Colombia explora un plan B para la paz

Francisco Espiñeira Fandiño
FRANCISCO ESPIÑEIRA REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

Los votantes del no tomaron las calles de las principales ciudades de Colombia para festejar la victoria en el plebisticio.
Los votantes del no tomaron las calles de las principales ciudades de Colombia para festejar la victoria en el plebisticio. DIANA SANCHEZ | AFP

Uribe planta a Santos tras la victoria del no y las FARC niegan validez jurídica al plebiscito

04 oct 2016 . Actualizado a las 07:37 h.

Apenas cincuenta mil votos definieron la victoria del no al acuerdo de paz suscrito la semana pasada por el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el máximo dirigente del grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) Rodrigo Londoño, alias Timochenko. «No hay plan B», reconocieron las dos partes tras el inesperado batacazo en las urnas. Ayer, mientras medio país se despertaba consternado y la otra mitad seguía celebrando el resultado, la situación política empezó a moverse para intentar evitar el abismo.

La primera noticia la dio Timochenko. «Reafirmamos ante Colombia y el mundo que sus frentes guerrilleros en todo el país permanecerán en cese al fuego bilateral y definitivo como una necesaria medida de alivio a las víctimas del conflicto y en respeto a lo acordado con el gobierno». Timochenko afirmó al mismo tiempo que el referendo «carecía de validez jurídica» y solo le reconoció un valor político.

El primer movimiento

Uribe da plantón a Santos. Siguiendo el guion que el mismo anunció tras finalizar el escrutinio, el presidente convocó a primera hora de la mañana a los representantes de todos los partidos para abordar los pasos a dar por los demócratas para perseverar en el proceso de paz. «Buscar puntos de encuentro y de unidad es ahora más importante que nunca. Y es lo que vamos hacer», dijo Santos antes de conocer el plantón que le dio su antecesor en el cargo a pesar de que horas antes había propuesto «un gran pacto nacional» para capitalizar su victoria.

Las miradas también se volvieron hacia el papel de Santos, muy cuestionado incluso por sus más afines. Las voces que le señalan como responsable de la victoria del no por su exceso de confianza no hablan aún de dimisiones, pero los reproches aumentaron de intensidad conforme fue avanzando el día. Con todo, el único que presentó su dimisión de forma oficial fue el negociador del proceso de paz por parte del Gobierno, Humberto de la Calle. «He venido a decirle al presidente que pongo a su disposición mi cargo de jefe de la delegación, porque no seré obstáculo», dijo De la Calle.

¿Nueva mesa?

La entrada de la oposición. El facilitador de las negociaciones entre el Gobierno y los guerrilleros, el empresario Henry Acosta, no se resigna a darle carpetazo al acuerdo alcanzado. Ayer fue otro de los que reaccionó con celeridad. «Quisiera proponer una mesa de tres, una delegación del Centro Democrático -el partido de Uribe-, el Gobierno y las FARC, donde cada uno va a decir a eso que se pactó le faltaba esto, le sobraba aquello, como cualquier negocio, y van a llegar a eso. No se deben demorar mucho porque no tienen que empezar de cero», aseguró. El economista, que también participó en los acercamientos del Gobierno de Uribe (2002-2010) con esa guerrilla, afirmó que «no es un punto avanzado», pero que «todo indica que será el paso a seguir», aunque falta la confirmación de los uribistas. Francisco Santos, primo del expresidente y vicepresidente en su etapa al frente del país, sorprendió a todos los analistas al trasladar «un mensaje conciliador» y abrir la puerta a su posible inclusión en la mesa negociadora. Las FARC insisten en una nueva asamblea constituyente que reforme la Constitución y naturalice el acuerdo.

Un país dividido

El no se impuso en las ciudades. El mapa del voto de los colombianos muestra un país partido. El no encontró sus máximos apoyos en las ciudades, donde menos impacto tienen las FARC. Por el contrario, la del sí fue la papeleta más elegida en aquellos departamentos en los que la acción de los guerrilleros ha sido especialmente intensa en los últimos años, aunque hubo excepciones, como Medellín. Especial relevancia tuvo la abstención (62,57 %), considerada clave para la victoria del no, cuyos defensores estaban más movilizados. 

El acuerdo que no será

La amnistía, el problema. El acuerdo constaba de seis puntos principales para resumir 297 páginas: un plan de desarrollo rural -que iba a ser cofinanciado por la UE y Estados Unidos-, el fin de los cultivos ilícitos, la conversión de las FARC en un partido político que tendría reservados al menos diez escaños, un plan de desmovilización de los casi siete mil guerrilleros que incluiría una paga mensual de 614 euros durante dos años, su concentración en 28 zonas para facilitar su reinserción y la amnistía de todos los acusados de delitos políticos. Ese último aspecto fue el utilizado por los uribistas para cargar contra lo que no dudaron en calificar como una «rendición» del Gobierno ante los guerrilleros. En el aire quedan también los más de 13.000 millones de euros que habían comprometido tanto EE. UU. como la UE para atender parte de las inversiones recogidas dentro del acuerdo de paz.

Las polémicas abiertas

Otro fallo de las encuestas. El referendo deja también un reguero de polémicas. La primera de ellas es el enésimo fracaso de las encuestas. Todos los sondeos de la semana previa a la votación daban un apoyo al sí de entre el 60 y el 75 %, mientras que el no en ningún caso llegaba al 40 %. También fue muy atacado Santos, que se empeñó en realizar un plebiscito que no era necesario por ley y que algunos críticos con su figura vinculan a su deseo de obtener el Nobel de la Paz y el reconocimiento de la comunidad internacional. Y no menos suspicacias ha levantado el alto coste en publicidad, que se estima en mil millones de dólares.