La independencia después de la independencia

La votación sobre la salida de la UE resucitó en la agenda escocesa la posibilidad de otro referendo soberanista


redacción / la voz

Cuando en el 2014 los unionistas superaron a los separatistas en el referendo sobre la independencia de Escocia, la cuestión de la ruptura se consideró aparcada. Alex Salmond, entonces líder del nacionalismo escocés, reconoció que no se puede repetir una votación así hasta la próxima generación. Pero analistas como el experto en procesos nacionalistas Michael Keating, de la Universidad de Aberdeen, decían entonces que la chispa podría reavivarse si el Reino Unido abandonaba la UE.

Escocia tiene una visión más europeísta que Inglaterra. YouGov, la página británica de sondeos, dibujó con sus encuestas el mapa del brexit. En el top ten de las ciudades más euroescépticas no figura ninguna escocesa. Sí hay cuatro entre las más europeístas del Reino Unido. Entre ellas, Edimburgo y Aberdeen.

Pero esta vez no se ha vivido una campaña electrizante como la que precedió a la consulta sobre la independencia. La participación alcanzó entonces el 85 %. La primera ministra de Escocia, la nacionalista Nicola Sturgeon, ha intentado movilizar al electorado. Votó a favor de la UE «con la cabeza y el corazón» y prometió un nuevo referendo soberanista si «sacan a Escocia de Europa contra la voluntad de su pueblo». The Guardian recoge que, a diferencia de lo ocurrido en Inglaterra, solo dos miembros del Parlamento de Edimburgo han apoyado el brexit. Y uno de ellos quiere que, con esa salida, gane competencias Holyrood, no Westminster. Una parte del electorado de Escocia interpreta que la UE siempre ha sido un contrapeso a las políticas conservadoras de los tories, una especie de red de seguridad para ciertos derechos sociales. Estos europeístas también ven su país como un receptor de ayudas europeas y no solo como un contribuyente. Sturgeon recuerda que Glasgow, la ciudad más poblada de Escocia, se beneficia de fondos sociales de la UE. El porcentaje de inmigrantes es menor que en otras zonas del Reino Unido y existe un consenso político sobre la necesidad de la mano de obra extranjera.

Se han abordado cuestiones identitarias, pero diferentes a las de los partidarios del leave y se ha planteado que Bruselas es más abierta que Londres para respetar ciertas singularidades. Algunos lingüistas han expresado su preocupación por el estatus del gaélico si se consumara la ruptura. Una vez más, Scotland is different.

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