El tsunami del 21D llegará hasta Madrid

La tensión PP-Ciudadanos puede desestabilizar la legislatura

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A seis días de las elecciones más excéntricas de la democracia, el oráculo de los sondeos se cierra oficialmente sin que se atisbe fórmula de Gobierno posible en Cataluña. Si el independentismo no alcanza la mayoría absoluta, y parece difícil que lo logre, la única duda es saber si los comunes de Colau e Iglesias se harán el haraquiri permitiendo otros cuatro años de procés. Todo lo que no sea eso conduce a unas nuevas elecciones que, por la vía del 155, dejarían el inquietante paisaje de una Cataluña presidida por Mariano Rajoy como mínimo hasta junio.

Podría darse sin embargo la paradoja de que estos comicios resultaran inútiles para encontrar una salida al laberinto catalán, pero tuvieran enorme influencia en la política nacional. El efecto más obvio es la proyección que estas elecciones suponen para Ciudadanos. Gane o no en votos, y consiga o no Arrimadas ser la primera presidenta de la Generalitat, el partido de Rivera saldrá del 21D con el marchamo de una fuerza que aspira a gobernar en España disputándole el liderazgo del centro derecha al PP. En ese nicho electoral, el discurso sin complejos ni dobleces de los naranjas empieza a calar en toda España a la misma velocidad a la que el de los populares se hace viejo. Quizá, como le recuerda a La Voz el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, con la excepción de Galicia, en donde el motor naranja no arranca. Y habrá que ver qué pasa en el País Vasco.

Horizonte de adelanto electoral

Defendiendo casi lo mismo en Cataluña, a muchos lo de Ciudadanos les suena renovador y lo del PP, caduco. El fiasco de García Albiol conducirá a un cambio de liderazgo y de discurso en el PP catalán, el enésimo, pero es también un serio aviso que puede reforzar una operación renove en la cúpula nacional popular que vaya más allá de limpiar el polvo a las vicesecretarías. En el PP hay ya voces que piden enseñar los dientes a Rivera en su terreno si no quieren acabar devorados por él. Esa tensión, y la expectativa de crecimiento de Ciudadanos, podrían acabar en un deterioro de la relación entre naranjas y populares que desestabilice la legislatura.

Y si se constata que el bloque constitucionalista al final no suma, el buenrrollismo de estos últimos días entre el PP y el PSOE durará poco. En Génova se están mordiendo la lengua para no saltar a la yugular del socialista Iceta, y por extensión de Pedro Sánchez, por unas propuestas que, a su juicio, hacen el juego al independentismo. Y, al revés, muchos en el PSOE ven en esta campaña la repetición del fracasado frente antinacionalista de Mayor Oreja y Redondo Terreros en el asalto a la presidencia del País Vasco y exigen tomar distancia de inmediato con los populares para no dar bazas en las generales a Podemos, que va a salir también muy tocado de estas elecciones en Cataluña.

En esos términos, con la relación entre el PP y Ciudadanos deteriorada y con Rajoy sin posibilidad de alcanzar acuerdo alguno con el PSOE, no habría que descartar que, además de repetir las catalanas, haya también que adelantar las generales.

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