Ángel Castiñeira: «No queda otra que negociar o habrá una guerra fría de larga intensidad»

«Soy una persona decepcionada que llegó a la independencia no por convicción, sino por el cierre de otras opciones»

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Ángel Castiñeira (Muros, 1959) es director de la cátedra de Liderazgos y Gobernanza Democrática en Esade, exmiembro del Consejo Asesor para la Transición Nacional y candidato en la lista de Junts per Catalunya, además de filósofo. Llegó con su familia a Barcelona cuando tenía poco más de un año. En cuestiones culinarias mantiene apego al albariño y al pulpo á feira.

-¿Cuál fue su proceso de identificación con el independentismo?

-Recuerdo como dijo una vez Montilla 'yo soy un catalán nacido en Andalucía', y creo que es mi caso. En mi casa se hablaba gallego, en la calle, en catalán, y en la escuela, en castellano. El proceso de identificación tiene que ver con factores dónde te socializas, qué historias compartes, qué hábitos tienes, qué fiestas celebras, rituales… Hay elementos que comparto con Galicia, pero hoy me identifico con la escudella y mañana mi madre me hará caldo gallego.

-¿Cuál fue su papel en el Consejo Asesor para la Transición?

-Contribuimos a la redacción de 18 informes económicos, jurídicos, históricos, politológicos, de infraestructuras, de seguridad, el proceso ordenado del referendo...

-Pero se saltaron el Estatuto y la Constitución.

-Así lo entienden parte de los jueces. Yo no formo parte de ningún partido ni del Gobierno de la Generalitat. El referendo se interpretaba que respondía al proyecto electoral, y a una petición popular.

-Pero era ilegal.

-Sobre esto hay dos interpretaciones: una muy estricta de la negación del Gobierno español, y otra, la lectura catalana que consideraba que había legitimidad para realizarlo.

-Y aun así va en la lista de Junts.

-Voy por una cuestión de apoyo moral más que práctico. He sido siempre independiente, pero por la gravedad del momento, desde el mundo de la academia… era un compromiso con el presidente de mi país y me lo pidió Puigdemont.

-Si ganan ¿apuestan por el diálogo o por la DUI?

-Mi opinión, sin contrastarla con el partido ni con Puigdemont, es que ese Gobierno trasladará a la opinión pública española y europea que por muchas cargas policiales que haya y por muchos encarcelamientos el problema continuará. El problema es transversal, interclasista e intergeneracional. Ahora bien, forzosamente no queda otra que negociar a pesar de que no guste. Si no hay pactos, habrá una guerra fría de larga intensidad. Si no hay aceptación del problema es difícil solucionarlo.

-Marta Rovira y Artur Mas han reconocido que no se estaban preparados para la independencia.

-Es difícil decir cuándo se está. Apelando al Consejo Asesor de la Transición, pocos procesos como este habían sido tan pensados. De manera rotunda, para unas cosas sí se estaba preparado, para otras, no.

-Ni la economía lo respaldó, ni hubo reconocimiento extranjero.

-Para la economía estábamos perfectamente desarrollados. Había un informe del impacto comercial, y aunque se fueran empresas y bancos, otros vendrían, porque muchas empresas no pueden prescindir del ámbito del mercado catalán. El reconocimiento extranjero es importante, pero lo importante era que se produjera a partir del primer semestre del 2018.

-Solo un 21 % quieren seguir con el «procés» ¿ y usted?

-Sí claro. Quien piense que el procés es flor de un día, se equivoca. Quienes han pasado de nacionalistas a soberanistas no darán marcha atrás. Si este colectivo decide por razones estratégicas darle un ritmo distinto, eso es otra cosa. El Gobierno tiene muchos relojes, pero el tiempo lo van a controlar los catalanes. Y un traspié no significa la derrota.

-¿Harían presidente a Junqueras si gana ERC?

-ERC y PDECat concurren por separado, eso implica competencia, pero no he visto tensión. Si hubiera victoria del soberanismo, se trataría de restaurar el Gobierno y después rehacerlo para ajustarlo a los resultados.

-¿Qué solución ve?

-Un federalismo asimétrico. Soy una persona decepcionada que llegó a la independencia no por convicción, sino por el cierre de otras opciones. No se ha hallado encaje a Cataluña.

-¿Ayudaría una reforma de la Constitución?

-No tengo claro que fuera deseable una reforma de la Constitución y que las consecuencias no fueran peores para Cataluña, que pide un reconocimiento como nación.

«Junqueras es el anti líder y Arrimadas está más capacitada que Albiol, pero es la marioneta de Rivera»

Como experto en liderazgo, Ángel Castiñeira considera que «sin liderazgo fuerte, un proyecto no tira para adelante».

-¿Qué diferencia hay entre un líder y un populista?

-Hay tendencia a demonizar toda forma de populismo y no siempre es negativo. Es utilizado por todo tipo de líderes, porque detecta muy bien determinadas emociones para movilizar a las personas. Todos en campaña tienen gestos de populismo.

-Valore a los candidatos desde el punto de vista del liderazgo.

-Despuntan Puigdemont e Iceta. Puigdemont comunica muy bien en todos los registros. Fue una sorpresa que sustituyendo a Artur Mas de modo precipitado haya ganado adeptos. Iceta es un político con gran trayectoria, forjado, tiene muchos registros, buen negociador, astuto. En un segundo nivel están Junqueras y Domènech, que es buen orador. Junqueras tiene la imagen del anti líder, gordo, vende mal físicamente, pero tiene elementos de buen líder, de autenticidad. Quizás, exceso de ingenuidad; emocionalmente es frágil, tiene que crecer.

-¿Y Arrimadas, Albiol y Riera?

-Ella está a años luz de Albiol, mucho más capacitada A él le veo un populismo que me desagrada. Arrimadas es joven, atractiva, formada. El defecto es que es vista como la marioneta de Rivera, una especie de clon sin espacio propio y le falta frescura en el regate corto. Riera es de un liderazgo compartido. Radical en planteamientos y ponderado en la transmisión.

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