La era Trump despierta expectación y temor en el mundo

Solo la Rusia de Putin se frota las manos, mientras que en Europa se teme el efecto contagio entre la ultraderecha

Viñeta Trump

El mundo contiene el aliento. El mandato de Donald Trump inicia una era incierta. Entre la mayoría de los países priman la expectación y el temor por su cuestionamiento de las alianzas geopolíticas y por su discurso populista y proteccionista. Solo la Rusia de Putin se frota las manos, mientras los movimientos previos de Trump anticipan un pulso con China y un suplicio en México. En Europa se teme el efecto contagio entre la ultraderecha en un año electoral en Francia, Alemania y Holanda.

Bruselas enmudece

Silencio institucional en la capital de la UE. Bruselas no quiso levantar ayer la voz para desear al nuevo presidente de los Estados Unidos un fructífero mandato de la mano de sus socios atlánticos. La relación, como el acuerdo del TTIP, se da por criogenizada. Solo el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, quiso invocar al magnate en un discurso informal. Sus palabras se convirtieron en  dardos subliminales: «En todo el mundo hemos visto movimientos populistas que quieren -y en ocasiones lo consiguen- subvertir el Estado de derecho y crear divisiones y disonancias en nuestras comunidades», aseguró. Un mensaje que anticipa tormenta y que llega después de que Trump sugiriese un colapso de la UE. 

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, alentó al nuevo presidente a seguir trabajando con la Alianza, calificada por Trump de «obsoleta». 

Francia teme que la victoria de Trump dé un impulso a la campaña de Marine Le Pen. La candidata ha apoyado a Trump públicamente en varias ocasiones y comparte con él su admiración por Vladimir Putin. Con ambos en el poder, la posibilidad de una interferencia por parte de Moscú en la campaña gala preocupa, ya que podría darle a Le Pen el empujón que le falta para ocupar el Elíseo los próximos cinco años. François Hollande criticó ayer el proteccionismo económico defendido por Trump, a quien se refirió de forma indirecta como aquel «que presta juramento» en Washington.

Alemania ve con especial preocupación el relevo de poder en EE.UU. Uno de cada dos dirigentes políticos o empresariales teme que las relaciones entre los dos países vayan a empeorar, según una encuesta. Algo que parece más que probable, ya que Angela Merkel ha sellado múltiples acuerdos con Barack Obama. Sin embargo, la canciller no ha querido entrar al trapo y ha optado por pedir calma, al tiempo que recalcaba su confianza en que su Gobierno pueda colaborar con el de Trump. Más directo fue el ministro alemán de Finanzas, quien respondía alto y claro a la iniciativa de Trump de imponerle a la automotriz germana un gravamen por vender vehículos en EE.UU. fabricados fuera del país. Si quieren vender más, «que fabriquen mejores coches», dijo Wolfgang Schäuble.

Otra cosa son los países del Este. Polonia y las repúblicas bálticas temen ser carne de cañón del expansionismo ruso, mientras que los afines a Moscú exigen que se acabe con las sanciones europeas contra Rusia. El húngaro Orbán y el checo Zeman fueron los únicos mandatarios europeos que apoyaron la candidatura de Trump en público. Este afirma «adorar» a Italia, pero sus relaciones con el país no han sido ni estrechas ni buenas. Nunca ha conseguido cerrar una inversión y hace seis años lanzó una campaña para boicotear a las empresas italianas tras la sentencia contra Amanda Knox.

El Reino Unido, en cambio, está deseoso de mantener los «sólidos lazos» entre ambos países, de cara al brexit. Downing Street envió al magnate como regalo una copia del famoso discurso de Winston Churchill en el Congreso de EE. UU. tras el ataque japonés a Pearl Harbour.

Alerta roja en el cono sur

América Latina se prepara para un terremoto político con la llegada de Trump. El país más preocupado es México. Trump sigue empeñado en hacer realidad una de las promesas más controvertidas de su campaña: construir un muro en la frontera entre los dos países y que los mexicanos paguen la factura. Los controles y leyes migratorias podrían endurecerse.

México es además el país, junto a China, más señalado por Trump en su cruzada contra la deslocalización de empresas estadounidenses. Algunas compañías con presencia más allá de la frontera mexicana podrían cerrar sus fábricas si se les impone algún impuesto por su producción allí. La incertidumbre sobre cuál será la política hacia Cuba obligó a Obama a cerrar varios acuerdos con el objetivo de «dejar atada» la política de deshielo, como el fin de la política migratoria de pies secos, pies mojados.

El proteccionismo de Trump preocupa también al presidente peruano, Pedro Pablo Kuczyinski, que ha acusado al magnate de querer «crear miseria en el mundo». Trump ya ha dejado clara su intención de cancelar el TPP, tratado de libre comercio entre doce países de ambos lados del Pacífico. Está por ver cuál es su posición con respecto a Venezuela. Algunos expertos creen que podría endurecerse. Nicolás Maduro, en cambio, no ve a Trump con malos ojos: «Peor que Obama no será», dijo. El magnate también tendrá que pronunciarse sobre la aplicación de sanciones contra Nicaragua, ante la preocupación de congresistas por el creciente autoritarismo del presidente, Daniel Ortega. No todo son mensajes difíciles para la región. La Argentina de Mauricio Macri lo ve como un amigo. Guatemala, Honduras y El Salvador están de enhorabuena: Donald Trump ve las pandillas que azotan la delincuencia en esos países como una amenaza y dice estar dispuesto a acabar con ellas.

Una alianza peligrosa

A día de hoy Moscú es, sin duda, el mejor amigo del magnate estadounidense. O al menos eso parece. Por un lado, Trump se ha mostrado siempre muy crítico con la UE y la OTAN, así como partidario de intensificar la lucha contra el Estado Islámico, opiniones que comparte con el presidente ruso.

Vladimir Putin ya se frota las manos con el republicano en el poder, quien le prometió mejorar las relaciones bilaterales e incluso se plantea eliminar las sanciones impuestas por la Administración Obama contra el Kremlin. Los ciberataques durante la campaña electoral y el nombramiento de Rex Tillerson, amigo de Putin, como jefe de la diplomacia hacen temer que se esté gestando la alianza más peligrosa de los últimos tiempos.

Hasta el punto de que el propio Obama advirtió a su sucesor de que es importante que Washington no pierda de vista los valores democráticos. «Si no estamos dispuestos a defender esos valores, ciertamente China, Rusia y otros no lo harán», afirmó.

Retórica bélica

China ha sido el blanco de los dardos de Trump, lo que aviva los temores a que se abra una etapa de tensiones comerciales y políticas entre las dos grandes potencias. Las amenazas de castigar con subidas de impuestos de hasta el 45 % los productos chinos ha puesto en alerta a Pekín. Esta semana, en Davos, el presidente Xi Jinping fue directo: «No habrá ganadores en una guerra comercial».

Uno de los puntos de mayor fricción han sido los gestos del magnate hacia Taiwán y el hecho de que cuestionara el principio de una sola China, base de las relaciones diplomáticas entre las dos potencias. Tan innegociable es para China que Taiwán es parte de su territorio como su supremacía en el mar Meridional. La prensa oficial llegó a advertir de una posible guerra. Taiwán teme convertirse en moneda de cambio entre ambas potencias y, al igual que Japón, ve con preocupación que la política de América primero pueda afectar al compromiso americano en Asia y a los negocios nipones en EE. UU.

Cambio de papeles

En Oriente Medio coinciden en que Donald Trump traerá una ruptura total con la política de Barack Obama, que se marcha con una región en llamas.

Turquía confía en fortalecer su relación. Para Siria parecen buenas noticias si, como parece, se produce un acercamiento con Rusia, su aliada. Pero los temidos cambios en la política con Irán e Israel podrían comprometer la estabilidad de toda la región. Al primero advirtió que anulará o enmendará el acuerdo nuclear y al segundo, a quien le ha declarado su apoyo «incondicional», le ha prometido trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén, una línea roja para los palestinos. Benjamín Netanyahu lo llamó ayer «amigo» poco antes de la investidura, mientras Israel seguía el evento como si de un acontecimiento doméstico se tratara. Los palestinos temen que esto se traduzca en un respaldo a la colonización. Lo que todos saben es que cualquier giro con Irán e Israel, dos ejes donde descansa una estabilidad en constante tambaleo, tendrán consecuencias.

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