Sánchez quema sus naves con la moción

La precipitación lo ha dejado sin otro posible aliado político que el independentismo, y un tercer fracaso lo echaría del tablero


Madrid / La Voz

Desde que en 1980, solo dos años después de aprobada la Constitución, Felipe González se atrevió a presentar una moción de censura contra el primer presidente del Gobierno de la democracia, Adolfo Suárez, en España se ha creado el mito de que las mociones de censura resultan siempre positivas para quien las promueve, incluso en el caso de perderlas, porque dan visibilidad y protagonismo al candidato, que consigue así presentarse como alternativa viable. Ese falso mito ha hecho que la moción de censura, prevista como un mecanismo absolutamente excepcional, haya sido esgrimida siempre como una amenaza por el líder de la oposición, tenga o no los apoyos suficientes para sacarla adelante.

Lo cierto, por el contrario, es que presentar una moción de censura supone un riesgo extraordinario que puede acabar siendo la tumba política para el aspirante en caso de fracaso. Lo saben bien Antonio Hernández Mancha, que se hundió estrepitosamente al presentar la suya contra Felipe González cinco años después, y Pablo Iglesias, cuyo declive empezó precisamente cuando su exceso de soberbia le hizo salir vapuleado al presentarse como alternativa a Rajoy sin pactar la moción con ningún otro grupo.

Lo mismo acaba de hacer Pedro Sánchez, espoleado por cierto por algunos socialistas que hace poco lo tachaban de irresponsable. Será la tercera vez que el líder del PSOE pretenda acceder a una presidencia que le han negado las urnas y la aritmética parlamentaria. Y un tercer fracaso, que cada vez parece más probable, frente a un presidente del Gobierno más débil que nunca en democracia, lo dejaría prácticamente inhabilitado.

La gravedad de la situación creada tras la sentencia del caso Gürtel justificaría una llamada inmediata a las urnas que, si Rajoy se niega a aceptar, podría forzar la suma del resto de los partidos. Pero lo que va a tener muy difícil de explicar Sánchez en el Congreso es por qué la solución a esta gravísima crisis es otorgar el Gobierno en exclusiva a un partido con solo 84 diputados, y qué es lo que puede aportar él al país durante ese período en el que pretende gobernar antes de convocar elecciones. La situación de España es grave, con un Gobierno desprestigiado por una sentencia judicial, con solo 137 escaños, sin aliados y en medio de la más grave crisis de la democracia provocada por el desafío independentista. Pero la que se originaría con un presidente del Gobierno aún más débil y aupado al cargo exclusivamente con los votos de esos mismos partidos independentistas y de un populismo que reniega de la propia Constitución pasaría a ser directamente catastrófica.

Albert Rivera jamás va a hacer presidente a Pedro Sánchez. Sería absurdo cuando las encuestas sitúan a Ciudadanos como primera fuerza y algunos sondeos colocan al PSOE como la cuarta. Por tanto, Sánchez ha puesto irresponsablemente su futuro en manos de los enemigos de España y del actual modelo democrático. Algunos en el PSOE empiezan a darse cuenta de que se han precipitado. Pero ahora lo difícil va a ser convencer a Sánchez de que renuncie a intentar ser presidente por accidente y se avenga a medir sus fuerzas de inmediato en unas elecciones.

El nuevo Gobierno, sea el que sea, pasa por Ciudadanos

La estrategia de Pedro Sánchez al presentar su moción de censura no va solo contra Rajoy, sino que pretende hacer daño a Albert Rivera, al que se quiere forzar a retratarse sosteniendo al Gobierno del PP. Lo cual deja un paisaje durísimo de todos contra todos y lucha encarnizada entre los cuatro primeros partidos (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos). El problema es que, con censura o sin ella, pronto habrá que formar un nuevo Gobierno, que tendrá que ser de coalición. Y el único que estará con seguridad en la fórmula de ese nuevo Ejecutivo es Ciudadanos. Es seguro que Rivera no pactaría con un PP liderado por Rajoy, pero parece también difícil que lo haga con un PSOE liderado por Pedro Sánchez.

Sectores del PP empujan a Feijoo a dar un paso adelante

Una vez perdida la iniciativa política por la imposibilidad de que el presidente del Gobierno disuelva las Cortes y convoque elecciones mientras está en marcha la moción de censura, al PP solo le queda el papel de espectador de lo que pueda ocurrir en los próximos días en una incierta votación en el Parlamento. Pero, ocurra lo que ocurra, hay sectores del PP que promueven la celebración de un congreso extraordinario del partido que sirva para romper amarras definitivamente con la etapa de Aznar y de Rajoy. Esos sectores presionan a Alberto Núñez Feijoo para que encabece la propuesta, pero el presidente gallego no parece dispuesto a encabezar esa especie de rebelión interna.

Rajoy puede sobrevivir, pero Génova busca un candidato

La negativa de Albert Rivera a sumarse a una moción de censura planteada con el objetivo de que Pedro Sánchez se convierta sin más en presidente del Gobierno sin un compromiso convocar elecciones de inmediato, y el hecho de que el PNV tenga claro que más vale mantener un Ejecutivo del PP débil que precipitar uno de Ciudadanos más beligerante con el nacionalismo podrían abrir de nuevo la puerta a que Mariano Rajoy, aunque en condiciones muy precarias, se mantenga hasta el final de la legislatura. Lo que parece ya imposible es que Rajoy repita como candidato. El problema en el PP es que ahora mismo los que podrían serlo no quieren y los que estarían dispuestos no tienen el mínimo apoyo.

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