El submarino que no flotaba obliga a gastar 1.771 millones

El Gobierno amplía los fondos para el programa del S-80, un sumergible que no cabe en los muelles de su base en Cartagena


redacción / la voz

En 1959 llegaba a las pantallas una pieza menor del maestro Blake Edwards. Se trataba de Operación Pacífico, una comedia que aunque de tintes románticos tenía como protagonista a un submarino en la Segunda Guerra Mundial. Al sumergible en cuestión le pasaba de todo. Su motor emitía ruidos incontrolables, sufría serios problemas para sumergirse y acabó pintado de rosa por problemas de suministro.

Si Edwards siguiese entre nosotros tendría la posibilidad de una secuela de Operación Pacífico solo repasando el agitado historial del programa S-80 (ahora rebautizado como S-80 Plus), uno de los proyectos estrella de la ingeniería naval española, creado para dotar a la Armada del submarino del futuro.

El programa en cuestión consiste en el diseño y construcción de cuatro sumergibles no nucleares de alta tecnología y con capacidades superiores a otros en servicio. Pero desde que en el 2004 se aprobó el plan, todo se ha ido torciendo. Primero, el exceso de peso hizo que el submarino no flotase. La solución se encontró alargando la longitud del buque, que con su nuevo tamaño no cabe en los muelles del puerto militar de Cartagena, su base natural. Y todos estos ajustes han disparado su coste, que se ha duplicado respecto a las estimaciones iniciales.

Desde el 2004

El programa del S-80 Plus ya ha visto pasar a tres presidentes (Zapatero, Aznar y Rajoy). Ahora, el Gobierno del cuarto, el de Pedro Sánchez, aprobó en su último Consejo de Ministros, una reprogramación de las anualidades del proyecto especial de modernización de las Fuerzas Armadas, que afectarán al nuevo sumergible, que recibirá una inyección económica de 1.771 millones de euros. El coste final del submarino se estima en 4.000 millones de euros frente a los 1.775 presupuestados en el 2004. Pero a pesar de todos los descalabros, el programa del S-80 Plus sigue adelante porque es «fundamental» para las Fuerzas Armadas españolas, como recordó el viernes la ministra de Defensa, Margarita Robles.

Los problemas surgidos en la construcción del navío han obligado a postergar el calendario de entrega reprogramado ahora entre septiembre del 2022 -cuando se botará el primer modelo- hasta julio del 2027 -cuando se prevé entregar el último de los cuatro previstos-. La flotabilidad ha sido la gran espada de Damocles del proyecto. Cien toneladas más de peso sobre las previstas inicialmente hicieron que el sumergible no pudiese flotar. No solo la ejecución del programa se retrasó notablemente por este grave problema. También la imagen internacional de la ingeniería naval española quedó tocada. Los reveses del S-80 fueron tratados con líneas gruesas en prestigiosos medios de varios países. Tampoco ayudó que la solución al problema, alargar 10 metros la superficie del casco del S-80, supusiese un otro problema logístico. El Ministerio de Defensa se verá obligado a dragar y ampliar los muelles de la base naval de Cartagena, donde fondearán los nuevos submarinos. Un nuevo sobrecoste que se traduce en 16 millones de euros más al saco del programa.

También hay otros daños colaterales derivados de los retrasos. Uno de ellos es la necesidad de revisar a fondo el submarino Galerna, de la clase S-70, para prologar su vida útil más allá de los 30 años y poder mantener dos unidades de estas características en servicio en la Armada, que sigue esperando por su sumergible estrella.

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