«Muchos aún creen que eres bisexual por puro vicio»

El «medio» es un lado. Aunque la gente se empeña en etiquetarlos y moverlos hacia la homosexualidad, personas como Vanessa luchan por dar visibilidad a una condición que elige indistintamente a hombres y mujeres: «Nos gustan los dos igual»


Redacción / La Voz

Vanessa Almeida es gallega, tiene 41 años, es asesora inmobiliaria y bisexual declarada. Durante años ejerció de presidenta de la asociación Alas A Coruña porque jamás estuvo «armarizada». Ese activismo fue casi paralelo a su descubrimiento sexual. Ella se reconoce como una tímida que enseguida tuvo que sacar su carácter para no quedarse metida en casa. «Cuando era cría e iba de la mano con una mujer me insultaban, me decían de todo, pero yo tenía muy claro quién era y cómo quería comportarme», afirma. Esa claridad no estuvo siempre tan definida, a Vanessa en principio le gustaban los chicos, pero a los 16 se vio de pronto delante de una amiga tomando algo y haciendo las típicas poses de cuando te gusta alguien. «Entonces pensé: ¿qué hago? No sabía si era puntual o no, no tenía referentes, no se hablaba de eso en la tele, ni con mis padres. Así que decidí preguntarle a un amigo gay. Le dije: ‘Me pasa esto con María, que así se llamaba mi amiga, pero yo voy por la calle y a mí me siguen gustando los chicos. ¿Entonces? Él se echó a reír y me respondió: ‘Tía, eres bisexual, la mejor opción de todas, tienes el abanico abierto'».

Vanessa se entendió en ese momento y decidió desde el principio abrirse a todo el mundo: se lo contó a sus amigas, a su familia y por supuesto a sus padres. «Mi madre reaccionó genial, a ella solo le importaba que en un futuro le diera nietos [se ríe], pero mi padre no se lo tomó tan bien. Lo expresó del modo en que suelen hacerlo todos: ‘¿Qué hemos hecho mal?, ¡pero si la hemos criado igual que a su hermana'», recuerda. «Ahora, claro, mi padre está feliz y tengo que decir que siempre aceptó muy bien a mis parejas, ya fueran hombres o mujeres», expresa Vanessa, que cree que las generaciones actuales aún sufren discriminación. «Tienen mucha más información, muchos más referentes, ven series en las que siempre sale un gay, pero todavía muchos padres los crían en un ambiente clasista y hay mucha homofobia. Es verdad que los gais son más visibles, pero los bisexuales no tanto, seguimos escondidos y todavía hay muchos que creen que somos así por puro vicio».

¿Alguna vez tuviste dudas, pensaste que eras lesbiana? «De joven yo me catalogaba como bisexual, pero decía que era homoafectiva, porque solo me enamoraba de mujeres. En la cama me lo podía pasar muy bien con un hombre, me gustaba, pero a la hora de enamorarme de un chico no me salía. En cambio, de una mujer me enamoraba hasta las trancas».

«Pero yo soy una bisexual declarada, he tenido relaciones con chicos y con chicas alternativamente, y te diría más: creo que voy por épocas». Explica, explica...

«Tuve a mi segunda hija con mi mejor amigos, que es gay y está casado con un chico»

«Pues hay veces, como después de tener a mi segunda hija, que solo me apetecía estar con chicos, no sé si es que estaba hasta arriba de estrógenos y era algo hormonal, pero en esa temporada me fijaba solo en los chicos», asegura Vanessa, que es madre de un niño de 13 años y de una niña de 9. «El primero lo tuve con una pareja masculina, obviamente. Pero la segunda fue una inseminación con mi mejor amigo, que es gay y está casado con un chico. A mí no me apetecía tener un solo hijo, se lo planteé, porque lo adoro y ya era el padrino de mi hijo mayor; como él siempre había querido ser padre, me parecía la mejor opción y desde luego lo fue. Ahora estamos felices, él vive con su marido en su casa, y tiene a la niña los fines de semana, la lleva a comer todos los miércoles, pasa el verano y las Navidades con ella... Es un padrazo y yo creo que he elegido a la mejor persona porque estamos en la misma onda: tenemos la misma manera de ver la vida, los mismos valores...», apunta.

El sexo es distinto

Vanessa ahora reconoce que está sola, aunque su última relación fue con una mujer. ¿Has estado más con mujeres que con hombres?, le insisto. «En relaciones largas sí. Creo que soy sapiosexual, me gusta mucho la gente inteligente, para mí es primordial a la hora de elegir, independientemente de lo que tenga entre las piernas; si no me embelesa mentalmente, me da igual el físico. Pero no sé por qué me ha resultado más fácil estar más tiempo con mujeres. Con un hombre lo máximo que he durado ha sido un año y pico».

¿Y el sexo? ¿Es muy distinto? ¿Te sientes más cómoda con unos que con otras? «No, es como si yo te digo si estás mejor comiendo carne o pescado; si te gustan las dos cosas, estás igual». «Son cuerpos diferentes, pero es el mismo instinto, el mismo deseo. El sexo con una mujer no tiene nada que ver. Por mi experiencia creo que al tener el mismo cuerpo hay cosas que ellas hacen mejor, pero los dos tienen puntos fuertes. Para mí es como si me dices qué me gusta más: ¿ir al teatro o al cine?, yo te diría que los dos, depende del día. Al final es sexo, carne, piel, instinto, sudor, pero es distinto. No por intensidad. La gente cree que el sexo lésbico es una burda copia del sexo heterosexual y que una mujer no puede disfrutar si no tiene un juguete, pero hay mil cosas que puedes hacer con una mujer. Los heteros pensáis que el sexo entre mujeres es muy dulce, de acariciar y comerte la oreja, y no es verdad. Hay mujeres empotradoras igual, todo depende de la persona, a mí es lo que me interesa».

Vanessa no quiere dejar pasar la ocasión de reivindicar su condición por esa tendencia obsesiva a querer encajar siempre a las personas en un marco: «Sigue habiendo mucha bifobia, tanto en el terreno homosexual como heterosexual. Tengo amigas lesbianas, que te dicen: ‘Bueno, bisexual, bisexual, ¡a ti gustan las tías! Quieren que vayas para un lado o para otro, porque el medio a la gente le resulta chocante. Y los hombres cuando te ven con una chica de la mano te salen con las babosadas de ‘tú no has probado aún un tío de verdad'. Y mira, los bisexuales no queremos ir a ningún sitio, estamos en el medio porque el medio existe, el medio es un lado y ya va siendo hora de que se den cuenta».

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