El frente independentista se desmorona

Los vaivenes de Puigdemont generaron un cruce de acusaciones e insultos entre los soberanistas y acabaron provocando anoche la dimisión del consejero Santi Vila

La tensión en Cataluña se cobra sus primeras bajas políticas El consejero de Empresa y Conocimiento, Santi Vila, cesa. No está de acuerdo con que este sea el momento para declarar unilateralmente la independencia. No se va sólo. También dimite Jordi Cuminal, diputado de Junts pel Sí. Del mismo modo que Albert Batalla, alcalde del PDeCat de La Seu d'Urgell. Esquerra también amenaza: si se convocan elecciones, podrían salir del Govern

La Voz en Barcelona

Fueron cinco horas de delirio en las que la supuesta decisión de Puigdemont de convocar elecciones agrietó profundamente el bloque secesionista, que se desmoronó en un instante con cruce de acusaciones, incluso de traición. Finalmente, Carles Puigdemont devolvió la pelota a la Cámara autonómica para que decida qué hacer, tras confirmar que no convoca elecciones al no recibir garantías del Gobierno sobre la no aplicación del 155. Y se desentendió de todo. La primera víctima política de esa postura fue la dimisión anoche del consejero de Empresa, Santi Vila, que había encabezado el sector del Gobierno catalán contrario a una declaración unilateral de independencia.

«He intentado obtener las garantías para hacer estas elecciones, pero esto no ha logrado una respuesta responsable del PP, que ha aprovechado para añadir tensión», justificó el presidente catalán. «Mi deber es agotar todas las vías para encontrar una solución dialogada y pactada para evitar la aplicación del artículo 155», afirmó, y añadió que «no hay ninguna garantía que justifique la convocatoria de unas elecciones. No acepto las medidas del articulo 115 por injustas».

En el Palau le acompañaban algunos miembros de su Gobierno como Jordi Turull, Joaquim Forn y Oriol Junqueras. Eran las cinco de la tarde cuando compareció después de haber anulado la declaración institucional que al mediodía había anunciado para las 13.30 en el Palau, que minutos antes de esa hora pospuso para las 14.30, y que posteriormente suspendió sin más explicación.

Mientras tanto, centenares de personas se concentraban en la plaza de Sant Jaume de Barcelona a la espera de nuevos acontecimientos que se sucedían y variaban el escenario cada cuarto de hora, y en la sede del PDECat, que suspendió la reunión de la ejecutiva nacional prevista para la mañana. Minutos antes de las cinco, en el Parlamento se reunía la junta de portavoces para retrasar el pleno hasta las seis de la tarde.

La expectación era máxima en la Cámara, con una gran presencia de medios de comunicación. El líder del PP, Xavier García Albiol, llegó en el momento justo para asegurar que el PP no aceptaría la enmienda del PSOE que preveía suspender la aplicación del artículo 155 si Puigdemont accedía finalmente a convocar elecciones. Pero aún se dudaba en los corrillos de la Cámara de las consecuencias. Las presiones a Puigdemont llegaban de todos lados, incluidas de los suyos.

Ya por la mañana, diputados del PDECat como Albert Batalla y Jordi Cuminal anunciaron que dejarían el escaño y el partido si el presidente convocaba los comicios. Otros como Joan Ramon Calsals (alcalde de Molins), Neus Lloveras (alcaldesa de Vilanova) y Antonio Castellá se sumaron a ellos. «No daremos la espalda al pueblo», escribió Castellá.

Demòcrates de Catalunya le pidió al presidente de la Generalitat que no convocase elecciones porque, a su entender, «el 155 no puede ser moneda de cambio». «No podemos tomar otra decisión que no sea la de obedecer la voluntad del pueblo de Cataluña expresada el 1 de octubre», insistieron.

Diálogo fracasado

Fuertes fueron también los chantajes de los socios de ERC. Reunida su ejecutiva con Oriol Junqueras al frente, la formación anunció que sus consejeros dejarían el Gobierno si Puigdemont anunciaba elecciones. Incluso afirmaron que confiaban en que el presidente cambiara de opinión, de lo que se deduce que por la mañana esa era su previsión: convocar elecciones anticipadas.

Cuando Puigdemont arrojó finalmente la toalla, los sectores más radicales respiraron aliviados. El presidente les había dejado la puerta abierta para que este viernes puedan aprobar, o al menos intentarlo, la declaración unilateral de independencia. Y esa previsión es lo que llevó a Santi Vila a abandonar, algo con lo que había amagado sistemáticamente en las últimas semanas cada vez que Puigdemont se inclinaba hacia la independencia.

Al acabar el pleno del Parlamento catalán, Vila se reunió con el presidente para comunicarle su decisión de renunciar a la consejería. Y justificó su decisión en un tuit en el que dice que «mis intentos de diálogo nuevamente han fracasado».

La prueba del fracaso de Puigdemont es que por la mañana los irritados eran los del extremo contrario a Vila. La CUP se había quejado de la «deslealtad» y «opacidad» de Junts pel Sí, y denunciaba que ahora «además del enemigo externo, el independentismo tiene uno interno» y exigía que los diputados se posicionen y se haga una lectura solemne de la proclamación de la república.

Último intento de la oposición para que el presidente convoque este viernes las elecciones

«Todavía está a tiempo de volver a la legalidad y convocar elecciones», aseguró Inés Arrimadas durante el pleno del Parlamento catalán, intentando una vez más detener el desafío independentista después de que el portavoz de Junts pel Sí, Lluís Corominas, avanzase: «Mañana [por este viernes] propondremos que la respuesta a esta agresión [artículo 155] sea continuar el mandato del pueblo de Cataluña en el referendo» ilegal del 1 de octubre. Dejó entrever así el contenido que su grupo quiere incluir en las propuestas de resolución que se votarán este viernes, es decir una declaración de independencia.

«Si usted decidiera ir, yo le acompañaría, sabiendo que probablemente su discurso no me gustaría. Pero si quisiera ir al Senado a pedir y ofrecer diálogo político me encontraría a su lado», afirmó Miquel Iceta (PSC). Xavier García Albiol coincidió en hacer un último intento para que Puigdemont comparezca en el pleno del Senado de este viernes y abandone la vía unilateral. «Tiene una última oportunidad», «dé la cara y ponga punto final» a su hoja de ruta independentista. Aunque también insinuó que el presidente catalán le había pedido al Gobierno no aplicar el 155, retirar los agentes desplazados a Cataluña, abandonar la vía judicial, y excarcelar al presidente de la ANC, Jordi Sànchez, y al de Òmnium, Jordi Cuixart.

El secretario general de Podem y diputado de Catalunya Sí Que Es Pot (CSQEP), Albano Dante Fachin, se desmarcó de una declaración unilateral de independencia, porque «difícilmente puede llevar a algún lugar deseado», al igual que Lluís Rabell, quien hizo «una llamada a la responsabilidad».

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