Errejón acuerda su salida de la dirección de Podemos para centrarse en Madrid

Pablo Iglesias, casi sin oposición interna, se reúne esta tarde con Sánchez para avanzar en las negociaciones de los Presupuestos

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madrid / la voz

Podemos cambió para siempre tras Vistalegre II, la asamblea ciudadana en la que Iglesias y Errejón pelearon a cara de perro por la dirección del partido en una disputa que acabó con heridas de difícil sutura. Los gritos de los militantes presentes aquel día en el pabellón madrileño exigiendo lealtad y unidad a sus dos grandes líderes obligaron a estos a firmar un tratado de paz mediante el que el triunfador Iglesias integraría en su nueva ejecutiva a su rival, ofreciéndole además la posibilidad de convertirse en cabeza de cartel para la Comunidad de Madrid, unas condiciones muy similares a las que todavía se negocian en el PP tras su reciente proceso de primarias.

Errejón, que entonces no estaba en las mejores condiciones para negociar nada, aceptó esta salida, quizá porque la única otra puerta que le quedaba abierta era el abandono de la política. Pero lo cierto es que aquel invierno del 2017 cayó definitivamente en desgracia, y la falta de confianza entre las dos corrientes que se generaron durante las primarias se convirtió en insalvable. Errejón conservó uno de los 15 asientos del consejo de coordinación estatal, nombre con el que se conoce a la cúpula de la formación morada, pero jamás volvió a disfrutar del crédito de su secretario general, y se quedó sin voz ni voto. Se trataba más bien de una cuestión estética.

Casi años después, y todavía con algún que otro encontronazo mediante, Errejón se queda oficialmente sin ese asiento en la dirección. A lo largo de este septiembre formalizará su renuncia, pactada con Iglesias bajo el pretexto de poder dedicarse plenamente a organizar las elecciones autonómicas de mayo. Iglesias se refirió ayer a este movimiento como el paso de «una situación de hecho a una de derecho», dando a entender que la relevancia de Errejón dentro del órgano ejecutivo era minúscula, aunque matizando que lleva ya «mucho tiempo centrado» en Madrid.

De momento no ha trascendido si su lugar lo ocupará algún otro miembro del partido o, si como parece más probable, quedará vacante. Lo que sí queda claro es que esta salida supone la puntilla al errejonismo dentro de la ejecutiva. En la quincena de plazas tan solo quedarán dos representantes de esta corriente: Pablo Bustinduy, que aunque no cuenta con la confianza de Iglesias es respetado debido a su grandes conocimientos en política internacional, y la secretaria de Administraciones Públicas, Auxiliadora Honorato. El único otro superviviente fuera del oficialismo es el anticapitalista Miguel Urbán.

El anuncio de la salida de Errejón se produce tan solo horas después del sorpresivo abandono de la política de Xavier Doménech, hasta ahora hombre de confianza de Iglesias en Cataluña.

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La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, hizo ayer autocrítica tras la dimisión de Xavier Domènech. «Creo que nos hemos equivocado», aseguró. «Le hemos pedido demasiadas cosas en un contexto histórico de tanta tensión. Debemos ser capaces de repartir más las responsabilidades» dijo. Eso sí, negó tener nada que ver en la decisión del exlíder de su partido. «Es triste que se intente buscar una forma de atacar un espacio», dijo. «No hay diversidad de opiniones. Todos le queríamos. Es una persona de consenso», remató, tratando de desmentir supuestas diferencias entre ella, su marido, que es el hombre fuerte del aparato de los comunes, y el propio Domènech.

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Exigencias a Pedro Sánchez

El secretario general ultima la batería de exigencias con la que se presentará hoy en la Moncloa (17 horas) a cambio de apoyar los Presupuestos. Gran parte de estas medidas las avanzó ayer a Efe en una entrevista en la que aseguró que sería «muy claro» con el presidente. Entre sus peticiones están pinchar la burbuja de los alquileres, actualizar las pensiones según el IPC, material escolar gratuito, que se haga «justicia fiscal» subiendo impuestos a los tramos más altos del IRPF, poner fin a los «abusos» de las eléctricas o acabar con los beneficios fiscales de las grandes sociedades y con el IBI de la Iglesia. Por supuesto, el asunto catalán también estará sobre la mesa. Iglesias insiste en la posibilidad de formar un Gobierno de coalición. «Estamos dispuestos a ser socios para los Presupuestos, o para lo que haga falta», sugirió.

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