«¿Cómo osan comparar el genocidio judío con una crítica a un equipo de fútbol?»

Liliana Córdova, cofundadora de la Red Judía Antisionista Internacional, participa en los actos organizados por  «Tarjeta Roja a Israel» con motivo de la visita de la Selección israelí

Liliana Córdova, en un momento de su charla en Gijón
Liliana Córdova, en un momento de su charla en Gijón

Gijón

¿Es concebible ser feminista y sionista? ¿Se puede ser a la vez antiimperialista, antirracista, antiislamófobo, militante del movimiento LGTB y comulgar con los postulados del sionismo? ¿Se puede ser sionista y de izquierdas, partidario de la emancipación y la igualdad universal? Liliana Córdova Kaczerginksi lo tiene meridianamente claro: no. «Hay un oxímoron, una contradicción en ello. Y esa contradicción está siendo la sacudida, sobre todo por lo que respecta al racismo, la que está llevando, por ejemplo, a decenas de miles de jóvenes judíos a declararse antisionistas en Estados Unidos, que es el país con más judíos del mundo, no Israel».

Así lo defendió con insistencia militante, como fundadora de la Red Judía Antisionista Internacional (IJAN, en sus siglas inglesas), ante el público que ayer asistió a un encuentro organizado por la Plataforma «Tarjeta Roja a Israel» en el café Macondo de Gijón, y en el contexto de los actos de protesta organizados con ocasión de la presencia de la Selección de Israel en la ciudad. Volverá a hablar de ello esta tarde, en una conferencia prevista para las 19,30 horas en el Ateneo Obrero de Gijón. Y repetirá con certeza un mismo argumento central: «El sionismo es una narrativa fraudulenta, destinada a la manipulación y el endoctrinamiento, con la que hay que cortar para empezar a militar donde se debe estar, que es por el apoyo a un pueblo oprimido». Por descontado, se refiere al palestino.

«Endoctrinamiento doloroso»

Su insistencia en el término «narrativa» le viene seguramente a esta judía franco-argentina de su profesión como profesora de literatura hebrea y latinoamericana. Su certeza de que ese «endoctrinamiento» es «bastante doloroso», de su experiencia personal como alumna de escuelas sionistas donde se le enseñó el «relato de una Palestina que era un terreno vacío, un desierto que los judíos transformaron en vergel». Y otro aprendizaje temprano -el de «distinguir el oprimido del opresor»-, proviene del fondo de su legado familiar: una familia polaco-lituana exterminada durante la ocupación nazi del gueto de Vilna de la cual solo sobrevivieron sus padres: él, considerado como uno de los héroes de la resistencia judía en Lituania; ella, una enfermera que quiso apoyar la República española desde las Brigadas Internacionales. Esa herencia llevaba, según Liliana Córdova, en su seno una «contradicción» que acabó estallando durante sus 14 años de estudio y residencia en Israel, «entre Jerusalén y Haifa».

«Allí descubrí, por mis compañeros palestinos en la universidad, que había un pueblo palestino que estaba viviendo allí durante siglos y que lo que me habían contado no tenía nada que ver con la realidad», recuerda. Con el mismo espíritu de resistencia familiar, acabó convirtiendo su «experiencia chocante» -«chocante» de shock- en la energía para sumarse a la fundación de IJAN e intentar desmontar lo que considera como «un fraude que consiguió convencer no solo a los judíos, sino a muchos más, en todo el mundo, y en continentes enteros como América Latina, donde el sionismo predomina entre los judíos de países como Argentina o Uruguay».

O con Israel, o perseguidos

La clave de esa «historia bastante estrafalaria que se empieza a enseñar a los niños desde los 4 o 5 años» está en dos mensajes. Hacia adentro, «la idea de que, si uno no apoya al Estado de Israel, mañana será él el perseguido porque el no-judío está hecho de esa manera, y lo perseguirá»; hacia afuera, la equiparación de antisionismo con antisemitismo y el recurso al recuerdo del genocidio judío por los nazis. Según Liliana Córdova, la «máquina de propaganda» que opera desde esos supuestos es «capaz de tildar de nazis a los sionistas», incluso en el caso de la Plataforma organizada en Gijón: «¿Cómo osan comparar lo que pasó con los 6 millones con gente que se manifiesta contra un equipo de fútbol y las políticas del Estado de Israel? ¿Cómo pueden comparar un genocidio con una crítica política?», se preguntó. 

Liliana Córdova aludió al caso de los jóvenes judíos estadounidenses y al giro que, según ella, se está dando en la actitud frente al sionismo, sobre todo desde el rechazo al racismo. Desde ahí, asegura, «decenas de miles» de judíos de las nuevas generaciones están descubriendo «al sionismo no como un movimiento de liberación nacional sino como un movimiento colonial». Y también a advertir que las decisiones que se toman desde un parlamento israelí «donde cada vez es más fuerte la penetración de la ultraortodoxia xenófoba» no representan «a todos los judíos del mundo»; una situación que considera «esperanzadora», pero que aún tiene mucho que andar hasta propagar el hecho de que «para un antirracista o un antiimperialista, lo lógico es estrechar lazos con el movimiento de liberación palestino». 

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