Adiós entre lágrimas, orgullo y esperanza

Rajoy, despedido con gritos de «¡presidente, presidente!», reivindicó su gestión, mientras unos diputados del PP mostraban su tristeza y otros anunciaban ya una dura oposición

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madrid / la voz

La olla exprés en que se convirtió el Congreso desde que Sánchez tramitó su moción explotó ayer al certificarse el resultado de la votación, liberando un torrente de emociones. Al fin se desataron las sonrisas contenidas que se habían ido esbozando en las últimas horas en el rostro de los que se sabían triunfadores. También hubo muchas lágrimas, incluso entre los vencedores. De emoción, como las que afloraban en los ojos de Pilar Cancela, cuyo teléfono amenazaba con bloquearse por la multitud de felicitaciones entrantes que la diputada gallega no lograba a atender. Pero sobre todo lágrimas de dolor que resbalaban por las mejillas de muchos diputados y asesores del PP que marcaban el fin de un ciclo político. Los llantos se concentraron al fondo del pasillo de entrada al hemiciclo, zona por la que suelen acceder los parlamentarios populares, por estar en esa zona su bancada. Alicia Sánchez Camacho, María del Mar Blanco, Bermúdez de Castro y muchos otros. Pero especialmente impactantes fueron las de Ana Pastor, que durante un momento abandonó su papel de árbitro de la Cámara para fundirse en abrazos con sus compañeros de partido. Ella, además de perder el Gobierno, también lloraba por el palo que acababa de recibir su gran amigo, Mariano Rajoy.

Nace el Gobierno más débil de la democracia

GONZALO BAREÑO

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«Soy consciente de la responsabilidad que asumo y del momento político tan complejo que vive nuestro país»». Inmediatamente después de convertirse en el séptimo presidente del Gobierno de la democracia, y el primero que accede al cargo mediante una moción de censura y sin ser diputado, Pedro Sánchez dejó claro que es consciente del enorme desafío al que se enfrenta y de las dificultades que tendrá para abordarlo con un Gobierno respaldado únicamente por los 84 escaños del PSOE. Será el Gobierno más débil de la democracia. Necesita sumar más escaños incluso de los que dispone para alcanzar una mayoría absoluta en cada votación. Y a ello se suma la dificultad de convivir con un Congreso presidido por el PP, una Mesa de la Cámara controlada por populares y Ciudadanos -los únicos que votaron en su contra- y un Senado con mayoría absoluta del PP

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Génova afila sus cuchillos

Sin embargo, en el PP no solo hubo llantos. A medida que abandonaban el palacio, varios de sus parlamentarios dejaban claro que desde el minuto uno ejercerían una oposición voraz. «Se está mucho mejor en el Gobierno, está claro, pero la oposición también tiene su aquel. Y ahí somos muy buenos», comentaba un representante gallego.

Génova afila sus cuchillos y promete no ponerle las cosas nada fáciles al nuevo y débil Gobierno entrante. Están heridos, pero más de uno coincidía en que con este revés se abre una ventana de oportunidad para un partido necesitado de un golpe de efecto. Son conscientes de que vienen mal dadas, pero muchas veces acaban sacando lo mejor de sí bajo circunstancias como estas. Esta combinación de dolor, orgullo y ganas de revancha se reflejó a la perfección tan solo unos minutos antes de que se consumara su derrota. «Estoy muy orgulloso de ser del PP y de un presidente como Mariano Rajoy», exclamó el portavoz del grupo, Rafael Hernando. Sus palabras funcionaron como un resorte en toda la bancada popular, en pie para brindar el más atronador y dilatado aplauso de todo el debate; mayor incluso que el del final del pleno que coronó a Sánchez, menos homogéneo y difuminado entre los gritos de «sí se puede» de Podemos. En los conservadores había calado la arenga de león malherido ofrecida por el ahora presidente en funciones la jornada anterior.

Otro de los grandes aplausos lo recibió el propio Rajoy, el jueves ausente durante toda la tarde, cuando reapareció ayer en el hemiciclo para despedirse elegantemente justo antes de votar. Felicitó a sus sucesor, pidió disculpas por haber abandonado su sillón y concluyó: «Ha sido un honor haber sido presidente del Gobierno y un honor haber dejado una España mejor que la que encontré. Suerte a todos ustedes por el bien de España». Se acercó a Sánchez para estrecharle la mano. Tras pasar un rato en la sala reservada para el Gobierno, pisó el patio. Allí le esperaban sus diputados: «¡Presidente, presidente!». Se subió al coche y se fue.

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