado, aunque ambos partidos se acusan de haber modificado sus posturas

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madrid / la voz

Una de las mejores muestras de la gravedad que entraña el desafío secesionista en Cataluña se encuentra en el pacto alcanzado entre el Gobierno, el PSOE y Ciudadanos para aplicar el artículo 155 de la Constitución, con el que se pretenden devolver a la comunidad autónoma a la legalidad. Cuando el acuerdo entre estos tres partidos no ha cumplido ni dos semanas, y en plena recta final para su votación en el pleno de este viernes en el Senado, el zapato ya aprieta tanto que a cada una de las formaciones políticas les resulta imposible ocultar sus diferencias. No obstante los recelos mutuos, el Gobierno confía en que no habrá problemas y los tres partidos votarán mañana en el Senado a favor de la autorización para aplicar las medidas solicitadas por el Ejecutivo.

Este miércoles volvieron a salir a la luz las desavenencias que vienen percibiéndose desde hace días. La sesión de control al Gobierno arrancó con un enfrentamiento entre la portavoz de los socialistas en la Cámara y el jefe del Ejecutivo. Margarita Robles convirtió su pregunta en un cóctel en el que introdujo los Presupuestos del 2018, el proyecto de reforma territorial y el pacto del 155, todo bien agitado y aliñado con una crítica por la falta de sintonía entre ministros respecto a la respuesta más adecuada en Cataluña. Rajoy, ya de por sí bastante escurridizo, nunca tuvo tan sencillo regatear una cuestión. «No se limite a leer los datos que le dan sus colaboradores», le pidió una insatisfecha Robles. El presidente del Gobierno, con media sonrisa en la boca, le replicó cargado de retranca: «Yo le ruego que lea los datos que le dan los suyos, para evitar intervenciones como la de hoy».

Este fue el primer enfrentamiento entre las dos principales patas que sostienen el acuerdo con el que se pretende reinstaurar la legalidad en Cataluña, pero lo cierto es que a lo largo de la mañana, voces autorizadas de uno y otro partido se acusaron mutuamente de haber variado sus posiciones respecto a lo acordado. El principal punto de desencuentro reside en lo que tendría que suceder para que se paralizase el 155; mientras el PSOE defiende que sería suficiente que Puigdemont convocase unas elecciones que se ajusten a la ley electoral, en el PP sostienen que también sería necesario una rectificación del presidente autonómico sin ambigüedades.

Acusaciones mutuas

Fuentes de la dirección de Génova señalan que esta nueva postura del PSOE es «muy arriesgada», y que tan solo puede explicarse por las presiones internas que está ejerciendo el PSC para que se suavice el mensaje de Ferraz. No obstante, reconocen que «en lo más importante» siguen estando de acuerdo. Así, ven muy difícil que esta falta de sintonía se dispare hasta el punto de que pudieran cambiar el sentido de su votación en el pleno de mañana. Sin embargo, apuntan a que ellos se mantendrán «firmes». La mayoría de la que disfrutan en la Cámara Alta les garantiza sacarla adelante.

Por su parte, fuentes de la ejecutiva del PSOE niegan haber variado su postura en las últimas horas, y señalan que ha sido el Gobierno el que ha endurecido sus exigencias. Apuntan, también, a presiones internas. Sin llegar a ofrecer nombres, consideran que el ala más conservadora de Génova está presente.

En Ciudadanos también hay recelos. Voces autorizadas de la dirección reconocen que quieren elecciones cuanto antes, sin ocultar que celebrarían que fuese Puigdemont el que las convocase. Creen que a la hora de llevar a la práctica el 155 se podrían cometer «torpezas» que acabasen por disparar el voto independentista. Solo exigen un requisito: que se garantice la seguridad en campaña. «No queremos ser acosados en los pueblos».

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