Schulz no se anima (ni con rebajas ni sin ellas)

Los vendedores de uno de los principales ejes del pequeño comercio gijonés discrepan sobre el adelanto de los descuentos de enero, pero coinciden en que no salvarán una mala campaña navideña

Rebajas en un establecimiento comercial de la avenida de Schulz, en Gijón
Rebajas en un establecimiento comercial de la avenida de Schulz, en Gijón

Gijón

En algunos escaparates la palabra ya se deja ver abiertamente con todas sus letras: «Rebajas». Otros exhiben reclamos distintos, pero con la misma intención de fondo: «Promoción navideña», «Precios especiales», «Descuentos» o simplemente un determinado tanto por ciento que aplica a todas las existencias. Pero en la mayor parte de los comercios de la avenida Schulz -un rosario de algo más de un kilómetro de pequeños establecimientos, casi todos familiares y muchos de ellos con décadas a las espaldas- no tienen carteles a la vista. No los habrá -si los hay- hasta pasados Reyes, como todos los años: lucen nada más que el género expuesto, los precios de costumbre y, como mucho, unos adornos festivos ya casi en tiempo de volver a un almacén donde queda más mercancía de la que sería deseable a tres días del 6 de enero. Los vendedores de uno de los ejes tradicionales del pequeño comercio gijonés discrepan sobre la estrategia a seguir en unos días comercialmente tan confusos como ellos dicen ver a los propios compradores, pero también coinciden en algo casi sin discrepancias: con o sin rebajas anticipadas, la caja no va notar gran cosa después de una campaña navideña en la que las alegrías macro no han irradiado al pequeño comercio de la zona. Todo lo contrario, según muchos de ellos. La de este año ha sido aún peor que la de 2016, «y eso no hay rebajas que lo salven», dice la resignada dependienta de una tienda de zapatos que ya exhibe su cartel de descuentos.

Igual de sombrío lo ve Silvia. Lleva once años con su negocio de la ropa de bebés, aunque no todos en Schulz, y dice recordar pocas Navidades tan flojas como estas. Es de las que ha colgado ya desde hace medio mes el cartel de rebajas en su escaparate, y de las que lo ha hecho sin grandes esperanzas a pesar de que hay muchos artículos «que han pasado ya de 50 a 20 euros». Parte de la base de que «la competencia es imposible» con las grandes superficies después de la liberalización de las rebajas, incluso adaptándose a su adelanto de la fecha. También advierte de que la mayor parte de las gangas que atraen a los compradores a esas promociones adelantadas son al final «engañabobos». En su tienda «todo está rebajado ya» a excepción de algún artículo suelto; y todo tiene «la misma calidad» que ofrece el resto del año. Pero no ha servido de gran cosa.

«Se puede uno engañar diciendo que es que el tiempo no acompaña, pero la verdad es que es simplemente cuestión económica», diagnostica. Y cuando el bolsillo exige elecciones, «las prioridades son otras, el ocio y el cuidado corporal», estima Silvia. En resumen: cuando la gente no está por la labor, no está por la labor. Ni siquiera el pasado año, cuando la Cabalgata de Reyes abarrotó Schulz hasta bien entrado el 5 de enero, sirvió de nada. Pero aun así hay que colgar el cartel de rebajas. María, dependienta en una tienda de calzados muy cerca de la de Silvia, lo explica de forma sumaria con una sonrisa: «No se nota gran cosa, pero hay que poner el anzuelo. Por si pican».

Tiempos que no volverán

En la acera de enfrente, a unos metros, un establecimiento de moda de la vieja escuela -calidad para clientes y cientas de cierta edad, en las antípodas del fashion-victim- cumplirá con los plazos tradicionales y no colgará el cartel de rebajas hasta el día 7 «como siempre». Su propietaria es segunda generación de un negocio familiar que inició su madre, con otro establecimiento en la cercana Pérez de Ayala «donde hay mucho más movimiento que en Schulz». Descree de las rebajas, no obstante. «Si la gente quiere comprar, compra; si no, no», asegura, al término de una campaña navideña «muy floja». «No sé lo que ha pasado, el año pasado fue mucho mejor. Ha habido una bajada de sopetón. Por estas fechas, había tenido que reponer tres veces las parkas o los chaquetones, y este año ahí están, sin ninguna explicación», cuenta. A esas prendas no parece quedarle mucha más salida que esperar las rebajas y que los precios vayan limándose hasta encontrar compradores: «Algo que da mucha pena, porque es muy buen género y tienes que darlo regalado a veces». Por fortuna, hay un puñado de clientes fieles que sustentan los mínimos para seguir tirando porque -concluye la propietaria- «lo que está claro es que aquellos tiempos» -los de antes de la crisis, se deduce- «ya no van a venir nunca».

Caminando unas decenas de metros en dirección hacia la Puerta de la Villa el testimonio parece algo menos sombrío. Pero sin grandes aspavientos, con todo. Isabel, que lleva también casi toda una vida al frente de su boutique, es de las que anuncia desde el pasado puente de diciembre unas «rebajas informales» que abaratan una parte de su oferta y algún vestido que quedó por ahi suelto. «No es que se note gran cosa, pero sí que pasa que alguien entra a por un regalo de reyes y aprovecha para comprar algo que no tenía pensado, pero que ya está bien de precio», cuenta. Una conducta de compra que se nota menos en años como este, «bastante bajo», aunque haya traído algún alivio inédito.

El establecimiento es uno de los asociados a la tarjeta de la Renta Social Municipal, y asegura Isabel que ha sido una experiencia «que ha traído compradores que de otro modo no hubieran venido nunca», animados a adquirir ropa «de más calidad» de la que suele estar a su alcance sobre el colchón de las ayudas municipales. Pero, fuera de eso, la Navidad está pasando más bien sin tono. «Habrá que esperar al efecto psicológico de las rebajas, que es verdad que lo tienen», admite Isabel... «aunque solo dura la primera semana». Luego toca aguantar el tipo prácticamente hasta marzo, cuando hay que dar entrada a la ropa de la nueva temporada, en la esperanza de que la bajada de precios permita al menos cubrir los costes del género y dejar sitio al que entra.

«Nosotros hemos puesto ya rebajas este año y lo hemos hecho algún otro año antes porque algo incentivan», apuntan Gema y Eduardo, al frente de otro negocio de moda familiar que han heredado, en un estratégico chaflán de Schulz desde 1988. Gema no deja de ser consciente de que -respecto a las grandes franquicias y los híper- juegan en «otra liga», pero aun así hay que plegarse al juego que han impuesto porque «algo se saca en claro»... «El tipo de cliente que aprovecha, por ejemplo, para adelantarse y comprar ya aprovechando que quedan tallas» antes de que lleguen las rebajas ortodoxas. Pero existe una dura limitación de fondo, que apunta Eduardo con resignación: «No hay capacidad de consumo». La expectativa en estas fechas es que, aunque no desfilen por Schulz este año, los Reyes traigan de la mano al cliente remolón, con rebajas o sin ellas.

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