Bruselas sopesa sancionar a partir de marzo a los países que no acojan refugiados

Las represalias, dirigidas contra socios como Hungría y Polonia, podrían afectar también a España

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bruselas / corresponsal

A la Comisión Europea se le agota la paciencia. Ha pasado casi un año y medio desde que los Estados miembro pusieron en marcha el programa de reubicación de refugiados para trasladar a 160.000 asilados procedentes de los desbordados campamentos griegos e italianos a otros países de la UE. Desde entonces, y a pesar de las tímidas llamadas de atención de Bruselas, solo han sido capaces de cumplir con el 7% del objetivo propuesto (11.966 personas). 

Las promesas de los líderes se han convertido en papel mojado. La realidad demuestra que muy pocos tienen intención de colaborar. «Tienen que arremangarse y tomar medidas. La solidaridad no es solo una palabra bonita», les reprochó ayer el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans. El holandés deslizó enfadado una advertencia para aquellos países que están boicoteando las reubicaciones. «Tenemos la posibilidad de incoar un procedimiento de infracción. El mes de marzo será el momento adecuado para sacar conclusiones y tomar medidas», indicó.

La imposición de sanciones es una de las opciones que baraja desde hace tiempo Bruselas para meter en vereda a países como Hungría y Polonia. A día de hoy ninguno de ellos ha reubicado un solo refugiado. «Necesitamos valentía política. O se soluciona el problema conforme a nuestras obligaciones jurídicas y morales o los Estados acabarán perdiendo su alma y se quedarán sin el cimiento moral de nuestras sociedades», alertó Timmermans antes de criticar el interés de algunos países en mortificar a Grecia e Italia por las condiciones en las que viven los demandantes de asilo.

«Me parece muy injusto dejar todo esto solo en manos de Grecia e Italia. Esos que están tan preocupados por la situación sobre el terreno deberían hacer más en el ámbito de la reubicación para aliviar la presión», les recriminó. El mensaje también va por España. El Gobierno de Rajoy solo ha recibido a 744 refugiados. Su vecino Portugal, tres veces más pequeño, a 957 personas.  

A pesar de la amenaza, no está claro que el Ejecutivo encabezado por Juncker se atreva a plantar batalla. El entorno de inestabilidad política y el acecho de los movimientos populistas está forzando a la Comisión a mantener un perfil bajo. «Me pregunto si (sancionar) les servirá de algo a los refugiados», deslizó el holandés quien todavía confía en solucionar el cuello de botella de las reubicaciones por la vía diplomática. 

Los programas de reasentamiento avanzan a mejor ritmo. De los 22.000 asilados que los líderes europeos se comprometieron a acoger desde terceros países, al menos 13.968 ya están en el Viejo Continente. «Europa no cierra y no cerrará sus puertas», aseguró la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, cinco días después de sellar un acuerdo para forzar a Libia a contener en su territorio los flujos migratorios del norte de África. La italiana ha adoptado un enfoque más utilitarista y menos humano de la inmigración para calmar al electorado más escéptico. «Los necesitamos para nuestras economías».

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