Hillary se estrella contra el muro de Trump

A pesar de la tragedia, entre la multitud demócrata se escuchó un deseo: «Tenemos cuatro años para convencer a Michelle»

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Nueva York

«Iba a ser un buen día», dijo Natalie entre lágrimas. Como ella, miles de estadounidenses acudieron al Javits Center de Manhattan para celebrar la victoria de la primer mujer en ganar la Casa Blanca. Es lo que las encuestas habían predicho porque aunque ajustadas, Hillary Clinton siempre lideró en los sondeos generales.

«Este equipo tiene muchas cosas por las que estar orgulloso. Pase lo que pase esta noche, gracias por todo», dijo la demócrata preparando su derrota en las redes sociales. Eran las 20.55 de la tarde (hora de la costa este de Estados Unidos) y a partir de entonces, la esperanza se esfumó.

Florida, Carolina del Norte, Ohio... Los estados clave fueron cayendo como losas en el ánimo demócrata, en el ánimo de Washington, en el ánimo del mundo entero y de los mercados. Ni siquiera Pensilvania le sonrió, allí donde Clinton se volcó los últimos días, allí donde la ex primera dama cerró su campaña acompañada de la familia Obama y donde no se votaba por un republicano desde 1988. Nada funcionó anoche. Se cumplió lo que siempre dijo Donald Trump y como ocurrió con el brexit, los números de poco sirvieron.

«América tiene un historial de racismo que no podemos olvidar, siempre ha estado ahí», se lamentaba Stephanie. Horas antes, sus palabras hablaban de esperanza, al igual que las de Francisco e Iverka: «Trump ha respaldado un mensaje hipócrita. Estados Unidos es lo que es gracias a los inmigrantes. Espero que Clinton haga algo mucho mejor», deseaba este matrimonio de la República Dominicana. Ellos son parte de los millones de inmigrantes que sueñan a lo grande y contra los que Trump ha cargado en numerosas ocasiones.

¡Trump gana Ohio!, anunciaban entre temerosos e incrédulos los analistas de las televisiones estadounidenses, a sabiendas que «como va Ohio, va la nación». La tradición sí acertó y la confusión se adueñó de los medios de comunicación. «Es realmente tentador participar en recriminaciones por este desastre. Estoy furioso con mucha gente ahora mismo. Tal vez hay suficientes republicanos horrorizados por ahí, para formar una oposición efectiva a la pesadilla gobernante que veremos», lamentaba el premio Nobel, Paul Krugman.

Las seis horas que cambiaron el mundo comenzaron con porcentajes del 80 % de probabilidad de victoria de la Casa Blanca para Hillary Clinton, que fueron reduciéndose poco a poco a medida que su rival arrasaba el país y su partido mantenía además el Congreso y el Senado.

Clinton no solo se ha estrellado contra un muro llamado Trump, también contra otro mucho más fuerte, el de su impopularidad. Su verdadero talón de Aquiles no le ha permitido llegar a aquellos grupos que necesitaba para ganar la presidencia.

Lo advirtió Cornell Belcher, encuestador y estratega de Obama en 2008 y 2012. Clinton necesitaba una fuerte movilización y ésta nunca llegó, ni por parte de los hispanos, ni tampoco por parte de la comunidad afroamericana (los dos grupos de los que esperaban más respuestas, teniendo en cuenta los comentarios racistas del magnate en multitud de ocasiones) y para muestra, el estado de Florida. El territorio con mayor número de latinos de EE.UU. que finalmente ha preferido decir no a la apertura con Cuba y sí a la deportación de inmigrantes ilegales.

Al igual que Florida, las derrotas en Pensilvania, Michigan o Wisconsin significaron un punto de inflexión.

«Tenemos cuatro años para convencer a Michelle»

«La campaña y esta noche han sido muy largas. Así que podemos esperar un poco más», dijo John Podesta, jefe de campaña de Clinton, desde el cuartel general demócrata. A pesar de que el recuento continuaba, la exprimera dama llevaba 218 votos electorales acumulados, mientras que Trump ya había alcanzado el número mágico, los 270. No había necesidad de alargar la agonía.

La fiesta terminó sin discurso de Clinton, pero sí con una llamada al republicano reconociendo su victoria para desgracia de muchos, empezando por el todavía presidente de EE.UU.

«Buenas noches a todos. Recordad que, sin importar lo que pase, el sol saldrá por la mañana», dijo Barack Obama. Su optimismo se extendió a la Gran Manzana y a pesar de la tragedia, entre la multitud se escuchó un deseo: «Tenemos cuatro años para convencer a Michelle».

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