Los policías forales reconocen «una paliza» en Alsasua y el dueño del bar niega la agresión

La Voz / Agencias

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Los agentes que acudieron al bar Koxka aseguran que los guardias civiles y sus parejas fueron «claramente» agredidos

18 abr 2018 . Actualizado a las 16:29 h.

La Audiencia Nacional ha escuchado este miércoles dos versiones bien distintas sobre la pelea ocurrida el 15 de octubre de 2016 en el bar Koxka de Alsasua. Los policías forales que atendieron a los dos guardias civiles y sus parejas tras denunciar una agresión, aseguraron que «fue claramente una paliza».

Los agentes fueron los primeros en llegar al lugar de los hechos y han explicado al tribunal que lo primero que se encontraron al llegar allí fue «bastante gente» --unas 40 personas-- en la calle y al teniente tirado en el suelo, con sangre en la boca y fuerte dolor en una pierna.

El sargento, por su parte, estaba alterado, «llorando», y tenía la camisa, que era de color blanco, «llena de suelas de zapato». «Fue muy impactante», ha declarado uno de los policías forales, motivo por el cual llamaron a una ambulancia. Según su versión, «estaba claro» que la gente sabía de la condición de los dos guardias civiles, ya que les decían a los forales que ellos eran de Alsasua y «que no les siguieran el juego» a los agentes y «que no se pusieran de su lado».

Este miércoles también han declarado en el juicio como testigos una camarera y el gerente del bar Koxka, pero ambos han remarcado al tribunal que no vieron ninguna agresión hacia nadie y que hasta que se enteraron pensaron que era una noche tranquila. Tampoco vieron el pasillo de gente que, según las víctimas, se formó en el local y en el que se vieron atrapados cuando intentaban salir.

«Me quito la chaqueta, me meto el dinero en el bolsillo y le pongo la chaqueta» al teniente, ha relatado el propietario del Koxka, tras lo que habló con la camarera y le dijo a ella que «había habido una bronca y habían pegado al agente».

El fiscal ha hecho ver entonces al testigo que en una declaración anterior en sede policial dio una versión diferente, afirmando que fue la camarera la que le informó a él de que «estaba pegándose una cuadrilla de personas latinoamericanas».

Según este testigo, cuando luego acudió a declarar ante la Policía Foral les dijo a los agentes que en sus 22 años como hostelero había visto «muchas broncas en el bar», pero «nunca romper el tobillo a nadie». «Les dije: ¿no habrá sido que se ha tropezado con el escalón?».

Ha añadido que solo vio un corte «pequeñito» en el labio del teniente que no sangraba y que el agente le decía que le dolía mucho la pierna. Luego, cuando llegó la Policía Foral, se fue a casa.

De los acusados en el juicio a los que han señalado como agresores los agentes y sus parejas, el dueño del Koxka solo ha reconocido que vio, dentro del bar, a uno de ellos, Ohian Arnanz.

Preguntado sobre las amenazas que la novia del teniente denunció ayer en el juicio que padecen sus padres, que también regentan un bar en Alsasua, ha dicho: «Yo que sé lo que cuentan ellos. Yo también he recibido amenazas y pintadas en mi bar de la Falange, de los anarquistas y de más gente».

En contra de las versiones de los guardias civiles y sus parejas, la camarera del bar Koxka ha narrado que esa noche no pasó «nada» que le «llamase la atención» dentro del bar y que permaneció dentro hasta que acabó la agresión, cuando salió a la calle porque el dueño del bar le comunicó que había habido una pelea.

«Yo no me enteré absolutísimamente de nada», ha dicho la testigo, que ha reiterado que «en ningún momento percibimos que estaba pasando nada» dentro del bar, ni siquiera las agresiones que los agentes y sus novias dijeron haber sufrido cuando intentaron salir del local.

Según su relato, cuando salió a la calle el teniente le devolvió la chaqueta que le había dejado el propietario del bar para cubrirse. «Le vi de frente y me llamó la atención que tenía una camisa blanca y estaba limpia», ha dicho sobre este agente, para añadir que «al día siguiente al escuchar noticias fue un poco extraño porque nosotros no habíamos percibido semejante jaleo». 

Catalá ve terrorismo en el suceso

El ministro de Justicia, Rafael Catalá, ha defendido este miércoles que el terrorismo es una «categoría» penal que «puede tener grados» y lo que penaliza es «la utilización de la violencia con fines políticos», descartando así que se esté produciendo «una banalización» al pedir la aplicación de estos tipos penales tanto en los sucesos de Alsasua (Navarra) como frente a los Comités en Defensa de la República en Cataluña.

«Quizá nos ha faltado explicar que dentro del concepto genérico de terrorismo hay distintos niveles y circunstancias y no significa banalizar en absoluto, es que la alteración de la convivencia mediante la violencia con fin político es terrorismo y tiene grados distintos», ha señalado en una entrevista en TVE. Catalá ha incidido en que «dentro del concepto terrorismo hay muchos tipos de delito», y abarca «desde quemar un contenedor hasta cometer un asesinato» porque «todo ello está dentro de la categoría genérica». «Ese es el matiz», ha señalado.

Con todo, apunta que «si es conveniente afinar el concepto de terrorismo, se puede actuar, pero para muchos juristas esto es muy natural porque son grados dentro de una figura genérica que no es solamente el asesinato».

Diferente opinión tiene Joaquín Giménez, exmagistrado del Tribunal Supremo, quien opina que la agresión «no es delito de terrorismo». En una entrevista en Onda Cero recogida por Europa Press, el exmagistrado planteaba si «uno es responsable de lo que hace o del contexto en el que lo hace». «Es un caso de libro de tremendismo punitivo», ha sentenciado, para incidir en que «si casi todo es terrorismo, sobra casi todo el Derecho Penal».