Bruselas ultima su estrategia para resucitar el proyecto europeo común

La UE quiere presentarlo en la próxima cumbre de Roma pese a la falta de consenso

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BRUSELAS / corresponsal

«Nuestra Unión Europea se encuentra en una crisis existencial». No se anduvo con paños calientes el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, al alertar en su último discurso del Estado de la Unión del enorme riesgo de disolución del proyecto europeo, que va camino de celebrar su 60.º aniversario. Casi 60 años de paz duradera y continuada en un Continente que ha entendido que es mejor cooperar y comerciar que batallar con el vecino. Hasta ahora. El luxemburgués teme una regresión ultranacionalista, la vuelta a la Europa de las fronteras y los recelos mutuos. «Nunca antes había visto tanta fragmentación, tan pocas cosas en común en nuestra Unión», aseguró. Hace autocrítica: «Hemos de reconocer que tenemos un montón de problemas sin resolver». Su equipo ultima los detalles de un libro blanco que lanzarán en las próximas semanas para dar el pistoletazo al debate sobre la refundación de la UE y la forja de una nueva identidad europea. 

¿En qué consiste el libro blanco?

Al contrario de lo que evoca el término, se trata de una guía repleta de directrices y propuestas que permiten abrir el debate político, orientar el trabajo y dejar clara la hoja de ruta que la UE seguirá en la próxima década evitando bloqueos, tensiones y enfrentamientos. Esta semana los comisarios discutieron sobre su contenido que se dará a conocer antes de la cumbre de Roma del 25 de marzo, la cita en la que la UE conmemora el 60.º aniversario de los Tratados. Juncker quiere dejar el trabajo preparado para acelerar el debate entre los Estados miembro.

¿Qué contiene el documento?

Apenas se conocen detalles de lo que hay en su interior. Bruselas lo ha guardado bajo llave y con extremo celo, aunque, según pudo saber Euroactiv, Juncker quiere revivir el proyecto europeo marcando las líneas en torno a la defensa y seguridad de la UE, la culminación de la Unión Económica y Monetaria (UEM), el refuerzo del pilar social, desgastado tras años de crepitante crisis económica y la política de globalización, fuente de descontento popular. 

¿Por qué se propone una nueva hoja de ruta?

En primer lugar porque la UE perderá a uno de sus socios más influyentes, el Reino Unido. El brexit pone patas arriba el modelo comunitario vigente, no solo porque obligará a reequilibrar las fuerzas para evitar que se vuelque todo el poder sobre Berlín. También es combustible para las fuerzas euroescépticas que hostigan a la Unión y a las que Bruselas no ha sabido mantener a raya. O se adapta o el bloque corre el riesgo de desintegrarse. En segundo lugar, la UE arrastra casi una década de crisis sin resolver. A falta de consenso, los acuerdos de mínimos improvisados que se han adoptado en materia económica o de migración ya no dan más de sí. Hay cuestiones inaplazables. Sobre todo si se atiende al clima de hostilidad social que está aupando a partidos eurófobos en países como Francia, Alemania y Países Bajos. 

¿Se convertirá en papel mojado?

Si atendemos a los precedentes, es probable. No habrá ninguna refundación de la UE si sus miembros no se ponen de acuerdo. Y un repaso a los últimos tres años de convivencia hace temer lo peor. «¿Los húngaros y los polacos quieren exactamente la misma cosa que los alemanes o los franceses? Tengo grandes dudas», reconoce el propio Juncker, quien cree que el brexit volverá a poner luz sobre las desavenencias internas. Está por ver cómo el debate sobre el libro blanco encaja en el calendario. Con las elecciones holandesas, franceses y alemanas por delante, Bruselas da por hecho que el proceso no culminará hasta final de año. 

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