Incómodo silencio de la Iglesia católica

Macron, que defiende la existencia de distintos tipos de familias y que corteja sin complejos a creyentes de otras religiones, no encaja en sus esquemas

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París / enviada especial

La Iglesia católica mantiene un silencio incómodo sobre las presidenciales francesas. Judíos, musulmanes y protestantes se han unido contra el Frente Nacional: «Llamamos a votar a Emmanuel Macron». François Clavairoly, presidente de la Federación protestante francesa, Anouar Kbibech, presidente del Consejo francés del Culto Musulmán, y Haïm Korsia, gran rabino de Francia, reconocieron que, teóricamente, se les supone «neutralidad política», pero dijeron que, ante todo, «son ciudadanos responsables» y que «nada es superior a la paz». Las autoridades católicas, ortodoxas y budistas no firmaron el documento.

En el 2012, cuando Jean-Marie Le Pen llegó al pulso final por la presidencia con Jacques Chirac, Olivier de Berranger, obispo de Saint-Denis, dijo: «Ningún católico puede votar a Le Pen, heredero de una tradición totalitaria y anticristiana». Hoy, incluso el diario cristiano Le Croix critica el silencio oficial. Un 24 % de los practicantes respaldaron a Le Pen en las regionales de diciembre. En la primera vuelta de las presidenciales se decantaron por el candidato de Los Republicanos, François Fillon. Le Figaró publicó una encuesta que indica que Fillon era el preferido por el 46 % de los practicantes y el 25 % de los no practicantes. Y los últimos sondeos señalan que un buen porcentaje de fillonistas se debaten entre las abstención, el voto en blanco y el FN.

Poco encaje

Macron, que defiende la existencia de distintos tipos de familias y que corteja sin complejos a creyentes de otras religiones, no encaja en sus esquemas. Marine Le Pen lo intenta, caminando por el alambre, porque también quiere templar su imagen (de ahí el guiño a los homosexuales en el debate). Ha prometido el cargo de primer ministro a Nicolas Dupont-Aignan, de Debout la France, que cuenta con el apoyo de católicos tradicionalistas.

El ultraconservador Philippe de Villiers, secretario de Estado con Chirac, pidió el voto para el FN en la primera vuelta. Y Christine Boutin, ministra con Nicolas Sarkozy, proclama: «Por una cuestión de valores, contra Macron, yo votaré a Le Pen». Hay un sector duro al que se le queda corto el discurso maquillado de Marine, pero para eso está Marion Maréchal-Le Pen, guardiana de las esencias, que llegó a ser invitada por la diócesis de Fréjus-Toulon a un curso de verano. Philippe Portier, sociólogo experto en religiones, habla en Libération de «una recomposición de la militancia católica».

Pero hay voces que se levantan por encima de la jerarquía. La parroquia de Saint-Merry, en el centro de París, es directa: «Somos católicos y votaremos a Macron. Ante el peligro del FN, el cristiano no puede permanecer en silencio». Saint-Merry es conocida por su aperturismo. El párroco de Denain, una villa de ese norte golpeado por la deslocalización, asegura en Le Monde que «la Iglesia está en las antípodas del FN sobre los extranjeros». Christian Delorme, de la diócesis de Lyon, lamenta que estén cayendo los diques cristianos que cortan el paso al FN.

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