La Administración Trump ataca al FBI por no frenar las filtraciones sobre Rusia

La Casa Blanca veta la entrada a varios medios, entre ellos CNN y «The New York Times»

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Nueva York / Corresponsal

La Casa Blanca ha vuelto a sumar otra posible nueva violación del reglamento. Así se desprende de la preocupante metodología de acción por parte de la Administración Trump, que incluye presiones de funcionarios de la Casa Blanca al FBI. Según la CNN, los hechos se remontan al 14 de febrero, cuando trascendieron los supuestos contactos frecuentes entre varios asesores de la campaña de Donald Trump y agentes de la inteligencia rusa. Al día siguiente, el jefe de gabinete, Reince Priebus, habría aprovechado una reunión en la residencia presidencial con el subdirector del Buró, Andrew McCabe, para pedirle que hablara con periodistas bajo condición de anonimato y refutase las informaciones sobre el Kremlin, que el propio FBI habría definido como «exageradas». Los contactos de Priebus habrían llegado hasta el director del Buró, James Comey, quien desde el primer momento se negó a atender la petición.

«No intentamos desacreditar la historia, les pedimos que dijeran la verdad», justificó el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer. Sea como fuere, la importancia de los hechos radica en el mismo contacto con el Buró. Y es que en EE.UU. existen restricciones legales muy específicas que prohíben este tipo de contactos cuando aluden a investigaciones pendientes y el asunto de los vínculos rusos, es una de ellas. «Esto es profundamente preocupante por el intento inapropiado de influir al FBI», denunció el congresista John Conyers.

El presidente obvió la posible violación y centró sus esfuerzos en cargar contra la inteligencia. «El FBI es incapaz de detener a las personas de Seguridad Nacional que filtran en nuestro gobierno desde hace mucho tiempo», dijo en Twitter, además de instar a encontrar a los responsables de manera inmediata.

Fuera de la rueda de prensa

Sus palabras en la red social fueron la antesala de un discurso ante la Conferencia de Acción Política Conservadora, en la que la prensa volvió a ser blanco de sus ataques valiéndose del nacionalismo más colérico. «Son los enemigos del pueblo», dijo Trump.

Horas después de su embestida y en un gesto sin precedentes, la Casa Blanca cerraba la puerta a CNN, The New York Times, Los Angeles Times y Politico, impidiéndoles acceder a un encuentro informal con el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer.

En solidaridad con sus compañeros, Time y AP decidieron boicotear el corrillo, mientras que la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca denunció el «ataque contra la transparencia gubernamental». «Solo permitieron el acceso a un grupo elegido a dedo que, según la Casa Blanca, habían confirmado previamente su asistencia», protestaron los medios vetados.

La peculiar forma de actuar de la nueva Administración, repleta de mensajes beligerantes, fue repetida ayer desde el escenario de la CPAC, cuando Trump prometió al Ejército un aumento del presupuesto. «¿Cuándo fue la última vez que ganamos una guerra? Volveremos a ganar. Nadie se meterá con nosotros», gritó.

En su guion no faltaron los mensajes antiinmigrantes, acompañados constantemente por los gritos de «USA, USA, USA», entonados por parte de los asistentes. Tampoco hubo piedad con la negociación que todavía existe con México: «Tenemos a los malos dentro y los vamos a echar», dijo tras asegurar que la construcción del muro en la frontera sur comenzará «antes de lo previsto». México replicó que no aceptará deportaciones mientras no se resuelva la tramitación de sus solicitudes de residencia o cualquier otro papeleo.

La postura de Trump fue ayer afeada por varios premios nobel, escritores y artistas que en una carta abierta pidieron al presidente desistir en su intento de cerrar las fronteras a los ciudadanos de siete países musulmanes.

El ideólogo del presidente invita a los conservadores a «deconstruir el modelo de país»

Dentro del círculo de confianza del presidente, Steve Bannon no era una cara conocida. Ahora, sin embargo, todo el mundo sabe que cualquier comentario del principal estratega de Trump supone escuchar el pensamiento del propio neoyorquino. Su influencia es indiscutible y por eso, cuando alzó la voz en la Conferencia de Acción Política Conservadora, muchos corroboraron que lo que está por venir los próximos cuatro años en EE.UU. es mucho de lo que el exdirector de Breibart pidió en sus editoriales.

El hombre que dijo querer destruir el Estado, mantiene sus intenciones y ante la plana mayor del conservadurismo lo presentó como una «deconstrucción del Estado administrativo» o lo que es lo mismo, «desmontar el sistema». Se acabó el régimen actual de impuestos, reglamentos y pactos comerciales que el Gobierno de Trump considera un obstáculo para el crecimiento. «Si crees que te van a devolver tu país sin luchar, te equivocas. Cada día va a haber una pelea», advirtió Bannon.

Hace apenas cuatro meses, poco imaginaron que aquel hombre alineado con el supremacismo blanco sería el encargado de trasladar una agenda presidencial en la que sus visiones populistas y belicistas estarían bien presentes. «Todas esas promesas van a ser implementadas», sentenció el poderoso estratega cuando habló sobre los planes en política migratoria.

Cierre de filas

Durante su intervención ante el mayor encuentro de la derecha estadounidense no cesaron los ataques contra una prensa «llorona», a quien siguió presentado como «partido de la oposición». «¡Trump, Trump, Trump!», corearon los presentes mientras un sonriente Bannon empatizaba con el jefe de gabinete, Reince Priebus, tratando así de silenciar a todos aquellos que les ven como el símbolo de la fractura interna en la Casa Blanca.

Ambos mostraron orgullosos los logros de Trump en su primer mes de gobierno y junto a Mike Pence pidieron a la vieja guardia un cierre de filas que mantenga la mayoría republicana en Congreso y Senado. «Creo que el presidente Trump ha dado voz a las aspiraciones y frustraciones del pueblo de EE.UU., como ningún otro líder desde Ronald Reagan», dijo Pence para ganarse el favor de los presentes y así comparar al neoyorquino con uno de los incuestionables referentes del conservadurismo estadounidense.

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