La dimisión de Cifuentes, una jugada perfecta para Ciudadanos

A un año de las elecciones, y sin tener que votar junto a Podemos, descabeza al PP de Madrid, que muestra su incapacidad de regenerarse y se desangra en traiciones internas

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Madrid / La Voz

El viento sopla una vez más a favor de Ciudadanos, que aparece como claro triunfador en una crisis en la que también se jugaba mucho. Albert Rivera le ha doblado una vez más el pulso a Mariano Rajoy y consigue con el mínimo coste hacerles un destrozo político enorme a los populares, que han prolongado inútilmente este episodio, multiplicando así el daño político autoinfligido, para ceder finalmente a todas las exigencias del partido naranja.

¿Qué coste tiene el caso Cifuentes para el PP?

Enorme. Los populares pretendían presentar a Cristina Cifuentes como el símbolo de la regeneración del PP madrileño tras la etapa de Esperanza Aguirre e Ignacio González. Su estrepitosa caída deja, sin embargo, la imagen de que el PP madrileño es un grupo político en descomposición, atado todavía a su convulso pasado, incapaz de regenerarse y deshecho además por las vendettas internas. Perder la Comunidad de Madrid en una moción de censura habría sido catastrófico para los populares. Y por ello Rajoy ha tenido que intervenir para forzar la dimisión de la presidenta madrileña, que estaba dispuesta a morir matando a sus rivales internos. Pero, aun así, será muy difícil que los populares se recuperen de este golpe en Madrid en el año que queda para las autonómicas. Alguien tendrá que explicar, además, por qué se hizo delegada del Gobierno a Cifuentes cuando en el PP ya se conocía el episodio del robo en el centro comercial.

¿Cómo queda Cospedal tras esta crisis?

La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, es la otra gran derrotada. Ha sido la dirigente del PP que con más énfasis defendió a Cifuentes, llegando a convertir la convención del PP en Sevilla en un acto de apoyo a la presidenta en pleno escándalo del máster. Cospedal fue incluso más lejos y defendió, frente a la opinión contraria de otros dirigentes del PP, que había que aguantar el pulso a Ciudadanos y no entregar la cabeza de Cifuentes, porque eso solo serviría para que Rivera siguiera cobrándose piezas del PP. Al final, su estrategia ha sido desastrosa y ha provocado problemas al propio Rajoy, que vio cómo Cifuentes le desafiaba a destituirla. Algo que acabará pasando factura a la secretaria general, a la que no le faltan enemigos en el partido.

¿Cómo afecta lo sucedido al futuro de Ciudadanos?

A Ciudadanos todo le ha salido bien. A un año de las elecciones autonómicas consigue descabezar y debilitar en Madrid al PP, con el que se disputará el electorado de centroderecha. Y lo hace, además, con la bandera de la regeneración y la lucha contra la corrupción, con lo que refuerza su discurso de que su apoyo al PP en Madrid y en la presidencia del Gobierno sirve para ejercer un control político y moral sobre los populares. Los naranjas aguantaron la presión de quienes desde el PP les retaban a retratarse votando junto a Podemos para darle Madrid al PSOE, lo que sin duda le hubiera perjudicado. Pero, al final, han conseguido su objetivo de hacer el máximo daño a su rival político sin dar la presidencia de Madrid a la izquierda. De cara al futuro, si gana las elecciones, como pronostican los sondeos, Ciudadanos tiene las puertas abiertas para presidir la Comunidad apoyándose en el PP o en el PSOE.

¿Cómo queda el PSOE?

Los socialistas habían visto en el caso Cifuentes la oportunidad perfecta para que se visualizara que socialistas, Podemos y Ciudadanos pueden sumar sus votos para derrocar al PP cuando quieran. En ese objetivo, los socialistas han fracasado, como fracasó Pedro Sánchez en su investidura. La dimisión de Cifuentes frena también la progresión de Ángel Gabilondo, un candidato con excelente perfil, que de haber ganado la moción de censura habría salido catapultado hacia la presidencia de Madrid tras las próximas elecciones. Tampoco favorece al PSOE el que se haya evidenciado que estaba dispuesto a entregar a Podemos en el futuro la alcaldía de Madrid si los de Pablo Iglesias respaldaban a Gabilondo sin condiciones.

Ángel Garrido aspira a ser el sucesor, pero no cuenta con el apoyo de Génova

G. B.

El consejero de Presidencia y Justicia y portavoz del Gobierno madrileño, A?ngel Garrido, que asume la presidencia en funciones de la Comunidad, aspira a ser el sucesor de Cristina Cifuentes hasta el fin de la legislatura. Pero el que ha sido mano derecha de la presidenta madrileña no cuenta con el apoyo de Génova, a pesar de que no consta su implicación en ningún asunto comprometido. Rajoy, que ayer anunció el comienzo de una «nueva etapa» en el PP de Madrid, preferiría un perfil más claramente distanciado de todo lo que ha significado la dirección madrileña en los últimos años. En todo caso, si Garrido lograra vencer las reticencias de Génova, parece difícil que Ciudadanos pueda vetarlo, porque no está vinculado a ningún caso de corrupción. Es decir, está «limpio», como exige Albert Rivera, al menos sobre el papel.

El Estatuto de Autonomía establece que la presidenta de la Asamblea, previa consulta con los grupos, deberá proponer en un plazo de quince días un candidato a la presidencia que se someterá a una sesión de investidura en 22 días. Para ser presidente deberá obtener la confianza de la mayoría absoluta en la primera votación o simple en la segunda. El PSOE está dispuesto a apurar sus opciones, y por ello su portavoz en la Asamblea de Madrid, Ángel Gabilondo, se ofreció ayer como candidato a la presidencia. Solo si Ciudadanos y Podemos comprometieran su respaldo al socialista, la presidenta de la Cámara, Paloma Adrados, estaría obligada a nominarlo como aspirante. Algo que parece muy difícil, porque sería una maniobra que en nada beneficiaría a Ciudadanos.

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