Así explica Frank Underwood la victoria de Trump

Esto es lo que el presidente electo de Estados Unidos y todo su equipo han aprendido de la trama de la serie «House of Cards»


Como en House of Cards, a veces es el candidato menos esperado el que llega a la Casa Blanca. Donald y Melania nunca serán Frank y Claire. El magnate y la modelo poco tienen que ver con esa pareja que lleva toda su vida trepando entre los políticos y lobbies de Washington para llegar al despacho oval. De todos modos, Frank entendería bien a Donald. Son dos presidentes con los que nadie contaba y que comparten un espíritu de batalla similar. El protagonista de la serie, que también ha intervenido en la campaña estadounidense a su manera desde su cuenta de Twitter, tendría hoy seguro mucho que decir sobre la victoria del magnate.

La campaña es la guerra

Frank Underwood y Donald Trump lo tienen claro. Una campaña electoral es una guerra y todo aquel que no esté al 100 % contigo es un enemigo. Tal como haría el personaje de Kevin Spacey, al nuevo presidente electo de Estados Unidos no le ha temblado la mano a la hora de intentar acabar con los compañeros de partido que han dudado de su candidatura. Según él, cuantos más políticos republicanos se desvinculaban, más se libraba de «grilletes» y más libertad ganaba. Y si fue duro con los republicanos que no le dieron su apoyo, con la verdadera rival no tuvo ningún tipo de escrúpulos. Delincuente es apelativo más suave sobre Hillary Clinton que ha salido de su boca en los últimos días. Se acabó la guerra y en un giro propio del cinismo de los Underwood, en su primer discurso tras su victoria, Trump ha tendido la mano a la demócrata y ha hecho un llamamiento a recuperar la unidad para trabajar juntos por Estados Unidos.

El momento adecuado

Si esta campaña hubiese sido una trama de un episodio de la serie de Netflix y no la realidad, el estocazo que dio a la campaña de Clinton la reapertura de la investigación del FBI sobre los correos electrónicos no sería una causalidad. Frank llevaría semanas maquinando ese golpe, para que, como así fue, dejase a su rival malherido a menos de 48 horas de la apertura de los colegios electorales. Aunque las encuestas la diesen como ganadora, había que esperar, para que el ataque fuese letal. Sin apenas tiempo de reacción y que estuviese lo suficientemente fresco para que todo el mundo al ver su cara el día de las elecciones recordase que fue imprudente al usar un correo privado. Aunque no fue así, lo que está claro es que la campaña de Trump supo como usar este tema para derrotar a Hillary.

Que hablen

Durante su campaña para hacerse con la nominación republicana, Donald Trump llegó a decir que mientras el resto de sus oponentes se gastaban el dinero en márketing y publicidad para aparecer en los medios, a él todo eso le salía gratis. Lo que decía en cada uno de sus actos era suficiente. Sus salidas de tono lograban hacerse un hueco en los principales periódicos y televisiones, sin tener que pasar por caja. Lo importante era el mensaje, aunque todos sabemos que el republicano lo llevó hasta límite que ningún político antes había cruzado.

Descalificaciones, insultos, comentarios xenófobos.. Todo tenía hueco en su agenda. Como Frank Underwood, Trump era un villano, el rival a batir, el que nadie se atrevía a decir en alto que era su favorito. Pero su mensaje llegaba e iba calando. Mientras el resto de candidatos iban desapareciendo, su figura crecía. Aunque mal, todo el mundo hablaba de él. Y como deja claro Frank Underwood en uno de los episodios de la segunda temporada, lo importante es seguir ahí, la imagen siempre se puede cambiar.

La América de las costillitas de Freddy

Desde el centro de Manhattan, en lo alto de la torre Trump, es difícil que el presidente electo se acordase de que eso que veía desde su ventana es solo un porcentaje mínimo de lo que es Estados Unidos. La gente con la que compartía fiestas benéficas y a la que invitaba a su famoso complejo de golf es una élite, que nada tiene que ver con el verdadero americano medio. Sus amigos no eran el votante al que debía convencer. Como Frank Underwood, Trump debía remangarse su camisa y mancharse comiendo las costillas a la barbacoa de Freddy.

Debía rebuscar en sus orígenes para conectar con la mal llamada América profunda, ese gran feudo del voto republicano. Como hacían a regañadientes los Underwood cuando tocaba pedir el voto, Trump recorrió en las últimas semanas lugares que nunca sospecharía que iba a pisar en su vida. Pequeñas poblaciones donde no hay ni un rascacielos y donde lo único que le recordaba que seguía en Estados Unidos es que siempre había a mano un McDonald's. Eso sí, Trump tenía a su favor que su discurso en ocasiones fanfarrón y simplista cuajaba mucho mejor que la cercanía y simpatía impostada por Underwood.

Poder y dinero

Si algo desentraña a la perfección House of Cards son lo atascadas que están las tuberías de la democracia actual, esa en la que los poderosos solo tienen que hacer una llamada para poder cambiar el programa político y la estrategia de un partido. Los omnipresentes lobbies y las presiones de los representantes elegidos en cada estado, a los que a su vez mantienen a salvo grandes corporaciones, son parte del sistema en el que Trump ha querido entrar. Olvídense de lo aprendido El Ala Oeste de la Casa Blanca, eso es ya casi ciencia ficción. Trump será presidente, pero habrá muchos que manden sobre él. Y el multimillonario llega mucho menos entrenado que Frank Underwood. Siempre ha visto la política desde el otro lado, el del empresario que quiere influir. Necesitará un buen anillo al que darle vueltas y no tardará en dar sus primeros golpes sobre la mesa del despacho oval.

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