Miquel Iceta: «Sin diálogo y sin tender puentes no se podrá gobernar Cataluña a partir del 22»

Pese a las críticas, el candidato del PSC insiste en que habrá que «contemplar propuestas» como la del indulto para superar las fracturas

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La Voz en BARCELONA

El candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat, Miquel Iceta, no desiste de repetir que la solución al desafío independentista pasa por «volver a la senda del diálogo, la negociación y el pacto que caracterizó a Cataluña». A los desencantados con el procés les ofrecería «una tercera vía, para devolver el protagonismo a la economía catalana como motor de la española». Y considera urgente «una nueva financiación y mejores infraestructuras, y activar una reforma constitucional para que Cataluña se sienta reconocida».

-¿Es esta una campaña atípica con casi el único duelo independentistas/ constitucionalistas?

-Intentamos que se hable de políticas sociales y para eso hemos presentado un plan de choque muy ambicioso para reducir desigualdades y, por ejemplo, que casi 100.000 niños que lo necesitan tengan beca comedor, o crear 80.000 plazas de escuela infantil 0-3 años. Pero, desgraciadamente, es una campaña muy polarizada porque se ha llegado a ella después de meses de que desde el Gobierno de la Generalitat se hayan forzado mucho las cosas y se haya presentado a la sociedad catalana dividida por mitades. Ellos, nosotros, los nuestros, los otros, los de la democracia y los del 155… Queremos romper esa dinámica. Sin diálogo y sin tejer puentes no se podrá gobernar Cataluña a partir del 22 de diciembre.

-Presenta su candidatura como transversal, ¿está dispuesto a integrar voluntades tan lejanas de la izquierda como las de C’s y PP?

-Hemos manifestado la transversalidad y la necesidad de integrar diferentes opiniones ya desde nuestra lista electoral, en que quedan incluidos como independientes dirigentes de la antigua Unió Democràtica, hoy Units per Avançar, como Ramon Espadaler, o como el ex fiscal jefe de Cataluña, Carlos Jiménez Villarejo, que fue cabeza de lista de Podemos para las elecciones europeas del 2014 y representa posiciones más a la izquierda que el PSC. Hemos puesto de acuerdo a personas tan diferentes porque queremos lanzar el mensaje que, después de estos años de camino a ninguna parte, el espíritu de reconciliación tendrá que imponerse. Hay que abandonar los frentes y hacer un Gobierno para todos los catalanes.

-Para ser presidente necesitará apoyos, ¿cuál es su límite para negociar con independentistas, PP, C’s y los comunes?

-No haremos presidente a ningún independentista. Ni a Puigdemont ni a Junqueras, ni tampoco a nadie entre las filas de sus partidos, porque son responsables de la situación en la que hoy nos encontramos. Ellos han sido parte del problema y ahora no pueden ser la solución. Tampoco estaremos por perpetuar políticas de frentes, pero a la inversa, porque estamos convencidos que no tiene que haber espíritu de revancha. El PP tiene mucha responsabilidad en lo que ha pasado, ha estado cinco años sin proponer nada para evitar esta situación, y Ciudadanos, que dice que no votarles a ellos es tirar el voto a la basura, no tienen una propuesta para Cataluña. A partir del 22 de diciembre necesitamos reconciliar a los catalanes y poner al país a trabajar para su gente. De tanto hablar de Cataluña se nos ha olvidado hablar de los catalanes.

-Ha dicho que no haría presidenta ni a Arrimadas ni a un independentista. Si los números no dan, ¿es preferible repetir las elecciones?

-Intentaré por todos los medios que esa situación no se produzca, sería tanto como decirle a la gente ‘volved a votar, a ver si ahora lo hacéis mejor’. Tenemos que ser capaces de traducir el mandato de las urnas al Parlamento, saber articular una mayoría que desbloquee la situación con un programa de gobierno claro. Y creo que yo voy a poder sumar esos apoyos transversales

-¿Cuál es el propósito de su propuesta de indultar a los implicados en el «procés»? ¿No cree que esto les puede hacer sentirse inmunes y volver a intentarlo?

-Si en el futuro queremos superar la fractura política y social en Cataluña, quizás sea conveniente contemplar propuestas como esta.

-A usted no le gustó la aplicación del artículo 155, pero ¿cómo la calificaría? ¿Ha tenido cosas positivas?

-Luché hasta el último momento para evitar la aplicación del artículo 155 de la Constitución, por eso lo viví como un fracaso político. Unas elecciones convocadas por Puigdemont, como se planteó hacer inicialmente, hubieran sido un escenario mucho mejor. La buena noticia es que la injerencia por parte del Gobierno de España en su aplicación está siendo mínima, casi todos los altos cargos nombrados por Puigdemont y Junqueras siguen en sus puestos y ejerciendo en su día a día sin problemas. Mínimo también es su tiempo de vigencia. Se convocaron las elecciones tan pronto como se pudo y la prueba de ello es que se celebrarán en día laborable.

-Usted busca que le apoye En Comú Podem, ¿qué opina del recurso de Podemos ante el Tribunal Constitucional sobre el 155?

-Quizás sea una buena oportunidad para que el Constitucional siente doctrina sobre el tema.

«La idea de la quita de la deuda no fue mía, sino de Montoro»

Miquel Iceta admite que «hay un problema de pluralidad en los medios de comunicación públicos en Cataluña», pero considera que «no hubiese solucionado nada cambiar la dirección, por ejemplo, por cincuenta y pocos días».

-¿Por qué han saltado comunidades y partidos frente a su propuesta de quita de la deuda?

-Porque hay un debate por resolver. La propuesta de la quita no es mía, fue del ministro Montoro y, como dijo la portavoz del Gobierno de Castilla y León, ‘si hay quitas, que sean para todos’. Estoy totalmente de acuerdo. Hay un problema evidente con la financiación de las comunidades, y habría que abrir cuanto antes un debate sereno y transparente.

-En las últimas elecciones la participación fue elevada, ¿confían más para ganar en aumentarla o en convencer a los dudosos?

-En las dos cosas: que vaya mucha gente a votar y que mayoritariamente lo hagan por el PSC, la única candidatura que puede sumar apoyos si los independentistas no tienen mayoría absoluta. Las encuestas nos dicen también que hay un millón de indecisos todavía, así que hay camino por recorrer. No solo recuperamos voto por primera vez desde 1999, sino que lo ganamos también entre el catalanismo no independentista que teme al PP y a C’s, que no quiere la independencia pero tampoco retroceder en autogobierno ni financiación.

-¿La escuela catalana adoctrina?

-No. El que dijo que quería españolizar a los niños catalanes era un ministro del PP. Se puede ser crítico sin hacer una enmienda a la totalidad al sistema, no vamos a entrar por ahí, como sí quieren hacer PP o C’s. Hay aspectos que mejorar, pero tienen más que ver con el apoyo a los maestros.

El escolta que quiere ser capitán

s. carreira

En 1978, recién iniciada la universidad, «la política me secuestró», recuerda, y hasta hoy. Comienza una carrera tradicional (concejal en Cornellá en 1987), pero su relación con Narcís Serra lo lleva en volandas a Madrid, como director de análisis del gabinete de la Presidencia del Gobierno. Más tarde será escudero de Borrell y en 1999 vuelve a Cataluña, al Parlamento, donde ejerce de portavoz. Se convierte en hombre de confianza de Montilla (fue ponente de la reforma del Estatuto) y en el 2014, cuando muchos lo consideran en retirada, se pone al frente de un deshecho PSC. Y disfruta: «Cuando fui candidato en el 2015, con las encuestas fatal, yo disfruté. Toda la vida negándome por algún tipo de complejo.... y lo disfruté un montón».

La resurrección de Miquel Iceta se explica por la peculiar situación que vive Cataluña. Bajo el ala del PSC ha sabido acoger a los huérfanos de voto: nacionalistas de corazón no independentistas, y con cierta edad. Presume que solo él puede llevar en la misma papeleta a Jiménez Villarejo y Ramon Espadaler. Con este, heredero de Durán Lleida y católico ortodoxo, bromea Iceta: «Le digo ‘Fíjate Ramon, para purgar tus pecados ahora trabajarás para que un gay sea presidente’. Se lo toma con humor». De eso le sobra a Iceta, que ejerce de hombre sencillo con cierta indolencia natural («mi tata me decía que no jugaba por no recoger»), amante de los gatos y niño de buena familia.

En 1999 sale del armario, aunque como en su entorno no era secreto, él, con su elegante ingenio, prefiere decir que bajó «de la vitrina». Teme que su sexualidad lo ocupe todo («en mi lápida pondrá: era gay y bailó») porque ahora no para de hacerlo. «Adónde voy me piden que baile y si no lo hago, me preguntan ‘¿qué te hemos hecho?’». E Iceta, que para eso lleva treinta años de supervivencia en el PSC, baila.

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