Juncker da el pistoletazo de salida a la refundación de la Unión Europea

Bruselas plantea cinco vías distintas y reta a las capitales nacionales a posicionarse

JUNCKERH

bruselas / corresponsal

¿Qué será de la UE tras el brexit?, se pregunta Bruselas. El divorcio con el Reino Unido ha sido la guinda al cóctel de problemas que arrastra el bloque: populismo, descontento social, crisis migratoria y terrorismo. Un rompecabezas difícil de resolver en vista de la enorme división de sus miembros. El proyecto europeo ha llegado a un punto muerto. El ánimo europeísta desfallece. El presidente de la Comisión EuropeaJean Claude Juncker, instó ayer a no perder el aliento: «El brexit es doloroso, pero tenemos que seguir». El luxemburgués quiere «pasar página y empezar un nuevo capítulo en nuestra historia» y para ello, presentó su libro blanco, un documento en el que propone hasta cinco vías posibles  para diseñar la UE de la próxima década. El debate está abierto.

¿Por qué plantea Bruselas cinco caminos?

Juncker decidió volcar en cinco hojas de ruta las diferentes visiones de los Estados miembro en torno al futuro de la UE. De norte a sur y de este a oeste, los Veintiocho han dejado en evidencia la falta de sintonía y voluntad para moverse en la misma dirección, provocando bloqueos y lentitud a la hora de responder a crisis emergentes. Hay países que demandan más integración. Otros se inclinan por una Unión a la carta y no son pocos los que sabotean acuerdos para exigir que se devuelvan competencias a las capitales. Juncker reta a sus líderes a posicionarse en torno a una de las cinco vías. Quiere que aquellos que obstaculizan la toma de decisiones queden retratados. «Hemos elegido este método para obligarlos a salir de la ambigüedad», explicó ayer el luxemburgués, cansado de ser la diana de todas las críticas. «Europa no debe ser rehén de campañas electorales», zanjó.

¿En qué consiste cada una de las vías?

La primera vía que podrían tomar los 27 es la del estatus quo con los consiguientes riesgos de bloqueo. La segunda vía, de la cuerda británica, es la única que Juncker ha criticado en público. Consiste en barrer toda la arquitectura comunitaria, incluidos derechos consolidados de los ciudadanos, para reducir la UE a un simple mercado único. La tercera vía es la de la UE a varias velocidades. Los países deciden si quieren más integración y en qué áreas específicas. La cuarta vía consiste en echar el freno de mano y permitir que la UE avance solo en terrenos donde puede actuar de forma rápida, eficaz y donde se perciba como un valor añadido. La quinta opción es la «vía Verhofstadt», en honor al político liberal, férreo defensor de la federalización a ultranza. La UE a 27 sería un bloque totalmente integrado, lo que supondría compartir hacienda, deuda, política migratoria, defensa, etc.

¿Quién escogerá el rumbo?

Bruselas quiere que los países miembros, la Eurocámara y los ciudadanos agarren el timón. Los 27 líderes podrán discutir sobre el libro blanco en la cumbre del próximo 25 de marzo, en el sexagésimo aniversario del Tratado de Roma. A lo largo de los próximos meses la Comisión avivará el debate presentando su opinión sobre el futuro social de la UE, la unión monetaria, las consecuencias de la globalización, la defensa y el futuro de las finanzas europeas. También organizará encuentros ciudadanos a nivel nacional y regional para tomar el pulso de la opinión pública. «Tenemos que salir de la burbuja de Bruselas» , manifestó Juncker, quien insta a abandonar los debates grandilocuentes «que no interesan a nadie ahí fuera». 

Será el propio luxemburgués el que haga públicos los resultados de las consultas en su discurso de la Unión, a mediados del mes de septiembre. Los 27 deberán decidir en la última cumbre del año hacia cuál de las cinco vías dirigir el timón de la UE. Las elecciones europeas del 2019 se convertirán en un termómetro para medir el apoyo de los ciudadanos al nuevo rumbo de la Unión.

Críticas a la Comisión por su «falta de coraje»

¿Qué vía de las cinco que presentó es la preferida de Juncker? El luxemburgués, máxima autoridad de la Comisión «más política de la historia», se negó a confesar. «No lo dice porque no quiere matar el debate», aseguran fuentes de Bruselas para disculparlo, después de hacer repaso al calendario electoral que se avecina. Las elecciones en Países Bajos, Francia y Alemania discurrirán de forma paralela a las conversaciones sobre el Libro Blanco, pero solo una vez que se aclare el nuevo mapa político en estos países los Gobiernos manifestarán sus preferencias. Nadie se atreve a dar un paso en falso. Ni siquiera Juncker que ayer pedía «liderazgo», el mismo que se negaba a asumir.

La UE funciona ahora con el piloto automático, sin nadie que tome el volante. El luxemburgués es reacio a plantar cara a los Estados miembro. «Nos da una serie de hipótesis en lugar de un plan claro. Son un órgano político, no burocrático. Asuma sus responsabilidades y haga gala de liderazgo», le espetó el líder de los socialdemócratas en la Eurocámara, Gianni Pittella. Desde la bancada de los socialistas españoles se le acusó de falta de «coraje». «Acierta al criticar la falta de voluntad colectiva de los Gobiernos, pero se equivoca al no mostrar el camino», aseguró la eurodiputada Elena Valenciano

La réplica de Juncker no se hizo esperar: «No confundamos liderazgo con imposición. No quiero imponer, no soy un dictador», trató de justificar el luxemburgués, quien ha tenido que lidiar en estos dos años y medio en el cargo con rumores de dimisión, críticas por sus incomparecencias públicas y escándalos fiscales. Una ristra de problemas que han puesto en entredicho su continuidad.

A pesar del repliegue político, la Comisión sí hizo ayer gala de autocrítica, ausente durante mucho tiempo. En el libro blanco se reconoce que la gestión de la crisis no ha podido evitar el despunte de las desigualdades sociales, la exclusión y el alto desempleo. «Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, existe un riesgo real de que la actual generación de jóvenes adultos acabe viviendo peor que sus padres».

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