La táctica del PP de Albiol para revertir las encuestas

Puigdemont muestra su disposición participar en los debates televisivos con un holograma

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Madrid

A menos de un mes para que se celebren las elecciones en Cataluña convocadas por el Ejecutivo central bajo el paraguas del artículo 155 tras haber cesado al gobierno, las siete formaciones que lograrán representación en el Parlamento autonómico afilan sus cuchillos para una campaña realmente peculiar.

Hasta aquí han llegado divididos en dos bloques perfectamente definidos, una fractura que se ha trasladado a la sociedad a la que representan, pero desde la convocatoria electoral sus hasta ahora aliados también han empezado a ser rivales. Son plenamente conscientes de que a estas alturas los catalanes tienen claro si votarán independentismo o constitucionalismo, lo que se traduce en que el único baile de votos posible será entre partidos o listas amigos.

De este modo, aunque de puertas para fuera el enemigo para los independentistas serán los impulsores del 155, en realidad los rivales con los que tendrán que pelear el voto serán sus compañeros favorables a la autodeterminación. Lo mismo en el otro frente. La campaña de los constitucionalistas estará centrada en señalar la situación en la que ha quedado Cataluña tras la huida hacia adelante de su anterior Gobierno, aunque los pellizcos entre Ciudadanos, PP y PSC para mostrarse como la mejor opción, serán constantes. Y probablemente, a medida que se acerque el jueves 21, cada vez más intensos. En un escenario tan polarizado, los comunes de Ada Colau y Podemos, que se han destacado por su mensaje ambiguo, corren el peligro de quedarse en medio de las dos trincheras sin garantías de pescar votos de ningún lado.

Además del contexto del 155, de que hay un candidato huido de la Justicia española y otro en prisión, las elecciones son extraordinarias porque, aunque son autonómicas, su resultado incidirá de manera desproporcionada en el resto del Estado. De este modo, y con tantas cosas en juego, se augura que se registre la mayor participación de la historia. Los datos que manejan los partidos se mueven entre el 80 y el 83% de participación.

Algunos votarán con el corazón, otros con la tripas, pero muchos de los que tradicionalmente pasan de las urnas, esta vez se verán obligados a agarrar una papeleta por cuestiones prácticas, en busca de cortar la inestabilidad política y la sangría económica que afecta a la comunidad desde el estallido del desafío secesionista. Aquí está la gran esperanza a la que se aferran los dirigentes del PP en Cataluña.

En un acto privado para periodistas celebrado este jueves en Madrid, el candidato popular Xavier García Albiol compartió sus expectativas de cara a estos comicios en los que apuesta por el triunfo del bloque constitucionalista. «Los independentistas ya votaron todos en el 2015», dice. Confía en que un pequeño porcentaje de desengañados con todas las mentiras del llamado Procés esta ocasión se queden en casa, por lo que calcula que podrían perder un pequeño porcentaje de voto, «pero muy pequeño», remarca, porque el independentismo se ha convertido en «algo místico, casi religioso», que ya no atiende a muchas razones.

Otra de las esperanzas con las que cuenta Albiol es el voto oculto. Defiende que históricamente siempre les ha beneficiado.«Entre el 25 y el 30% de los catalanes a los que se les consulta por teléfono y que garantizan que van a votar, esconden su opción favorita». Para reforzar esto, doblarán las acciones de mailing en algunas zonas, enviando papeletas a las casas de los inscritos en el censo para que lleguen a los colegios con el sobre preparado.

García Albiol apuesta que su partido revertirá los malos resultados que les otorgan las encuestas, ya que los sondeos que manejan en clave interna les conceden mejores números y siempre tiene un buen sprint final. Confía incluso en obtener más votos que en el 2015. No descarta superar en diputados a los comunes. Para ello utilizarán la figura de Rajoy, que acudirá al menos en cuatro ocasiones a actos de campaña (2, 8, 13 y 17). También a otros miembros del Gobierno y a presidentes autonómicos. Tal y como avanzó este periódico, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, ya tiene cerradas dos fechas.

Una de las lecturas que dejó ayer fue que considera bastante probable que los comicios tengan que volver a celebrarse dentro de seis meses, justificando esta tesis por el choque que puede producirse entre los intereses del PSC y los del PSOE. Si ERC renuncia a la DUI, al PSC le va a servir para apoyarles, y aquí puede estallar el PSOE. Muchos barones territoriales no aprobarían esto, por lo que puede que no acabe por germinar este pacto y, con el papel clave que jugarán los socialistas como llave, haya que volver a celebrar un nuevo proceso electoral ante la imposibilidad de investir a un presidente autonómico. Albiol aseguró que prefería este escenario con no la reedición de un nuevo tripartito con ERC al frente.

El cabeza de lista también mostró su desagrado por el gran número de debates entre los candidatos que están planteados para la campaña. Al menos hay seis propuestas con invitaciones para cada uno de las siete fuerzas principales.

Por cierto, según confesó ayer a sus círculos más cercanos, el expresidente Carles Puigdemont ya ha mostrado su intención en participar en los mismos desde Bruselas; en versión holograma.  

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