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Exhibición de fuerza de los líderes populistas de Francia, Holanda, Italia y Alemania

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berlín / e. la voz

Horas después de que Donald Trump asumiera como presidente de EE.UU., los líderes ultraderechistas de Francia, Alemania, Italia y Holanda se reunieron en la localidad germana de Coblenza en la que resultó su mayor demostración de fuerza hasta la fecha, impulsados por la ola de patriotismo que ha generado el brexit y, sobre todo, la victoria del magnate republicano, su ejemplo a seguir. Oportunistas hasta la médula, no pudieron escoger un mejor momento para aunar sus voces contra la UE y reclamar mayores controles fronterizos así como el fin de la inmigración, con la mirada puesta en la maratón electoral que les espera este 2017.

«Vivimos el fin de una era y el nacimiento de una nueva», afirmó la jefa del Frente Nacional, Marine Le Pen, que lidera las encuestas de cara a las presidenciales francesas de abril. «La canciller alemana se presenta en los medios como una heroína humanitaria por haber acogido a los refugiados, pero no se les pregunta a los alemanes qué piensan de esta política migratoria» que no es sino «una catástrofe diaria», arremetió sin miramientos cosechando con sus dardos la mayor ovación de la jornada.

«Ayer, una nueva América, hoy, Coblenza, y mañana, una nueva Europa», instó el líder del Partido por la Libertad, Geert Wilders, favorito para las legislativas de marzo en Holanda, y convencido de que se avecina «una primavera patriótica» en el continente. Tras felicitar a Trump y presentarse como «amigo de Israel», sostuvo que «el islam no respeta la igualdad entre hombres y mujeres» ante un millar de simpatizantes enardecidos. «Europa no es islámica», apuntilló el representante de la Liga Norte italiana, Matteo Salvini.

La encargada de clausurar la cumbre fue la anfitriona, Frauke Petry, jefa de AfD, que se ha consolidado ya como la tercera fuerza más votada de Alemania y, con cerca del 15% en los sondeos, amenaza con colarse por primera vez en el Parlamento de un país que aún no cerró las heridas del nazismo. El actual modelo acabará, porque «Europa nunca ha permitido un poder absoluto, ni la Francia de Napoleón, ni la Alemania nazi, ni la Rusia soviética», auguró Petry, al tiempo que acusó a los gobiernos europeos de someter a la ciudadanía a un «lavado de cerebro».

No piensan igual las cerca de 5.000 personas que se congregaron a las puertas del centro de congresos de Coblenza, en medio de un fuerte dispositivo policial, para protestar contra el racismo y el odio que fomentan los que se hacen llamar «patriotas europeos» al ritmo del Himno a la Alegría interpretado por la Filarmónica del Rin. Varios políticos participaron en la marcha por la diversidad, tales como el líder del SPD y vicecanciller, Sigmar Gabriel, o el ministro de Exteriores de Luxemburgo, Jean Asselborn.

«Quien se duerme en la democracia, puede despertarse en una dictadura», escribió Gabriel en su Twitter. «Los ultraderechistas esconden bajo el pretexto del patriotismo moderno las viejas ideas fascistas que no pueden resolver nuestros problemas. La última vez eso llevó al Holocausto y la guerra», advirtió Avaaz. Para dar la bienvenida a los populistas, la oenegé expuso figuras de tres metros de Hitler, Stalin, Franco, Petain y Mussolini en la llamada Esquina Alemana de Coblenza, donde el río Mosela desemboca en el Rin.

No es un hombre de los nuestros, afirma el Kremlin sobre el nuevo presidente

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, se esforzó ayer en intentar obviar la buena sintonía entre Donald Trump y Vladimir Putin. Calificó de «grave error» que políticos y analistas intenten encontrar vínculos entre Moscú y el magnate. «No es un hombre de los nuestros, es un hombre de EE.UU.», dijo. Por eso consideró que los roces son inevitables. «Somos los países más grandes del mundo y no podemos existir sin roces ni choques de intereses», sentenció.

Peskov señaló que Putin llamará a su homólogo de EE.UU. para felicitarle por su investidura. «Es una necesidad protocolaria», apuntó. Y agregó que por el momento no hay prevista ninguna reunión entre ambos. No obstante, hizo especial hincapié en que Rusia necesita la ayuda de EE.UU., y viceversa, para resolver la situación en Siria.

Desde Bangkok, el ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, se mostró confiado en alcanzar con rapidez un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Angela Merkel, vista por muchos como la nueva «líder del mundo libre», mantuvo el tono bajo. Manifestó su confianza en que las relaciones trasatlánticas se mantendrán pese a todo y pide una atmósfera de respeto para que sea posible.

Más directo, fue su ministro de Economía y vicecanciller, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, que criticó la «radicalización» de EE.UU. que se desprende del discurso de investidura de Trump. Según dijo, le recuerda la retórica reaccionaria de los años de entreguerras del siglo XX en Europa. «Creo que lo que dice lo dice en serio y que debemos prepararnos para lo que viene», alertó.

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