Plataforma Tabacalera refuerza sus dudas sobre el proceso participativo

Un informe del colectivo vuelve a alertar sobre la «agresividad» de unas obras que estarían prefigurando el uso museístico antes de completar las consultas ciudadanas

El interior del edificio de Tabacalera, en Gijón
El interior del edificio de Tabacalera, en Gijón

Gijón

Los procesos participativos en torno a Tabacalera siguen abiertos, pero las obras en el edificio apuntan hacia un fin cerrado. La Plataforma Tabacalera no acaba de fiarse de la buena fe del gobierno municipal de Foro respecto al proceso participativo abierto para dirimir los usos del emblemático edificio de la antigua fábrica de tabacos en Cimavilla. El colectivo fundado hace algo más de un año -que prepara su quinta asamblea para las 20 horas de hoy- vuelve a fijarse, como lo hizo ya hace unas semanas, en el desarrollo de las obras que se están llevando a cabo en el inmueble para concluir en un informe que van más allá de los trabajos de acondicionamiento; que manifiestan que el ayuntamiento ya tiene en la cabeza un «uso concreto» -el museístico- y que es ese objetivo predeterminado el que está orientando las obras según el proyecto redactado en 2012.

El colectivo da por sentado que lo prueba la demolición casi completa de la antigua vicaría; la construcción de un sótano que «solo tiene sentido como almacén del museo» y que, según la Plataforma, requerirá un gasto «superior al millón de euros»; la futura construcción de un montacargas y un patio en el espacio que antes lo era de la vicaría, y la desaparición de uno de los forjados del convento, presuntamente para la habilitación de una sala de exposiciones.

Todo ello apunta en una sola dirección y obedece a «una idea fija», según la Plataforma Tabacalera, que desmiente la versión municipal según la cual el proyecto aún se halla en la fase de mera consolidación de estructuras.

«Se ha llevado a cabo», señala el informe, «un ejercicio de diseño de gran complejidad formal que consta de dobles alturas, cubiertas troncopiramidales, pasarelas, e incluso un pequeño patio que habrá de separar la vicaría de la iglesia basándose en un proyecto con un uso claro en mente: el de museo». Un uso «no está consensuado con la ciudadanía» y que resulta «inapropiado y contradictorio» en el contexto de «una supuesta primera fase de rehabilitación, más aún con el procedimiento participativo abierto». La Plataforma advierte, en ese sentido que, «la posibilidad de dar continuidad a los usos productivos que durante tantos años tuvo el inmueble es una opción que cuanto más avancen las obras más difícil será de adaptar de un modo efectivo».

Demolición de la vicaría

El informe y sus conclusiones formarán parte central en los debates de esta tarde, como también, y al margen de cualquier uso, la «agresividad» en términos de conservación del patrimonio industrial que la Plataforma atribuye a las actuaciones en curso. El colectivo señala en particular la demolición del edificio de la vicaría y posterior casa de la dirección, «salvo en su fachada sur», y en esta, «la desaparición de la última planta» de un edificio que según la Plataforma presentaba «características de indudable interés como su interior con rasgos modernistas, además del alto valor histórico, simbólico y de unidad dentro del conjunto que forma el antiguo convento y posterior fábrica de tabacos». Retrospectivamente, incluso apuntan al interés que, desde el punto de vista del patrimonio industrial, tenían todas las naves y edificios del XIX como los almacenes de rama o la central de reserva, en los que se emplearon por primera vez técnicas constructivas basadas en la aplicación del hierro.

Tampoco está contento el colectivo con lo que considera como una «descompensación» en las mesas sectoriales que están desarrollando el proceso participativo. Señalan, por ejemplo, hacia la de patrimonio, «integrada en un 40% por directores museos locales, junto a la arquitecta municipal y el arquitecto redactor del proyecto del museo», lo que sumaría para la Plataforma «una mayoría de hasta un 60% era a priori partidaria del uso de museo». Por el contrario, echan de menos «agentes sociales que podrían haber aportado una visión diversa, tales como miembros de la Asociación de arqueología industrial INCUNA».

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