Crece la tensión entre EE.UU. y Turquía por las acusaciones del golpe

El ministro turco de Trabajo señaló a los norteamericanos como culpables y Kerry alerta del daño de esta denuncia

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redacción / la voz

La rotunda condena de Obama al golpe de Estado en Turquía parece no haber sido suficiente para el Gobierno otomano, que ha tensado la cuerda con unas polémicas acusaciones realizadas por el ministro turco de Trabajo, Süleyman Soylu, en las que acusaba a EE.UU. de estar detrás del levantamiento.

La reacción fue inmediata y vino de mano del secretario de Estado, John Kerry, que tachó las insinuaciones de «falsas y dañinas» y alertó al ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavosoglu, de que estas declaraciones son muy perjudiciales para las relaciones entre dos aliados de la OTAN. El portavoz del Departamento de Estado, John Kirby, recordó en un comunicado que Kerry ha presionado a Turquía para que respete el Estado de derecho durante sus investigaciones sobre el golpe. «Ha dejado claro que EE.UU. dará toda la asistencia a las autoridades turcas para que conduzcan la investigación», aseguró Kirby, quien insistió en el daño que las acusaciones de Turquía pueden causar a las relaciones bilaterales.

La cuerda comenzó a tensarse cuando Erdogan señaló como autor en la sombra del golpe al clérigo musulmán Fetullah Gülen, exiliado en Pensilvania desde 1999, y solicitó su extradición. Kerry se apresuró a ofrecer toda la ayuda posible a Turquía en la investigación sobre el levantamiento, pero recordó que Ankara debe presentar pruebas de sus acusaciones.

Mientras, el propio Gülen concedía una entrevista a un diario estadounidense y sugería que era «posible» que el golpe hubiese sido orquestado por el propio Erdogan, como algunos medios han apuntado. «Pero como creyente que soy -afirmó Gülen- no puedo hacer acusaciones sin tener pruebas. Puede que sea una mentira, puede ser una acusación falsa y pido que Dios me proteja de hacer falsas acusaciones».

Punto de conflicto

Otro de los puntos de conflicto entre ambos países fue el cese temporal de la actividad de la base aérea de Incirlik, desde la que EE.UU. capitanea los ataques aéreos de la coalición que lidera contra el Estado Islámico en Siria. Su actividad se paralizó con el cierre del espacio aéreo decretado tras el golpe y se reabrió finalmente ayer, según confirmó el Pentágono. El jefe de esta base fue arrestado con más de una docena de oficiales, acusado de haber respaldado el golpe. «Tras una estrecha coordinación con nuestros aliados turcos, han reabierto el espacio aéreo de la base y, como resultado, se han reanudado todas las operaciones aéreas de la coalición en todas las bases de Turquía», según afirmó el Pentágono.

Pero Kerry reconoció que había pedido hasta en tres ocasiones al Gobierno turco que reabriera la base sin respuesta, aunque recibió constantes garantías de que «las operaciones contra el Estado Islámico no se verían afectadas».

El último tirón a la tensa cuerda de las relaciones entre Turquía y EE.UU. ha sido el comunicado en el que el Departamento de Estado del país norteamericano pide a sus ciudadanos que eviten viajar al país otomano.

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