«Si como alcaldesa digo "no puedo hacer algo" entonces debería irme»

Ana González confiesa el «vértigo de la responsabilidad» el día en el que entró en el puente de mando de la mayor ciudad de Asturias y destaca el ambiente de «colaboración» que ha recibido desde la maquinaria municipal

Ana González, en su primer día en el despacho de la alcaldía de Gijón
Ana González, en su primer día en el despacho de la alcaldía de Gijón

Gijón

Ana González empezó ayer su reinvención de Gijón. Llegó caminando desde su casa en la calle de San Bernardo hasta la Plaza Mayor y se reunió con su equipo de muy buena mañana con una idea ya clara de la estructura «binuclear» del nuevo gobierno de la mayor ciudad de Asturias y el cometido de que cada uno de sus once concejales iniciase los contactos: una ronda de contactos con los concejales salientes y cargos funcionariales para recabar la primera información actualizada de la compleja maquinaria municipal que no puede parar. Aunque los muchos requerimientos de la prensa no han dejado tiempo para mucho más, volvió a reunirse con su equipo de gobierno por la tarde para recibir un mensaje claro: «Cooperación». Y después acudió a la Asamblea informativa de la Agrupación Local del PSOE para poner al día a sus compañeros de militancia del proceso que ha llevado hasta ese primer día de desempeño en el despacho que se asoma a la bahía de San Lorenzo.

De ese primer día, queda clara la arquitectura de una gestión sustentada sobre las dos grandes áreas adjudicadas a dos concejales «multitarea»: Natalia González y José Luis Fernández. También la portavocía adjudicada a Marina Pineda, y la retención en las propias manos de la alcaldesa de la concejalía de Igualdad, tan clave en su proyecto como en su ideología personal. Y una visión compleja de la ciudad en la que, como indica Ana González, no solo «los temas se entrecruzan, sino que hay que entrecruzarlos», tal y como se percibe en su diseño del proyecto: se trabajará bajo las respectivas supervisiones de los dos concejales-coordinadores las áreas de economía, empleo, urbanismo y movilidad para Fernandez, y servicios sociales, educación, cultura infancia y juventud y cultura, aun habiendo otros concejales con competencias directas en algunas de estas materias.

Pero el de ayer fue un día sobre todo de cambio de vida para todos ellos, de emociones e impresiones personales, empezando por la alcaldesa. El primer día de cuatro años de nuevo mandato.

-¿Qué tal se duerme como alcaldesa?

-Bien, pero pocas horas.

-¿Runrún, sobresaltos de víspera de primer día de «cole»?

-No, nada, nada. Pero sí pocas horas. La verdad, fue porque quería acabar una novela policíaca. Y la acabé.

-¿Cuál?

-La novia gitana. Muy buena, por cierto.

-¿Entonces, de verdad sin diferencias sustanciales entre dormir alcaldesa y no alcaldesa?

-Bueno, alguna hubo. Como era consciente de que estaba trasnochando, lo que me agobió fue la idea de no despertarme para venir a trabajar.

-Ha llegado a las 7,30. ¿Va a ser su horario habitual? ¿No es una «demo» o el «subidón» del primer día?

-No. Suelo despertarme temprano. Y cuando trabajo en la administración «pura», o sea, cuando no estoy de profe, suelo empezar muy temprano porque a partir de cierta hora, te conviertes en un muñeco y todo el mundo tira de ti, de un brazo, de una pierna, ven, quiero contarte… Y necesito estar un rato a solas haciendo cosas. Si no las hago a primera hora de la mañana o a última de la tarde, soy incapaz.

-Ese aprendizaje lo trae ya hecho de su etapa de consejera.

-Sí. Eso no significa que vaya a venir todos los días a las siete y media pero será lo más habitual.

-Ahora tiene el despacho a cinco minutos de casa a pie. ¿Ha visto con otros ojos la ciudad al venir? 

-Sí, pero tengo un gran equipo que, como cree que me tiene que proteger más de que tiene que protegerme (ríe), esta mañana me han ido a buscar. ¿Será que no me van a dejar andar, con lo que me gusta?

-Entonces no le ha dado tiempo a ver gran cosa.

-No, porque además he comido en la Plaza del Ayuntamiento y he salido a otra entrevista, pero también en coche. Tengo que tener cuidado de que no sean muchos los días como este para no dejar de percibir la ciudad.

-¿Le han dicho algo en especial al salir? ¿Había familia para despedirla en casa a esas horas?

-No, estaba sola.

-O sea, que se lo ha tenido que decir usted.

-Sí; me he dado ánimos. Solo tenía mi gato, que hace lo que hace siempre, que es mirarme con cierto desprecio cuando marcho de casa y poner cara de «cuándo volverás».

-¿Cómo se llama su gato?

-Íes. Que no es «Instituto de Enseñanza Secundaria», sino «i» en plural.

-¿Íes...?

-Hay una razón. Los gatos tienen un umbral auditivo distinto al humano, y escuchan mucho mejor los sonidos agudos. Entonces, siempre se recomienda que tengan íes. No se me ocurría nada, y pensé que I iba a ser muy corto… Pues en plural: Íes. No es una obsesión con la educación. Lo prometo.

-Con la vista desde este despacho sobre la bahía de San Lorenzo, la metáfora viene al caso: ¿ha tenido vértigo al entrar hoy y verse en el puente de mando de esta ciudad?

-Sí, sí, sí. Se tiene vértigo. Al final, es verdad que es una responsabilidad inmensa. No quiero decir seriedad, aunque soy una persona seria, pero… se dice una «¡Puf...! A por ello». Son tantos temas que se entrecruzan; y no solo que se entrecruzan sino que hay que saber cruzarlos.... He sentido cierto vértigo, sí. Vértigo que habría que definir como plena consciencia de que soy la responsable de llevar a buen puerto el proyecto con el que ganamos las elecciones, y el que construyamos conjuntamente toda la Corporación.

-¿Aquello que le decía el noble a su hijo mientras miraba por la ventana en la comedia de la Monty Python: «Mira, hijo, todo esto algún día sera tuyo»… pero en versión: «Mira, todo esto es ahora tu responsabilidad»?

-Hombre, aquí mío, mío, poco tengo en cuanto a posesiones. Pero sí: ahora la responsabilidad es mía. Soy la alcaldesa. No puedo escudarme en el «no me dejan». Como alcaldesa nunca se puede decir «yo no puedo hacer algo», porque entonces debería irme.

-Suyo no hay nada en este despacho, pero seguro que se ha traído algún efecto personal, algún bolígrafo fetiche, algún cuaderno de su preferencia…

-Bueno, soy persona de traer pocas cosas personales a un lugar como este, pero sí me he traído dos cosas, que además he estrenado hoy y que tienen que ver con la escritura: dos plumas que me he autoregalado en este proceso. A pesar de que la firma es ya electrónica al cien por cien, me gusta mucho escribir con pluma. Son especialmente simbólicas para mí.

-¿Y ha firmado ya algo con ellas?

-He firmado con una. La otra solo he tenido tiempo de sacarla del estuche, ponerle el tintero y comprobar lo bien que escribe.

-¿Va a cambiar algo en el despacho?

-No. Pero me pasa siempre. Tengo tanta conciencia de que es un despacho prestado, en el sentido de que soy una servidora pública, que los cambios que hago son mínimos. Intento además que haya pocas cosas personales. Había pensado en crear un rincón para generar un espacio de cierta intimidad en una zona donde ahora hay una mesa de reuniones, y sé que antes los hubo, pregunté pero me dijeron que ese mobiliario ya estaba estropeado. Me preguntaron si se compraba algo, y he dicho que no. No es necesario. No es que no coja apego a los sitios, que lo cojo, sino que tengo conciencia de lo que son: un sitio de trabajo donde  va a entrar y salir mucha gente, y mi intimidad no tiene por qué estar presente para ellos. Tiene que estar presente el Ayuntamiento de Gijón.

-Y además, no sentirse excesivamente cómoda para no dejar de salir a la calle, como comprometió en su discurso de investidura.

-Exacto. Entre las protecciones, adorables por otra parte, de mis compañeros y compañeras, si me encierro encima en el despacho…

-Confiesa vértigo. ¿Se lo ha notado también a sus compañeros de equipo?

-Pues yo creo que sí. Cuando nos hemos reunido los nuevos concejales y concejalas del gobierno, muy temprano, he visto caras serias. Caras de alguien que afronta una responsabilidad importante. En la reunión que hemos tenido por la tarde para ver qué informaciones nos han trasladado las personas que trabajan en el Ayuntamiento, sigue habiendo caras serias; no en el sentido de tristes, sino de consciencia de la responsabilidad, que es como tenemos que venir.

-Caras concernidas

-En efecto, buena palabra.

-¿Y qué le han contado? ¿Qué informes traen de la sala de máquinas?

-Ante todo, colaboración. Todas las personas con las que han hablado -en algunos casos, concejales salientes, en otros directivos o cargos de distintos departamentos- todos han visto esa actitud clara de colaboración. Han empezado a trasladarnos las primeras informaciones, y ahora estamos tratando de llegar a un segundo nivel de conocimiento para ir concretando posibles preguntas, ya para que por favor nos preparen esto y aquello para empezar a actuar.

-El domingo sí tuvo ocasión de ver ciudad, y sobre todo ciudadanos y ciudadanas. ¿Qué percibió?

-Mucho cariño, mucha pasión y mucha alegría. Lo digo de verdad como creo que lo percibí y me transmitían. En la Carrera de la Mujer me encontré con muchas mujeres que conocía y reconocía, y fue realmente agradable. De momento, las sensaciones son muy positivas: mucho cariño y la gente muy ilusionada con que este nuevo mandato sea un mandato que se llene de realidades positivas para todo el mundo, que es lo que me piden. Fortaleza y que haga muchas cosas. Me gusta que me lo pidan.

-El primer día ya ha habido también oposición. El PP ya ha replicado a su anuncio de que no irá a los actos religiosos por San Pedro y al reparto de concejales liberados.

-Es lógico. De todas maneras, hay falsas polémicas. Si se conoce la postura del partido al que pertenezco desde el XXXIV Congreso Federal y el XXXII Congreso Autonómico, hasta la postura de la Agrupación de Gijón, es evidente que defendemos una sociedad laica. Por tanto, si estamos en el laicismo, nadie puede pedirme que participe en celebraciones de tipo religioso. No voy a asistir ni yo ni los concejales y concejalas de mi gobierno. Sería absurdo decir que creemos que la sociedad y las instituciones tienen que ser laicas y estar fuera de las creencias populares, y que luego estemos participando en ellas. Son estas polémicas que se hacen porque se cree que pueden dar cierto rédito, confundiendo además tradición con otras cosas, o para validar tradiciones cuando el cambio de los tiempos hace que ya no sean válidas; lo cual no significa que no puedan hacerlo las personas que quieran y lo consideren así. Pero no hay que confundir el papel institucional de un Ayuntamiento y una ciudad que debe tender hacia la laicidad con las creencias personales de parte de los vecinos y vecinas. Por cierto: no es un acto institucional. De los institucionales no pienso perderme uno.

-¿Y tradición?

-A decir verdad, tampoco. Son de esas tradiciones nuevas que nos dicen que son tradiciones. Pero, ¿sabe qué? Mientras todas las polémicas en torno a mi trabajo sean estas, es que las cosas van muy bien.

-Después de tomar el bastón de alcaldesa lo dejó sobre la mesa del pleno con un comentario: «Vamos a guardarlo, que empezar con un bastón...» ¿Lo ha tenido que sacar ya hoy, de todos modos?

-No, no he tenido que sacar el bastón de mando. Está en esa repisa de exposición del despacho.

-¿Un descubrimiento, una sorpresa, algo que la haya descolocado en su primer día en la alcaldía? 

-Nada... Salvo que he echado de menos una repisita en el baño privado (Risas) Había un armarito, pero me han dicho que era para lo de fregar (Más risas). Son cosas que forman parte de la normalidad cuando se llega a un lugar nuevo.

-¿Ha tenido tiempo para conciliar un poco?

-No, hoy he tenido que comer aquí, en la Plaza del Ayuntamiento.

-¿Es ese su concepto del trabajo o cree en la filosofía de los tres turnos, como sus predecesores?

-No, yo voy a dedicar el máximo tiempo que pueda al Ayuntamiento. Cuando aceptas ir en una lista y encima tienes la suerte de que la gente te vote y te elija lo menos que puedes hacer es darles todo tu tiempo. Ahora bien, justamente para dar tiempo no solo en cantidad sino en calidad, que es lo que también quiere la gente, también me gustaría mantener algún espacio privado. ¿Qué es para mí eso? Algún mediodía poder ir a hacer ejercicio, por ejemplo. Pero que nadie se piense que soy una atleta... aunque si se me ve, se darán cuenta de que no lo soy (Ríe). Pero me gusta hacer algo de ejercicio. Eso quiero reservármelo: un bocadillito y un poco de ejercicio. Y la tarde del domingo libre para mis cosas. Para leer…

-Un día no da para reinventar nada todavía, supongo.

-No. Lo digo con toda franqueza: me llama la atención que el primer día haya  tenido que atender a todos los medios de comunicación para que me preguntéis si he trabajado mucho. Pues sí: contestando a los medios de comunicación sobre todo (Ríe).

-Eso le iba a preguntar: ¿le hemos dejado hacer algo o se le ha ido el día en contarlo?

-No es una queja por mi parte. Pero ha sido así. Entiendo que es importante el primer día, que genera curiosidad a la ciudadanía saber lo que se hace y lo que no, y creo que forma parte de mi obligación: atender a los medios y contestar todas las cosas que me preguntéis. No solo es mi obligación, creo que es necesario para mí porque es la mejor forma de contarle cosas a la ciudad y a la gente. Pero antes lo comentaba: hoy me he pasado el día diciendo que tengo mucho que trabajar… y he hecho cinco entrevistas.

-¿Piensa darse algún premio al final de este día especial?

-Tengo ahora una Asamblea del partido porque es importante también rendir cuentas en la organización a la que pertenezco y explicarles y mostrar el máximo respeto. Y luego, nada de especial. Para casa. Lo de las dos plumas ya ha sido suficiente premio.

-No se si era de poner deberes en clase. ¿Se los pone para mañana?

-Es importante que me los ponga todos los días. Me llevo varias cosas que no he podido acabar de leer.

-¿Y a su equipo?

-No, les he dicho lo que creo que deben de hacer mañana, pero sin deberes. Han trabajado mucho y bien.

-¿Le va a quitar ya algo el sueño esta noche?

-Pues sí. Seguro que algo habrá. Empiezan ya no las preocupaciones -que las habrá y muchas, que forman parte del trabajo, lo tengo claro- pero me van a quitar el sueño varias cosas en las que tengo que reflexionar. Estamos todavía definiendo la nueva estructura del Ayuntamiento y hay un par de cosas que, con las informaciones que he ido recabando este día y leyendo, creo que tengo que reajustar, darles una vuelta más, y quería esta noche pensarlas. Y eso va a repercutir en el sueño sin duda alguna.

-Ya veremos que decisiones le dicta la almohada.

-Espero que sean buenas.

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