La UE esconde su inquietud y exige una salida «ordenada»

Tusk recibió el mensaje de los británicos con frialdad y resignación: «Triste proceso, tiempos surrealistas, pero al menos un anuncio más realista sobre el brexit»

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Bruselas / corresponsal

El jarro de agua fría que hizo caer ayer May dejó temblando a algunas capitales europeas. Varsovia, favorable a un divorcio suave, teme por el futuro de los cerca de 900.000 polacos  que trabajan en el Reino Unido si la premier británica cumple con su declaración de intenciones. El responsable negociador de la Comisión Europea para el brexit, Michel Barnier, se mostró cauto ante el primer mensaje nítido que lanza la tory. Sea suave o dura, la salida deberá ser «ordenada», aclaró Barnier, quien considera que Londres deberá respetar este requisito «indispensable» si quiere mantener una relación en el futuro con la UE.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, recibió el mensaje de los británicos con frialdad y resignación: «Triste proceso, tiempos surrealistas, pero al menos un anuncio más realista sobre el brexit». 

A pesar de que May encara las negociaciones con toda la artillería, sus homólogos europeos no reculan ante las negras perspectivas que pinta un divorcio radical. Pesa más el temor a una factura política mayor, la del desmembramiento progresivo de la UE si se concede un menú a la carta a Londres. Otros vendrían detrás. «Ha quedado claro que no habrá selecciones. Quien quiera acceso al mercado único debe ser parte de la unión política», advirtió el ministro alemán de Economía, Sigmar Gabriel. Su compañero de Exteriores, Frank Steinmeier, insiste en que su país ansía mantener «vínculos estrechos» y «negociaciones constructivas» para conservar la mejor relación posible con el Reino Unido. 

Ese deseo se mantiene vivo en las 27 capitales de la UE, donde todo está listo para arrancar el tedioso proceso de negociación que culminará con la salida británica. Solo falta que May active el artículo 50 de los Tratados, previsto para finales de marzo. 

La aparente tranquilidad y resignación con la que se ha recibido el anuncio de un brexit duro contrasta con la inquietud que trata de esconder Bruselas ante la posibilidad de que el Reino Unido se convierta en un gran paraíso fiscal. May y su ministro de Economía, Philip Hammond, no descartan la posibilidad de desatar una guerra fiscal con sus socios europeos si no logran un acuerdo beneficioso. El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, guarda silencio al respecto. Su equipo se negó ayer a confirmar si esta cuestión formó parte de la conversación telefónica que mantuvo el luxemburgués con la británica.

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