La OTAN se suma a Trump y reclama a la UE que aumente el gasto militar

Los aliados tendrían que aportar 90.000 millones de euros más cada año, lo que supone un 2 % del PIB nacional

.El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

bruselas / corresponsal

Cuando Donald Trump amenazó con dejar de defender a la UE a través de la OTAN, los 28 Estados miembro se llevaron las manos a la cabeza, incluidos los que no forman parte de la Alianza, pero cuya seguridad depende del abrigo que les brindan Washington y sus vecinos. La advertencia se recibió como una afrenta en los cuarteles generales de la UE aunque la voz del millonario no es la única que estos días ha exigido a Europa que se comprometa más en la OTAN y aumente su gasto militar hasta que todos los aliados alcancen el objetivo del 2% del PIB nacional. El último en hacerlo fue la voz más autorizada de la organización, Jens Stoltenberg.

El secretario general de la OTAN refrendó las palabras de Trump e insistió ayer durante su encuentro con los ministros de Defensa de la UE en que las amenazas externas sobre Occidente requieren más esfuerzos por parte de «todos». Solo Reino Unido, Grecia, Estonia y Polonia cumplen hoy con sus compromisos financieros, algo que irrita soberanamente a Trump, quien no ha despejado las dudas sobre si retirará el paraguas protector de Europa harto de que EE.UU. sostenga casi en solitario a una institución «obsoleta». 

El noruego se mostró confiado en que el presidente electo no cumplirá su amenaza cuando llegue a la Casa Blanca. «Trump declaró durante la campaña que es un gran fan de la OTAN y estoy seguro de que será un presidente que cumplirá con todos los compromisos», aseguró antes de romper una lanza a favor de Europa: «Está invirtiendo ahora más en defensa». Lo confirmó la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, quien descartó sustituir la colaboración en el marco de la Alianza por el nuevo plan de seguridad y defensa europea: «Fortalecer las relaciones UE-OTAN es fortalecer las relaciones trasatlánticas con EE.UU.», recalcó.

A pesar de haber dado un paso hacia adelante, los países de la UE están muy lejos de alcanzar la cifra sagrada del 2%. Según los cálculos elaborados por el think tank Bruegel, los aliados tendrían que abonar cada año 90.000 millones de euros adicionales para gastos militares. Una cifra desorbitada que hace temblar a los más reacios a rascarse los bolsillos. Entre ellos, España, todavía enfangada en una batalla con Bruselas por el ajuste del déficit. La ministra de Defensa, Dolores de Cospedal, no dudó en sumarse al «núcleo duro» de países que quieren avanzar hacia una seguridad y defensa europea más robusta a pesar de que las cuentas no salen.

¿Cómo tiene pensado compatibilizar el Gobierno español ese compromiso con el adquirido en la OTAN a la que tendría que destinar 15.000 millones más para cumplir con el 2 %? «Todavía es pronto para hablar de un incremento del presupuesto, vamos a hablar de ello, pero el cumplimiento del déficit es clave y fundamental. Y a él nos debemos también», anticipó durante el encuentro ministerial en Bruselas. En la capital belga se debate el tono que han de adoptar en adelante los líderes europeos con Trump, al que los británicos ya intentan camelar. España se sitúa al rebufo, a la espera. 

Juncker tilda de «asquerosa» la campaña del magnate

La zozobra y el miedo que despertó la semana pasada el triunfo de Donald Trump empieza a remitir en la Unión Europea (UE). Aunque nadie se fía del multimillonario, los 28 tratan de volver a la normalidad y calmar la aguas con el socio trasatlántico, con el que deberán coexistir durante los próximos cuatro años. Todos menos uno, el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker.

El luxemburgués sigue dando muestras de no querer aceptar extraoficialmente la victoria. En una entrevista con la RTL belga, no dudó en dar rienda suelta a su ira y frustración atacando con vehemencia la campaña del republicano. «Me preocupa que, aunque me cueste mucho imaginarlo y quizá debería hacerlo, el presidente electo ponga en marcha todo lo que ha dicho durante la campaña electoral que, por cierto, la encontré perfectamente asquerosa», confesó al tiempo que admitía su inquietud por no saber a estas alturas cuáles son las «intenciones reales» de Trump, no solo en el terreno de la seguridad y la defensa, sino también en el ámbito comercial, político y medioambiental. 

Mientras la UE aguarda con ansia la hoja de ruta de la nueva Administración, el conservador se aferra a la posibilidad de que las bravatas que lanzó Trump en campaña sean solo producto de su fanfarronería y que un baño de realidad le ayude a darse cuenta de que las relaciones entre EE.UU. y la UE son «muy necesarias para la estabilidad» en todo el planeta. 

Por si las cosas se tuercen en la próxima legislatura, Juncker hizo ayer una defensa encendida del plan de seguridad europea común, que permitiría a la UE ganar más autonomía respecto a Estados Unidos en caso de que Trump cumpliese su amenaza de retirar el paraguas de protección que Washington mantiene sobre el Viejo Continente. De lo que no duda el luxemburgués es de que las relaciones entre los dos bloques aliados pasan por un momento crítico y es posible que la niebla en el Atlántico no se disipe hasta que Trump levante la cabeza de los asuntos internos del país. Para entonces, puede que los interlocutores políticos en la UE hayan cambiado si las fuerzas euroescépticas siguen conquistando terreno.

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