El PP intenta ganar tiempo y anuncia que apoyará una investigación a Cifuentes

Respondió a un ultimátum de C's que permitirá la comisión si se ajusta al reglamento

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Sevilla / Enviado especial

El PP trata de ganar tiempo como sea para intentar encontrar una salida al atolladero en el que se encuentra Cristina Cifuentes. Para ello, ayer mostró su disposición a permitir una comisión de investigación en la Asamblea de Madrid. Salía así al paso del ultimátum que le dio Ciudadanos para que la aceptara en un plazo de 48 horas. De lo contrario, exigiría la dimisión de la presidenta madrileña. Los populares ganaron así un poco de aire, el mismo que le dieron a Cristina Cifuentes en la convención del partido en Sevilla. Aunque son muchos los barones que recelan de las explicaciones de la madrileña, Mariano Rajoy ha impuesto una tregua interna para evitar que la polémica por el máster de Cifuentes arruine por completo la reunión con la que el presidente popular pretendía relanzar el partido y dar el pistoletazo de arranque de la campaña hacia las autonómicas y municipales del próximo año. Por ello, los asistentes a la convención recibieron por la tarde a Cifuentes con una ovación. La presidenta madrileña agradeció el apoyo en unos momentos que, según reconoció, «están siendo muy duros». Y les devolvió el favor mostrando su orgullo por pertenecer a un «partido con miles de hombres y mujeres honrados».

Pero pese a estas muestra públicas de apoyo, la realidad del partido es otra. Nadie está dispuesta a echarla a los leones, pero ya nadie muestra una adhesión firme al relato de la presidenta madrileña. «Ella ha dado sus explicaciones y también ha iniciado actuaciones ante la Justicia y será la Justicia la que tenga que decidir lo que estime oportuno y conveniente», fueron las elocuentes palabras de Mariano Rajoy. No muy diferente fue la argumentación de Alberto Núñez Feijoo, quien en línea con la posición de otros barones presentes en el cónclave de Sevilla aseguró que el partido no hay preocupación por el asunto, ya que tiene una fácil solución: saber si Cifuentes tiene o no un máster expedido por la Universidad Rey Juan Carlos. «Si la respuesta es que no, lógicamente la señora Cifuentes no ha dicho la verdad», concluyó.

Ovación a Cifuentes en la convención del PP La presidenta de la Comunidad de Madrid reconoce estar pasando unos «momentos muy duros», pero asegura que le queda «mucha fuerza»

Dicho con otra palabras, el futuro de Cifuentes queda en manos de los tribunales y, si acaso, de la comisión de investigación que se pueda crear en la Asamblea de Madrid. Un balón de oxígeno que deberá gestionar a partir de ahora la propia afectada, porque el partido como tal ya ha hecho todo lo que está dispuesto a hacer. De hecho fue el número dos de la presidenta madrileña, Ángel Garrido, el encargado de responder al ultimátum de Ciudadanos. «Una vez presentada la iniciativa de creación de una comisión de investigación ante la Mesa de la Asamblea de Madrid, y si es conforme al reglamento en su objeto y normas, apoyaremos su creación; como siempre sin miedo a la verdad», fue la respuesta. Con ello, Cifuentes gana un poco más de tiempo, al menos hasta que la Fiscalía se pronuncie sobre la investigación que tiene en marcha en respuesta a dos denuncias, una de asociaciones de estudiantes y otra del rectorado de la Universidad Rey Juan Carlos.

Y no solo gana tiempo el PP. También lo hace Ciudadanos, que se encuentra ante el duro dilema de mantener su apoyo a una presidenta acorralada por sus supuestas mentiras en relación con un máster cuando menos sospechoso, o, por el contrario, apoyar la moción de censura y entregar el Gobierno de la Comunidad de Madrid a los socialistas. Salvo que antes consiga la dimisión de Cifuentes y su sustitución por otro candidato del PP.

Recelos entre los barones por las explicaciones de la presidenta

N. V.

«Lo que tenemos que hacer es defender lo nuestro y a los nuestros», advirtió el viernes Dolores de Cospedal en alusión a Cristina Cifuentes. Pero el entusiasmo no caló en los niveles inferiores del partido. Con evidentes signos de agotamiento y la sensación de tener que comprometer la palabra tras cada posible escándalo, distintos cargos se movían entre la desconfianza y la cautela. Más aún, se extendió la frustración en sectores que vieron en Cifuentes el símbolo de la regeneración contra las prácticas corruptas. Ese cóctel emocional se filtró en las declaraciones públicas. Aunque eso fuera lo que más deseaban ayer los populares para remontar el vuelo, nadie dio por zanjada la polémica. Así lo puso de manifiesto el presidente de Castilla y León, que subrayó la importancia de conocer lo ocurrido. «Si finalmente las cosas no salieran en la dirección que a todos nos gustaría, yo expresaría mi dolor, porque aprecio profundamente a Cristina», anticipó Juan Vicente Herrera. Pero tampoco en las altas instancias del Gobierno creyeron agotada la controversia. «Ha dado explicaciones y ha mostrado su disposición a seguir haciéndolo; por tanto, habrá que esperar», dejó en el aire la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. Esperar o bien a que Ciudadanos, sostén del Gobierno madrileño, active la vía ensayada en la Región de Murcia y decida en qué momento forzar la dimisión de la presidenta o a que la Justicia dirima.

Rajoy, a la oposición: «Se van a quedar con un palmo de narices»

f. B.
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El presidente se multiplicó para estar en todas partes e intentar insuflar ánimos en el partido

Entre café cortado y un aperitivo de almendras tostadas, un grupo de militantes populares departía en la barra del bar de la convención nacional del partido lo incomprensible de lo mal que había gestionado su crisis Cristina Cifuentes. «Se va a ir por una minucia». La presidenta madrileña volvió a acaparar gran parte de los focos durante la segunda jornada del gran evento del año organizado por la formación de centroderecha, aunque no tantos como la inaugural. Por el momento aguantará. Génova ha decidido esperar a que las investigaciones avancen para mover ficha y dejar la pelota sobre el tejado de Ciudadanos. Rajoy no arropó a Cifuentes en el auditorio durante su intervención el día que más calor necesitaba, pero tampoco la dejó caer. Distancia y prudencia hasta que se aclaren las cosas.

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Feijoo, estrella del día en la convención

Dispara su cotización entre las bases del partido sacando a relucir su discurso más regionalista e invitando al Xacobeo a todos «los que quieren marchar de España»

El hundimiento de Cristina Cifuentes ha disparado la ya de por sí elevada cotización de Feijoo como el candidato mejor preparado para la sucesión de Rajoy al frente del PP. Siguiendo el principio de Pascal, su valor se hubiese incrementado ya de por sí con el descabalgamiento de la presidenta madrileña, pero es que a mayores, durante su participación en la convención nacional que organiza su partido este fin de semana en Sevilla, acabó de conquistar a buena parte de los más de 2.500 cargos que se dieron cita en la ciudad hispalense. Lo hizo con ese discurso regionalista que tanto gusta al otro lado de los Ancares y que podría simplificarse en el arranque de su intervención. El presidente de la Xunta ensalzó dos paisajes gallegos que localizó de un vídeo propagandístico que se repite en bucle. «Hay un bosque de carballos de Lugo y la playa de A Lanzada, en Sanxenxo», destacó ante un auditorio remolón, aquejado por la larga noche sevillana. De inmediato hizo referencia a la encina, aceptando de buena manera el símbolo escogido por el partido para este gran evento, árbol que no abunda en tierras gallegas. «Somos gallegos. Es nuestra forma de ser españoles. Y europeos», proclamó orgullos el presidente de la Xunta.

Por segunda vez en cuatro meses, Feijoo actuó como motivador de un partido desmoralizado. A lo largo de la mañana fue el único que consiguió poner en pie a un auditorio cada vez más completo. Se trata de la segunda ocasión que en plena crisis insufla aire a su partido. Entonces fue en plena resaca electoral catalana en un desayuno informativo en la capital española, y tocó casi el mismo repertorio de ayer. Compartió su receta triunfal del PPdeG, asegurando que es el partido que más se parece a Galicia, y de paso lanzar una advertencia a Ciudadanos. «Ni los nacionalistas me van a decir cómo ser gallego, ni Ciudadanos cómo ser español», manifestó Feijoo. Para rematar su intervención, cursó una invitación al Xacobeo para «todos los que votan un socialismo antiguo», y también a aquellos «que se quieren marchar de España».

«¿Quién igual al Feijoo?»

En un rincón de la grada se encontraba un grupo de cuatro catalanes a los que este periódico les preguntó qué les había parecido el discurso del presidente gallego. «Un 12 sobre 10. ¿Quién igual al Feijoo?», se preguntaba el primer teniente de alcalde de Orgañá. «Es líder. Si es que Rajoy al final plegase…». Le interrumpió el presidente del PP de Valls, afirmando que para un hipotético relevo al frente del partido «no puede ni compararse con ningún otro». A Feijoo no le gusta este tema sucesorio, pero las bases querían llevarlo hasta Maestranza solo para sacarlo por su puerta grande.

De Diego Gago a Portomeñe, retrato del PPdeG en Sevilla

f. B.
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Aplaudieron a rabiar a Feijoo en dos ocasiones: tras su discurso y cuando inmortalizó el viaje de la expedición gallega

El histórico Torres Colomer, en la actualidad senador por el PP, apura el desayuno de su hotel en Sevilla para llegar puntual a la comparecencia de Feijoo. El grupo del que forma parte se impacienta mientras espera por un taxi. Ya de camino, destaca la presencia de un cruceiro oculto tras un kiosco de la ciudad hispalense que por un instante le acerca a Ribeira.

El auditorio presenta media entrada debido a la pasada noche de juerga, un tentación irresistible para los más jóvenes, pero no falta ningún gallego. Miguel Tellado, secretario general del PPdeG, pasa lista. Aquí vienen los senadores, en este lateral están los diputados... Llega Baltar al frente de la delegación ourensana, que se sitúa en el mismo sector en el que está Diego Gago, presidente de Nuevas Generaciones. El joven político gallego se encuentra solo una fila por delante de los guardianes de las viejas esencias del partido: Xesús Palmou y Vázquez Portomeñe, que a sus 82 años no se pensó ni un solo instante subirse a una furgoneta junto al conselleiro de Cultura, Román Rodríguez, y otros compañeros para pegarse una paliza de más de 800 kilómetros. Allí apareció, con la insignia de Pelegrín, la mascota del Xacobeo 93, prendida de su chaqueta.

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