Cifuentes se agarra a la presidencia del partido en Madrid tras su dimisión

Ha comunicado a la Asamblea de Madrid que seguirá como diputada con «dedicación exclusiva»

Cifuentes dimite pero se va «con la cabeza muy alta» Explica que se llevó las cremas del supermercado «por error y de manera involuntaria».

madrid / la voz

Al fin Rajoy dio la orden y Cifuentes presentó su dimisión como presidenta de la Comunidad de Madrid. Tras más de un mes de tensiones generadas alrededor de su máster, que desencadenaron una crisis que amenazaba con dejar al PP sin el Gobierno autonómico, finalmente fue la publicación de un vídeo del año 2011 lo que acabó por precipitarlo todo. Génova tenía la decisión tomada desde que entendió que el órdago de Ciudadanos para apoyar la moción de censura del PSOE no era un farol. Madrid no podía caer. Y solo era cuestión de tiempo ejecutar la maniobra. «Rajoy tiene paciencia y esperará al mejor momento», admitía hace dos semanas a este periódico una fuente del partido. Y ese momento llegó ayer.

El presidente del Gobierno desayunó con la publicación de un vídeo en el digital OK Diario en el que se aprecia al vigilante jurado de un supermercado registrando el bolso de Cristina Cifuentes tras haber hurtado dos cremas cosméticas de 20 euros cada una. El jefe del Ejecutivo tenía una cita importante a las 12 en el Congreso, en donde a su Gobierno le tocaba defender unos Presupuestos en los que trabaja a marchas forzadas para conseguir (o no perder) unos apoyos que le permitan sacarlos adelante, y no estaba dispuesto a que la sesión se desviara hacia otros asuntos. Así, encargó a su hombre de confianza en el partido, Fernando Martínez-Maíllo, que le transmitiese a Cifuentes que había llegado la hora de dar un paso al lado, y que debería anunciar su salida de inmediato, antes del inicio de la sesión.

Cifuentes, que desde el estallido de la polémica de su máster siempre condicionó su salida a una petición de Rajoy, cumplió su palabra y convocó una rueda de prensa en la Real Casa de Correos para confirmar su renuncia. «La resistencia tiene un límite y yo ya he llegado a él», comentó. Abandona su cargo al frente del Ejecutivo autonómico, pero de momento no renuncia a la presidencia del PP de Madrid ni a su acta de diputada en la Asamblea, dos de los aspectos que se encontraba negociando con la dirección de su partido desde que asumió que debería presentar su renuncia y antes de que el comprometedor vídeo viese la luz. La tercera parte del lote que entraba en estas negociaciones es el nombre para la sucesión al frente del Ejecutivo autonómico. Ella quiere a su número dos, Ángel Garrido. Génova no lo ve, y afirma que la decisión final se tomará en la dirección nacional.

Cristina Cifuentes ha comunicado a la Asamblea de Madrid que va a seguir como diputada con «dedicación exclusiva». Así consta en un escrito que presentó ayer por la tarde. Esta mañana el coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo, ha confirmado en los pasillos del Congreso que la expresidenta madrileña continuará como diputada porque lo ha pedido y el partido se lo ha concedido. 

La intención de la cúpula del partido es aprovechar la situación tras la dimisión de Cifuentes para meter mano en Madrid de una vez por todas. La filial autonómica no deja de levantar dolores de cabeza que muchas veces contagia a la sede central.

Cifuentes irrumpió hace tres años como un elefante en una cacharrería. Su ascensión al poder se basó en un discurso regenerador: levantar alfombras y airear cajones. Caiga quien caiga.

Los herederos del aguirrismo nunca aceptaron que se les señalara, y la convivencia a lo largo de todo este tiempo ha sido difícil. Incluso con amenazas de querellas cruzadas en los tribunales. La misma Aguirre, en una reciente comparecencia en el Congreso para participar en una comisión que investiga la supuesta financiación del partido, mandaba todo un aviso a navegantes cuando le preguntaron sobre el máster de Cifuentes: en casa se está muy tranquila.

Debido a estas disputas entre corrientes, los planes de Génova pasan por poner al frente del PP de Madrid a una gestora que pilote una transición hasta que se encuentre el candidato ideal, un nombre para el que hasta el momento solo hay quinielas. Suena el vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado, o incluso la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. También el de la titular de Defensa, María Dolores de Cospedal.

Hasta que se cierre el tema, algo para lo que todavía pueden restar meses, la idea es poner a una gestora a cargo de alguien de confianza. Un fontanero capaz de resetearlo todo. Pero antes hay que desalojar a Cifuentes, que venderá muy cara la salida de la dirección autonómica del partido.

Otra de las cuestiones en las que el equipo de la expresidenta madrileña se encuentra enrocado es la sucesoria al frente del Ejecutivo regional. Ella intenta colocar a su número dos, Garrido, pero la dirección nacional no lo aprueba. De momento no hay prisas y ejercerá como presidente en funciones durante dos semanas, pero el casting de Génova en busca de un diputado con el perfil adecuado ya ha comenzado. Se entiende que debe ser neutral entre el aguirrismo y el cifuentismo, y que a la vez sea alguien de confianza. No será sencillo.

Por si quedara alguna duda de quién manda, la dirección nacional del partido ha desautorizado por completo a su filial en la toma de decisiones. Todo tiene que pasar por los cuarteles generales de Génova 13. Entre ellas, por supuesto, se incluye el nombramiento del candidato a la investidura. Ciudadanos ya se ha puesto en contacto con el PP para garantizar que no pondrá pegas a ningún nombre. Un problema menos.

Cabeza alta

Cifuentes presenta su renuncia convencida de que ha sido objeto de «un linchamiento» en el que se han traspasado todas las líneas rojas, dice. Admite que en política se puede intentar acabar con el adversario, pero lamenta que los ataques que se han dirigido contra ella tuvieran como objetivo «destruir a la persona». Las presiones se han mantenido a lo largo de los últimos 35 días durante «mañana, tarde y noche» y han llegado desde «tierra, mar y aire», se quejó.

En su comparecencia, Cifuentes apuntó que esta cacería de la que se siente objeto forma «parte del precio que hay que pagar por haber mantenido una actitud de tolerancia cero contra la corrupción», en lo que sonó a toda una declaración de que las facturas que han acabado por arruinarla proceden del interior de su partido, en donde tiene importantes y muy diversas enemistades, tanto en la cúpula como en el PP madrileño, en el que todavía quedan vestigios del aguirrismo con el que fue incapaz de acabar tras su ascenso al poder.

La dirigente popular aseguró que había tomado la decisión de renunciar hace unos días para evitar «que la izquierda radical» llegase a la Puerta del Sol, y que tenía previsto anunciar su salida el 2 de mayo, tras los actos oficiales por el festivo autonómico. Sin embargo, reconoció que el vídeo lo aceleró todo. Se excusó diciendo que se habían sacado de contexto las imágenes, y que las cremas estaban en su bolso «por error». Cifuentes dijo que se marcha con «la cabeza alta» tras una gestión en la que ha contribuido a mejorar la vida de los madrileños.

Alivio en el PP

En ese instante, compenetrados como una pareja de natación sincronizada, Rajoy se detenía ante la prensa a su llegada al Congreso: «Ha hecho lo que tenía que hacer y comienza una nueva etapa», admitía con el sonido de fondo del timbre que llama a los diputados a sus escaños.

La dimisión supone un alivio en el PP. Ministros, barones y pesos pesados de la formación reconocen que era la única salida posible. Uno de ellos, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, quien calificó la decisión de «correcta, proporcional y dolorosa», pero sin olvidar que «en política las reglas del juego son así».

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