La CIA avala la tesis de Obama y afirma que Rusia interfirió en las elecciones

El equipo de Trump responde: «Son los mismos que dijeron que Sadam tenía armas de destrucción masiva»

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Madrid

«La comunidad de inteligencia ha concluido que el objetivo de Rusia era favorecer a un candidato y no a la otra, es decir, ayudar a Trump a resultar elegido. Ese es el consenso», dijo un funcionario estadounidense anónimo. Para la CIA está «bastante claro» que la victoria de Donald Trump era el objetivo que Rusia buscaba y así, por primera vez, se pone nombre y apellidos al beneficiado de la supuesta injerencia en las elecciones presidenciales. Esta revelación fue transmitida a puerta cerrada en el Senado, lo que no hace más que corroborar las sospechas de Barack Obama, que en octubre acusó a Rusia de estar detrás de los ataques contra el Partido Demócrata y por lo que el viernes ordenó una investigación exhaustiva al respecto.

La CIA asegura haber identificado a personas relacionadas con el Kremlin y que proporcionaron a Wikileaks los 20.000 correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata y del entorno de Hillary Clinton.

«Son los mismos que dijeron que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva», dijo el equipo de Trump, en una inusual reprimenda en contra de una agencia que pronto estará bajo su órbita de poder y que ayer recordaba las conclusiones falsas que George Bush utilizó para justificar la invasión de Irak en el 2003.

La postura, eso sí, no sorprende. No es la primera vez que Trump niega que Rusia interfiriera en el proceso electoral: «Podrían provenir de Rusia, pero también de China, o de un tipo en su casa de Nueva Jersey».

Las revelaciones de la CIA van un paso más allá porque la inteligencia estadounidense ha podido comprobar que los ataques no solo existieron en los sistemas informáticos demócratas, sino también en los republicanos y, es más, «podrían haberse encontrado documentos del Partido Republicano que finalmente se habría decidido no publicar», según las mismas fuentes. 

El FBI también lo sabía

Entonces ¿por qué lo referente al Partido Republicano no salió a la luz y sí los más de 20.000 correos electrónicos del entorno de la candidata demócrata? La respuesta es obvia para grandes críticos del Kremlin, como el senador por Arizona y excandidato presidencial, John McCain o el exprecandidato presidencial, Lindsey Graham, republicanos que continúan apoyando una investigación al respecto. «Rusia es una de las influencias más desestabilizadores en el mundo y que han interferido en nuestras elecciones. Quiero que el presidente ruso pague por ello», advirtió Graham.

Otros en cambio y desde las mismas las filas, niegan la mayor: «El Comité Nacional Republicano no fue pirateado», dijo su director de comunicaciones, Sean Spicer, negando las informaciones periodísticas.

Desde el lado demócrata, mientras tanto, el nuevo líder en el Senado reclamaba de forma contundente que «hay que llegar al fondo de todo esto».

En paralelo, el líder saliente, Harry Reid, pedía la renuncia inmediata del director del FBI, James Comey, por ocultar deliberadamente la información sobre el pirateo ruso. «El FBI tiene ese material desde hace mucho tiempo», denunció Reid. «Pero Comey, que es republicano, rechazó divulgar esta información sobre la interferencia rusa en las elecciones», añadía ante el asombro de los medios.

Todas las conclusiones de la CIA serán añadidas a la investigación ordenada por Obama y que pretende estar concluida antes de que Trump sea investido presidente, el próximo 20 de enero.

«Construiremos un muro genial, con puertas grandes y bonitas»

Una de las promesas estrella de la campaña electoral de Donald Trump fue la construcción de un muro fronterizo con México -que pretendía que pagaran los mexicanos- para detener la inmigración ilegal de EE.UU. Un muro al que el republicano volvió a recurrir el pasado viernes en un discurso aparentemente lleno de sarcasmo: «Vamos a construir un muro genial. Tendrá puertas grandes y bonitas, pero (los inmigrantes) van a entrar legalmente».

Días antes, era su número dos y vicepresidente electo, Mike Pence, quien protegía el compromiso del magnate y confirmaba que México lo pagaría: «Hay varias maneras de conseguirlo», decía Pence en una entrevista.

Trump renovó su promesa ante los votantes de Grand Rapids, Míchigan, la tercera parada de su gira de la victoria. Se trata de un territorio históricamente demócrata donde el multimillonario arrebató los 17 votos electorales a Hillary Clinton y ahora es escenario de una batalla legal por el recuento.

Fue una diferencia de 10.700 votos a los que el presidente electo aludió en un polémico comentario sobre el apoyo de la comunidad afroamericana: «La comunidad afroamericana fue genial con nosotros. Y, francamente, si tenían alguna duda, no votaron y eso fue prácticamente igual de bueno. Mucha gente no votó porque yo les gustaba». Así, el multimillonario sigue haciendo uso de su estilo políticamente incorrecto del que tanto ha presumido y que tantas controversias provocó, provoca y provocará

No a «El aprendiz»

Ahí está su perfil de Twitter para atestiguarlo. Plataforma diaria de desahogo de un presidente electo que no se pone de acuerdo ni con su propio equipo. Así se deduce tras los últimos mensajes en la red, donde el multimillonario negó que vaya a seguir como productor ejecutivo de su reality show El Aprendiz». «Es ridículo y falso», decía Trump.

Horas antes sin embargo, era su leal asesora Kellyanne Conway quien, preguntada al respecto, defendía la posibilidad de mantener su papel en el programa, asegurando que «los presidentes tienen derecho a hacer cosas en su tiempo libre».

Además, la revista Variety confirmó la permanencia de Trump a través de una fuente de la productora MGM, que ademas expresó que el problema más grande sería el conflicto de interés por el pago que el empresario recibiría siendo presidente de Estados Unidos.

Un amigo de Putin se perfila como secretario de Estado

Se busca secretario de Estado. El cartel sigue colgado en la Torre Trump de Nueva York, donde los candidatos a dirigir la diplomacia estadounidense desfilan por última vez.

Los nombres de los finalistas ya figuran en un podio donde no estará Rudolph Giuliani, uno de los más acérrimos defensores de Donad Trump que ha optado por retirarse de la carrera «para seguir trabajando en el sector privado», según el equipo de transición. Algunos medios sin embargo, señalan que Trump habría decidido no premiar a su leal amigo tras su insistencia en reclamar el cargo para sí mismo. «Eso le molestó mucho al magnate», dicen.

La decisión se conocerá la próxima semana y el debate ahora está entre dos personas. El favorito es Rex Tillerson, presidente de Exxon Mobil, la empresa petrolera más importante del mundo. Su elección sería toda una declaración de intenciones, en un momento en el que Rusia ha vuelto a ser señalada por espionaje a EE.UU. Y es que Tillerson es un buen amigo del presidente Vladimir Putin. Sus vínculos llegan a tal punto que en el 2013, fue premiado con la Orden de la Amistad, uno de los honores más importantes del Kremlin para los extranjeros. «Ha interactuado con Putin más que ningún otro estadounidense, con la excepción de Henry Kissinger», advirtió John Hamre, exsubsecretario de Defensa de Estados Unidos.

Otro de los aspirantes es Mitt Romney, un viejo rival de Trump que intentó minar su candidatura: «La deshonestidad es la marca de Donald Trump», dijo entonces. Su elección supondría por un lado, un mensaje de tranquilidad a un establishment republicano que continúa nervioso con las designaciones y, por otro, una traición a los votantes del empresario, que vieron cómo Romney le atacaba sin piedad.

Además, hay otros tres nombres que fueron considerados para el cargo y que todavía no se han caído de la lista ante la posibilidad de acceso a otros puestos: El exembajador John Bolton, el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Bob Corker, y el exdirector de la CIA, David Petraeus. «De los tres, Bolton es el que tiene más posibilidades por su experiencia diplomática», sostiene la CBS. 

Purga en Energía

Así, el equipo de transición continúa con su esfuerzo por completar un proceso de selección donde todavía quedan muchas vacantes por cubrir y en el que el departamento de Energía estaría siendo uno de los más observados. Así lo sostienen varios funcionarios, que revelan que han recibido un cuestionario en el que el equipo de Trump pide nombres de proyectos y personas que hayan trabajado por la lucha contra el cambio climático. «Parece que planean una caza de brujas», alerta John Coequyt, director de políticas climáticas.

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