Redacción

Viajar de Asturias a Madrid duró cinco veces más de lo habitual este fin de semana y se transformó en una auténtica odisea. El día de Reyes, pero también ayer, la nieve convirtió la AP-6 en una trampa. Centenares de vehículos quedaron inmovilizados en la carretera durante horas y sus ocupantes coinciden en quejarse por la falta de información.

«Llamé a Tráfico y no respondían. Nadie decía nada», explica Carlos, vecino de Lugo, pero residente en Madrid. Se quedó atrapado en el kilómetro 78 de la AP-6. «Tardé 15 horas en llegar a casa -dice-, pero lo peor es que el primer coche de la Guardia Civil, igual que las quitanieves, lo vimos la mañana del domingo, y llevábamos atascados desde las nueve de la noche del sábado».

Un relato similar es el de Claudia Suárez, ingeniera de caminos, que viajaba junto a su hermana en un coche compartido por BlaBlaCar con una familia. «Salimos a las 17.30 de Oviedo y a 60 kilómetros escasos de Madrid la carretera se colapsó. Llamamos al 112, pero no nos decían nada, pese a que les explicamos que viajaba una señora de 70 años y una niña de 8. Nos prometieron que no íbamos a pasar la noche allí... pero sí la pasamos», comenta. «Estar en el coche es lo de menos, pero que no vengan ni para darte una botella de agua...», añade. Calificó de «caos» lo vivido y de «abandono total» la respuesta de las autoridades. Lograron abrirse paso -al mediodía de ayer- despejando la calzada por sus medios: «Movimos como pudimos los coches para dejar espacio para las quitanieves». 

Paloma, que salió de León el sábado a las 17.00 horas, tardó 23 en llegar a su casa madrileña. A diferencia de Carlos o Claudia, ella no quedó atrapada en la autopista de peaje, ya que la Guardia Civil la desvió por la N-VI. No sirvió de nada llevar cadenas. Imposible circular. Acabó pasando la noche, como un centenar más de personas, en el comedor del hostal del pequeño pueblo de Labajos, adonde los condujeron los agentes. «Estaba todo desbordado, pero en el pueblo nos ayudaron todo lo que pudieron. Y la gente estaba calmada, porque pensábamos en los atrapados en la autopista... Nosotros, aunque durmiendo sentados en una silla, estábamos mejor que ellos», reflexiona, para exclamar: «¡Incluso los niños pequeños se portaron muy bien!».

Pese a que las carreteras quedaron ayer abiertas, las dificultades continuaron. Bárbara Suárez decidió hacer el viaje desde Burela a Madrid por la carretera de Burgos, para esquivar la A-6: fueron once horas. «A pesar de estar muy atentas a la radio y a la DGT, nos encontramos en medio de un atasco que no figuraba ni siquiera en la web de la DGT. Empezó a nevar, a llover.... tuvimos la sensación todo el camino de que nos faltaba información».

Desde Burela también hizo el camino Moisés, camionero. La descarga de pescado que debía realizar las 10.30 de la mañana la hizo a las 19 horas. «Deberían haber cortado el tráfico para limpiar la vía y luego reabrir», comenta.

Miles de coches atrapados durante 18 horas

Atrapados por una capa de nieve que se elevaba hasta las rodillas, sometidos a temperaturas bajo cero y, en algunos casos, hasta sin agua. Así pasaron la madrugada del domingo miles de personas entre los kilómetros 60 y 95 de la AP-6, en la provincia de Segovia. En ese tramo de carretera quedaron bloqueados cerca de 3.000 vehículos, algunos con familias enteras que regresaban a sus casas tras las vacaciones de Navidad a través de una de las principales vías de acceso y salida de Madrid.

La intensa nevada también provocó retrasos de hasta dos horas en varios trenes, como los que enlazan Galicia y Segovia con Madrid, así como en vuelos.

Los testimonios de lo que se vivió en la autopista de peaje son contundentes. Como el de David Murciano: «Llevamos atrapados desde las seis de la tarde de ayer [por el sábado], son las diez de la mañana del domingo y por aquí no aparece nadie. Somos cientos de familias con niños, algunos de ellos bebés, con escasa gasolina... Esto es una trampa mortal». Una trampa o una «ratonera», depende de quien la definiese, que duró más de 18 horas.

Los afectados narran situaciones dantescas. Como la de la pareja con un bebé que se esforzó toda la noche para que al pequeño no le subiera la fiebre, la de la chica con un hijo diabético con pánico a no disponer de insulina o la del autobús de Alsa al que tras varias horas se le apagaron las luces cuando se quedó sin gasolina. La impotencia entre los afectados fue doble. Por no poder avanzar ni retroceder, pese a la gravedad de la situación y por lo que muchos denunciaron como un abandono de las autoridades, a las que achacaron una alarmante falta de medios.

Solidaridad entre los atrapados

A falta de ayuda oficial, entró en juego la solidaridad. «Tratamos de ayudarnos entre nosotros, preguntar a tus vecinos más cercanos si necesitaban algo, pero la nieve llegaba casi hasta la rodilla y la ventisca no permitía avanzar más allá de unos metros», explicó Murciano. En medio del caos, algunos fueron más afortunados. Unas cien personas pudieron dormir en un colegio de la localidad segoviana de El Espinar en vez de hacerlo en la carretera. En cambio, en Ayllón los vecinos se quedaron nueve horas sin electricidad. Y en Ávila, los techos de dos polideportivos se vinieron abajo con el peso de la nieve.

Con la Guardia Civil desbordada y la situación descontrolada, la luz se comenzó a vislumbrar con la llegada de la Unidad Militar de Emergencia (UME). 240 miembros que se desplegaron en la noche del sábado desde sus bases de Torrejón de Ardoz y León para actuar en la AP-6 desde el norte y desde el sur, simultáneamente. Lo hicieron con cuñas quitanieves, vehículos de tracción de cadenas para el rescate de vehículos y todoterrenos para el transporte de personas. Y también con palas con las que los soldados se esforzaron por llegar hasta cada uno de los 3.000 vehículos bloqueados. A las 14.00 horas de ayer, ambos batallones se encontraban y se daba por concluida la misión de rescate. Los miembros de la UME repartieron mantas y agua, y ayudaron a reparar averías de vehículos. El malagueño Ignacio Luque recuerda que pasaron diez horas sin agua hasta que llegaron. «Ha sido necesaria la intervención de los militares para que esto se solucione. La UME ha liberado la carretera», aseguró. Dentro de la indignación general, los militares fueron aplaudidos.

Intercambio de reproches

Las responsabilidades por el caos fueron a parar desde a quienes se aventuraron por la carretera, pese a la que se avecinaba, hasta a un Gobierno central o una concesionaria de la autopista de peaje que no garantizaron la circulación.

El Gobierno descargó responsabilidades en Iberpistas (Abertis), la concesionaria de la AP-6. El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, avanzó que se abrirá un expediente informativo a la empresa encargada de mantener el tramo de unos 35 kilómetros de carretera en el que quedaron atrapadas miles de personas. Pero también se examinará toda la actuación del departamento que dirige, que, «en definitiva, es únicamente el titular de la autopista», justificó el ministro de Fomento. Iberpistas devolvió la pelota al tejado del Ejecutivo y aseguró que el pasado viernes puso en marcha el plan invernal bajo la coordinación directa de Fomento y la DGT.

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«El 112 no nos decía nada pese a que viajábamos con una señora de 70 años y una niña de 8»