Fernando Savater: «Los encarcelamientos de Junqueras y los consejeros han sido mano de santo»

El filósofo denuncia el separatismo, contra el que, dice, hay que librar un «combate moral y político a vida o muerte»

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Ha elegido la forma del panfleto para denunciar a los que pretenden acabar con el Estado de Derecho y robar la soberanía nacional a los ciudadanos libres e iguales a los que les pertenece. Profesor de Filosofía durante más de 30 años, con más de cincuenta obras a sus espaldas, activista contra la violencia etarra, fundador de UPyD, Fernando Savater (San Sebastián, 1947) ha roto el silencio literario en el que le sumió la muerte de su esposa para escribir Contra el separatismo (Ariel).

-¿Cómo valora las declaraciones de Marta Rovira, que dijo que el Gobierno los había amenazado con muertos en las calles si no paraban la independencia?

-Me parecen una idiotez, que no es la primera ni será última que estamos oyendo, por desgracia. Aunque estoy seguro de que el Gobierno no se lo dijo así, se lo digo yo, tengan cuidado con lo que hacen, porque estas cosas suelen acabar mal. Se empieza por crear discordias civiles y se acaba muy mal. En 1934 pasó algo así y en 1936 estábamos en guerra.

-Distingue en el libro entre nacionalismo y separatismo.

-El nacionalismo tiene muchos grados. Puede llamarse patriotismo, amor al país, a la tierra, en general sentir los colores, nos pasa a todos, por ejemplo en San Sebastián nos llaman a gente como yo ñoñostiarras. Todos llevamos un nacionalista dentro que nos sale en ocasiones. Pero cuando se llega a considerar que los demás son inferiores, es algo muy diferente. En el siglo pasado hubo dos guerras mundiales inspiradas por el nacionalismo. El separatismo es llevar el nacionalismo a la destrucción del Estado de derecho y la democracia. Eso es muy grave, y puede acabar como teme la señora Rovira.

-¿Cómo valora la aplicación del artículo 155 de la Constitución?

-Se ha aplicado con algodones, como vimos el día de la huelga, que en realidad era un motín, cuando los Mossos dirigidos por el ministerio de Interior hicieron menos que con Trapero. Pero cuando el Estado pone los remedios que están en las leyes las cosas nunca empeoran, sino que mejoran, y se lo digo por la experiencia del País Vasco, donde se decía que cuando se encarcelara a la mesa de HB el país ardería por los cuatro costados, pero no ardió nada y a los dos años ETA dejó de matar.

-¿Qué le parece que se hayan convocado tan rápidamente las elecciones?

-Un error. Veo que las cosas de aquí al 21 de diciembre no van a cambiar. Sobre todo las que son las causas de lo que está pasando, el monopolio sectario de la educación y el control de los medios de información como TV3. Siguen funcionando exactamente igual. Teniendo las mismas causas es muy difícil que cambien los efectos. Habría que dar por lo menos seis meses para que la gente se acostumbrara a que hay otra forma de gobernar, informar y educar, porque hay muchos que sin sentirse nacionalistas consideran que el nacionalismo es el clima normal en el que hay que vivir, como pasaba en el País Vasco.

-Pero las últimas encuestas prevén que los secesionistas pueden perder la mayoría absoluta.

-Sinceramente veo demasiado esperanzados a los que piensan que los constitucionalistas pueden ganar. Aunque celebrar elecciones a las que se presentan los partidos independentistas ya es un triunfo, porque son autonómicas.

-La llave de gobierno la puede tener En Comú Podem. ¿Qué le parece?

-Los nacionalistas son peligrosos, como estamos viendo, capaces de llevar a despeñarse una región próspera, sensata, glamurosa como ha sido Cataluña. Pero creo que a la larga son más peligrosos los populismos destructivos de la estructura democrática, como en el fondo es Podemos. Esos están al acecho, a los nacionalistas los han lanzado adelante para que hagan el ruido y el trabajo sucio y detrás, con las grietas que abran, van a poner la dinamita.

-También desmitifica esas reiteradas llamadas al diálogo como la solución del tema catalán.

-En los últimos cinco años no se ha hecho otra cosa que dialogar. El Gobierno no ha estado enviando tanques ni matando gente por las calles como teme la señora Rovira. El diálogo está bien en unas condiciones determinadas, pero no en el momento en que se está incumpliendo la ley y desafiando al Estado en la calle. Con Tejero no dialogó nadie.

-Sostiene que el derecho a decidir corresponde a todos los ciudadanos españoles.

-No sé por qué dicen que no lo hay, lo tenemos todos. Yo soy ciudadano de España y eso quiere decir que tengo derecho a decidir en España, no en Francia. El derecho a decidir es lo que marca la ciudadanía en un país. Pero nadie tiene derecho a decidir quién decide y quién no.

-Hay otra declaración que ha llamado la atención, la de la expresidenta del Parlamento catalán Nuria de Gispert, pidiendo a Inés Arrimadas que se vaya a Cádiz.

-Es preocupante que una señora de esa calidad política y moral haya llegado a presidenta. Pero esas declaraciones son particularmente interesantes porque le dice que se vaya, pero lo que no entienden los separatistas es que en Cádiz tienen tanto derecho a decidir sobre el futuro de Cataluña como en Lugo o Tarragona.

-Critica a los intelectuales que no son nacionalistas, pero no han tomado partido con Cataluña.

-Lo primero es que no todos los intelectuales tienen opiniones dignas de ser escuchadas, la mayoría tienen inteligencia para hacer su novelita o su peliculita, pero no van mucho más allá. Pero es cierto que ha faltado sentido cívico y valentía. Los intelectuales somos como las putas, vivimos de gustar, y algunos no quieren perder clientela.

-¿Sería mejor una campaña electoral sin políticos en la cárcel?

-El encarcelamiento de Oriol Junqueras y los demás consejeros, que se consideró imprudente por la gente imprudente, ha sido mano de santo. Se ha visto que la cárcel es un elemento pedagógico importantísimo. En una democracia ir contra la democracia, como hacen los separatistas, es un agravante, no un atenuante. Con las medidas legales se les dice no sigan ustedes por ahí.

«Los rusos han contado muchas trolas, pero también lo ha hecho media Europa»

Savater considera que Rajoy «se lo ha tomado con demasiada calma y tiene tendencia a pensar que las cosas se resuelven solas, que el tiempo lo resuelve todo, y en este caso el tiempo lo ha ido empeorando todo en Cataluña».

-¿Qué opina de la injerencia rusa en Cataluña?

-No creo que Rusia tenga tanto poder para cambiar la mentalidad de los votantes norteamericanos o británicos, aunque es verdad que la falsificación de noticias enturbia. Pero eso no es solo cosa de los rusos porque mira que no hemos visto tonterías en Europa sobre el asunto catalán, parece mentira que gente que vive tan cerca desconozca totalmente lo que ocurre en España, a la que tratan como si fuera un país centroafricano misterioso. Es verdad que los rusos han contado muchas trolas, pero también media Europa.

-Es como si tuvieran nostalgia del franquismo.

-Completamente, porque cosas como el fascismo o el franquismo simplifican el mundo. Si uno divide en malos, los fascistas, y buenos, los demás, el mundo adquiere una sencillez tremenda.

-¿Qué opina de Puigdemont?

-Es muy fácil de caricaturizar, pero eso solo produce risas. Es un personaje que está convencido de lo que hace, pero también actúa empujado por las circunstancias. Pero hay algo revelador. Cuando entrevistaron a los padres rumanos de su mujer, estos dijeron que el problema es que los catalanes son más ricos y no quieren dar más dinero a los españoles. Eso se lo debió contar su yerno. Quizá esas sean sus ideas, que no dirá nunca en público.

-¿Hay posibilidades de que en Cataluña surja un Urkullu?

-Sería muy bueno. Pero es que en el País Vasco ya tienen el concierto económico y hay gente que dice despacio, no vayamos a perder lo que tenemos. En el País Vasco es más fácil ser sensato porque ya tienen la mitad de lo que querían.

-Se ha criticado mucho la actuación policial en el 1-O. Usted no lo ve así.

-La policía en Europa reparte estopa sin miramientos. La policía no es una oenegé y está para imponer el orden. Si hay gente que está participando en una consulta ilegal, ocupando edificios contra la orden explícita judicial, obstaculizando la actuación policial, no hay otro mecanismo que emplear la coacción, y está bien que se haga. Lo que estuvo mal es no hacerlo el día de la huelga y dejar que unos bárbaros cortaran la vía del tren o impidieran que los enfermos llegaran a los hospitales. Para mí, eso es lo intolerable.

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