Navalny, el último mohicano de los opositores a Putin

Detenido y condenado por la manifestación anticorrupción de Moscú, pretende participar en las presidenciales rusas del 2018

.Alexei Navalny, tras ser detenido
Alexei Navalny, tras ser detenido

El abogado Alexei Navalny, combatiente contra la corrupción de las élites rusas, carismático orador y a veces nacionalista radical, es el principal opositor liberal al Vladimir Putin, al que desafiará en la elección presidencial de 2018.

Navalny fue detenido el domingo junto a un millar de personas durante una manifestación organizada por él que congregó a decenas de miles de personas. Y ya ha sido condenado.

El opositor está acusado de haber convocado una movilización que dio lugar a alteraciones del orden público y se expone por ello a hasta 15 días de detención administrativa.

Navalny, condenado en febrero a cinco años de prisión -con la pena en suspenso- por desvío de fondos, es un viejo conocido de los tribunales.

En una Rusia sin opositores es el último de los Mohicanos. Su Partido del Progreso, prohibido en 2015, se fusionó con otro otro partido de la oposición, Parnas, que sólo pudo presentar a dos candidatos en las legislativas de 2016. Ninguno fue elegido.

El abogado, que hace de la lucha contra la corrupción su caballo de batalla, está dispuesto pese a todo a desafiar a Putin en la próxima elección presidencial de marzo de 2018, y al partido del poder, Rusia Unida, según él el «partido de los ladrones y estafadores».

Perfil muy polémico

Desde 2007, el abogado ha combatido al gobierno, comprando acciones en grupos semipúblicos, como la petrolera Rosneft y el gigante del gas Gazprom. Así, amparándose en su estatuto de accionista minoritario, exige transparencia en las cuentas.

Navalny ganó notoriedad en las legislativas de diciembre de 2011, que generaron una ola de protestas y en la que el abogado destacó por su carisma y por la virulencia de sus ataques contra el Kremlin.

En septiembre de 2013 obtuvo su primer éxito electoral en la elección municipal de Moscú. Creó la sorpresa al llegar segundo, con 27,2% de los votos, justo por detrás del alcalde saliente, el exjefe de gabinete de Vladimir Putin, Serguei Sobianin, un resultado que lo confirmó como figura esencial de la oposición.

Pero Navalny también ha participado en manifestaciones de tipo racista, como las de la Marcha Rusa. Sin embargo se ha alejado en los últimos años de estos movimientos y ha borrado progresivamente el tono nacionalista de sus discursos.

A finales de 2014, este padre de familia fue condenado a tres años y medio de prisión, con suspensión de pena, en un caso de desvío de fondos de unos 400.000 euros, en detrimento de una filial rusa de la sociedad francesa Yves Rocher.

Cuando estaba en arresto domiciliario, lanzó un llamamiento para manifestarse bajo las murallas del Kremlin, que «no merece existir y debe ser destruido». Fue detenido en plena calle, ante las cámaras, tal como ocurrió este domingo.

En febrero pasado fue condenado a cinco años con suspensión de pena en un caso de desvío de fondos -ya juzgado en 2013 y cuya sentencia, idéntica, fue luego anulada- que puede lastrar sus ambiciones presidenciales para 2018.

Navalny es a menudo el objeto de reportajes críticos divulgados a horas de gran audiencia en las cadenas de televisión públicas.

Siempre ha rechazado sus condenas judiciales y asegura que nada puede mermar su motivación.

«Hay cosas en la vida por las que merece la pena ser arrestado» dijo el domingo en Twitter, exhortando a sus partidarios a proseguir la lucha.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Navalny, el último mohicano de los opositores a Putin