Josep Maria Triginer: «El invento de utilizar el follón para negociar está llegando a su fin»

«Los interesados saben que la declaración de independencia no tiene futuro», asegura el fundador del PSC y artifice del regreso de Tarradellas

.

Barcelona / Enviada Especial

Josep María Triginer (Agramunt, Lérida, 1943) es ingeniero de profesión, pero también de la reciente historia de España. Promotor de la candidatura socialista unitaria de junio de 1977 y fundador del PSC, participó en los Pactos de la Moncloa. Fue uno de los artífices del regreso de Josep Tarradellas a España hace 40 años y miembro de la comisión redactora del Estatuto de 1979. Se retiró de la política activa en 1993, pero sigue en la sombra a Miquel Iceta sin abandonar la chaqueta de pana.

-¿Qué es el derecho a decidir?

-Es inequívoco, que cada persona decida sobre su futuro, pero cuando trasladamos este derecho a un colectivo entonces se verifica que el todo no equivale a la suma de las partes, porque estas pueden ser heterogéneas. No existe el derecho a decidir colectivo.

-¿Ha perdido Puigdemont la legitimidad?

-Desde un punto de vista jurídico, sí, pero no soy jurista, por lo que diría que solo se pierde cuando te la niegan aquellas personas a las que representas.

-¿Qué opina de la declaración unilateral de independencia?

-No tiene futuro. Ellos, los interesados, lo saben. Uno de los problemas de Cataluña es que quiere negociar de igual a igual con el Estado, cuando su poder es menor, y el invento que hasta ahora ha funcionado de armarla gorda para discutir, eso de utilizar el follón para negociar, está llegando a su fin. Solo funciona cuando el Estado está dirigido por aquellos que creen que lo que es de todos no es de nadie.

-¿Se equivoca el catalanismo al reclamar la soberanía?

-Sí, se equivoca. El problema del independentismo no es conseguirlo, el problema es el día siguiente, cómo gestionan un país sin relaciones exteriores, sin ser reconocido y sin la posibilidad de ir al país vecino porque te pueden decir que eres un indocumentado, salvo que lleves el pasaporte de España, y entonces ya eres español.

-¿El procés ha diluido las ideologías?

-Ya se diluyeron en los años sesenta. Los teóricos de entonces decían que se habían diluido salvo que los objetivos fueran concretos. En la clandestinidad se hablaba de unir a los catalanistas, desde Convergència al PSUC, y el lenguaje político era criptográfico. Lo único que unía a la gente era la oposición al régimen. Lo importante es lo que vas a hacer, y ahora los partidos no tienen proyecto.

-¿Cómo se explica esa unión de Convergència con ERC y la CUP?

-ERC nació a consecuencia de que Josep Tarradellas pidió a su amigo Heribert Barrera que organizase un partido republicano, pero no tenía espacio político. Entonces, con Carod Rovira empezaron a elaborar tesis independentistas para ser distintos del PSOE y de CDC. Después, con un Artur Mas queriendo negociar puntos, se pasó a un proceso de derecho a decidir, a un derecho a ser independiente ,y se mezcló con el derecho a la democracia. Al final parece que el 1-O se votaba si eras demócrata o no. En fin, debates que no conducen a ninguna parte.

-¿Qué razones llevaron al catalanismo al independentismo?

-La gente en época de incertidumbre fuerte se sitúa a la defensiva del entorno como mecanismo de supervivencia. En otros lugares se llama yihadismo. Pero la crisis de ahora acentuó los nacionalismos. Además de un catalanismo hay un nacionalismo castellano, representado por el PP, que estúpidamente pretende convencer de que lo mejor del mundo es ser castellano. Para un catalán, Castilla no tiene nada que sea motivo de orgullo. Ahora bien, el nacionalismo ha roto el modelo de convivencia porque se ha extremado por unos y otros.

-¿Qué opina de la aplicación del 155?

-No había más remedio. La escisión de España entre la cultura catalana y la castellana se ha consumado, da igual que sea por una razón u otra, elecciones o el 155. Eso afecta al cogollo de un Estado como el español, porque el 50 % de la ciudadanía enfrentada no tiene futuro.

«“¿Quién manda en España?”. “El rey”, le dije»

Triginer describe la transición como «un pacto entre el rey, EE. UU. el PSOE y la socialdemocracia europea», en el que «el PCE se bajó los pantalones para formar parte de él» y del que el PSOE se aprovechó evitando el excesivo protagonismo de los comunistas y que la posición fuera demasiado austera en el gasto salarial.

-¿Cómo se gestó el regreso de Tarradellas?

-Tras ganar las elecciones en Cataluña los socialistas (PSC y Federación Socialista de Cataluña), Joan Raventós y yo hablamos con Suárez y con el rey y les pedimos que volviera Tarradellas. Antes me había visto con Tarradellas en Francia y me había hecho llegar un acuerdo con el Consejo de Fuerzas Políticas de Cataluña (partidos catalanistas) que pretendía que la política catalana la llevaran a cabo esas fuerzas y que nosotros quedásemos excluidos. Mi propósito fue cargarme el Consejo, porque Tarradellas creía que la política catalana debía ser compartida por todas las fuerzas políticas catalanas. Tarradellas me hizo llegar el acuerdo de que el futuro Gobierno de la Generalitat incluyese a todas las fuerzas que hubieran sacado representación parlamentaria. Entonces pensé que él podía ser mi aliado. Nos entrevistamos en Francia y me preguntó: «¿Quién manda en Madrid?». «¿Que quién manda?, el rey», le dije. «¿Seguro?», insistió. Y le repetí que sí y le expliqué por qué lo creía. Entonces me contó que esta pregunta se la hacía a todo el mundo que lo visitaba y nadie le decía nada. Se dio cuenta de que yo sabía qué pasaba políticamente.

-¿Cómo volvió a Madrid?

-Cuando Suárez le pidió a Tarradellas que fuera a Madrid, le ofrecieron presidir una mancomunidad de municipios y dijo que no. Pidió una entrevista con el rey Juan Carlos y cuando se vieron Tarradellas le dijo al rey: «Majestad, tiene la oportunidad de declarar legal una institución democrática desde hace siglos y monárquica y presumir de que un republicano se ha puesto a sus órdenes». Y el rey aceptó, porque si no hace esto seguiría siendo el sucesor de Franco.

-Fue el muñidor del regreso: ¿por qué no estuvo en el balcón con el president hace 40 años?

-Lo que me interesaba ya lo había conseguido y estuve en el Palau, pero no en el balcón. Para mí era un día normal y lo único que ansiaba era una entrevista con Tarradellas para poner el Gobierno en marcha. Los temas se debatieron en París con él y con Joan Raventós, y en Perpiñán, con las fuerzas de Cataluña.

-¿Tarradellas nunca fue independentista?

-Nunca, y, es más, fue miembro del Congreso de los Diputados.

«El PSC podría ser parte de la solución si tuviera un proyecto claro»

Entiende este fundador del PSC que los problemas en el partido son menores. «Algunos alcaldes se irán, pero toda la situación política es precaria, no solo en España. Estados Unidos tendría que marcar la pauta del desarrollo económico y no está en condiciones».

-¿Puede aportar una solución a Cataluña el PSC?

-El PSC no está involucrado, podía ser parte de la solución si tuviera un proyecto claro para sustituir la confrontación de sentimientos por alternativas políticas concretas. Y no lo tiene. Nadie tiene ese proyecto. Ha tenido que ser el rey en Oviedo el que dijera que España es un Estado democrático, social y de derecho, como recoge el artículo primero de la Constitución, pero hay mucho político que no se la ha leído.

-¿Con quién coincide más, con Montilla o con Iceta?

-No estoy de acuerdo con Iceta ni con la política del PSOE. Cuando hice la unidad de los socialistas catalanes, le dije a Joan Raventós: nos queda una semana para tomar decisiones. Charlamos con Felipe [González] y, siendo primer secretario de la federación del PSOE, promoví la unidad, aunque es obra de todos.

-¿Cuál era el objetivo?

-Que PSOE y PSC pudiéramos hacer de clase dirigente de Cataluña y asumir esa función con un proyecto político claro, porque hasta entonces estaba limitado a lograr la democracia. Es conectada con la sociedad como la clase dirigente puede hacer proyectos de futuro. Ahora nadie está implicado. Aquí no existe cultura política. En Cataluña, la burguesía hizo la Escuela Industrial, el canal de Urgel... pensando en el desarrollo. En España no hay plan de futuro, se limitan a resolver lo cotidiano.

Valora este artículo

1 votos
Comentarios

Josep Maria Triginer: «El invento de utilizar el follón para negociar está llegando a su fin»