Los expertos consideran que no hay consenso para reformar la Constitución

Rodríguez-Arana propugna un reajuste de competencias para evitar duplicidades

José Álvarez Junco, Carmen Iglesias Cano, Jaime Rodríguez Arana y F. Sosa Wagner

madrid / la voz

La Constitución no es intocable. Se puede revisar y actualizar, pero en estos tiempos en España no existe un consenso político suficiente como para ponerse con ello, por lo que de momento es mejor dejarla tal y como está. Esta es la idea general en la que coincidieron los cinco ponentes que participaron ayer en la comisión para la evaluación y la modernización del Estado autonómico, pactada entre Rajoy y Sánchez a cambio de que el secretario general socialista apoyase la aplicación del 155 en Cataluña y que Ferraz quiere que sirva de antesala de una subcomisión para la revisión de la Carta Magna.

«La Constitución tiene aspectos que deben ser reformados. Ahora, son tan importantes que requieren de un consenso igual al que hizo posible ese alumbramiento», expuso el catedrático de Derecho Administrativo Jaime Rodríguez-Arana. El profesor de la UDC defendió la vigencia del modelo autonómico, que definió como «un traje a la medida» para la España de 1978, aunque apuntando que 40 años después nadie conserva esas mismas medidas, de ahí esa posibilidad de confeccionar unos arreglos. De todas formas, defendió que el estado autonómico «tiene sentido» y que en la España actual «funciona razonablemente bien» siempre y cuando se levante sobre cuatro pilares fundamentales: unidad, autonomía, solidaridad e integración.

En su exposición, que todos los diputados coincidieron en señalar como didáctica y enriquecedora, Rodríguez-Arana también denunció la duplicidad de ciertas estructuras de la Administración, «en ocasiones triplicidades», invitando a reconsiderar que se emprenda un oportuno reparto de competencias a semejanza del que se completó en Alemania, basándose en el principio de facilitarle la vida a las personas. «Yo soy gallego, y en Galicia tiene que haber una Consellería de Pesca, así como en Canarias tiene que haber una de Turismo. A veces hemos replicado innecesariamente la estructura de la Administración central», expuso en su comparecencia. En el turno de mañana, José Álvarez Junco, director del Centro de Estudios Constitucionales durante el Gobierno de Zapatero y catedrático de Historia de la Complutense de Madrid, consideró que la reforma es «necesaria», pero la aventuró como «muy complicada», descartando la posibilidad del gran consenso alcanzado hace 40 años.

Joan Romero González, catedrático de Geografía Humana de la Universitat de Valencia, apostó por abordar una reforma de la Carta Magna «acotada» empezando por el Senado, institución que señaló como su auténtico Talón de Aquiles. Por su parte, el exeurodiputado por UPyD y catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de León, Francisco Sosa Wagner, se refirió a esta institución como una «porquería que no representa a los territorios».

La encargada de cerrar la jornada fue María del Carmen Iglesias Cano, catedrática de Historia de las Ideas Morales y Políticas de la Universidad Rey Juan Carlos, quien llamó a reformas puntuales en el modelo autonómico, centrándose en una «tocada» enseñanza pública y lamentando la inmersión lingüística que existe en algunas Comunidades.

La imagen de un fracaso

La imagen a primera hora de la tarde en la sala Sagasta reflejaba la falta de interés que existe con la comisión. En su día Pedro Sánchez la vendió a su militancia como una apuesta por el modelo federal y como la llave que acabaría desbloqueando Cataluña. El globo se ha desinflado. En la foto solo aparecen cinco diputados del PP, copando las mesas de la izquierda; cinco del PSOE, en el sector derecho; un único representante de Ciudadanos, Francisco Javier Cano, en la primera fila de la zona central; y Joan Baldoví, de Compromís, también en el sector central, pero un par de metros más retrasado. Completaban la postal dos empleados del Congreso: ujier y taquígrafa, así como un periodista de La Voz de Galicia, único medio presente, y el retrato de Sagasta, protagonista de la Restauración Borbónica que miraba con asombro a la desangelada sala.

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