Trump ahonda la crisis política abierta por el despido del jefe del FBI

El Senado garantiza que la investigación de la injerencia de Rusia seguirá adelante

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nueva york / corresponsal

Fanfarrón, presumido, desleal o raro, han sido algunos de los calificativos que Donald Trump lanzó contra su última víctima, el ex director del FBI, James Comey. Lejos de rebajar la tensión y en medio de la enorme tormenta política que azota Washington, Trump trata de salir al paso de la polémica negando que el despido de Comey esté relacionado con las investigaciones que el Buró lleva a cabo sobre los supuestos vínculos entre el entorno de Trump y el Kremlin. Ayer, tanto el FBI como el Senado confirmaron que van a seguir investigando esas conexiones, pese al esfuerzo del equipo presidencial por negarlo.

Tras decenas de versiones, el presidente desveló que iba a despedir al funcionario incluso sin la controvertida recomendación del Departamento de Justicia. «El FBI era un descontrol desde hace un año», dijo Trump. Con esta revelación, el neoyorquino salió en defensa del número dos de Justicia, Rod Rosenstein, a quien horas antes la Casa Blanca había señalado como cerebro de la destitución. Esa versión enfureció a Rosenstein y amenazó con dimitir. «Iba a despedirle independientemente de la recomendación de Justicia», insistió el neoyorquino. Trump además, confirmó ayer por primera vez ante las cámaras de televisión, que Comey le aseguró durante una cena que no estaba bajo investigación en las pesquisas rusas.

Aunque no es ilegal que un presidente llame o se reúna con el líder de una investigación que le salpique, varios expertos alertaron sobre lo impropio de este comportamiento. Muchos lo compararon con el encuentro en un aeropuerto que el Bill Clinton tuvo con la ex fiscal general, Loretta Lynch, durante la investigación de la agencia a su esposa, la entonces candidata Hillary Clinton.

El caos existente en la arena política se repitió en Capitol Hill durante la audiencia en el Senado del director del FBI en funciones, Andrew McCabe. Él también desmintió otra de las versiones de la Casa Blanca y dijo que Comey nunca perdió la confianza de sus agentes, como sostiene el Gobierno. «No estoy de acuerdo», contestó la subsecretaria de Comunicación, Sarah Huckabee.

El Comité de Inteligencia de la Cámara alta por el que ayer pasó McCabe es el mismo que ha tomado las riendas de la trama y ha obligado al exasesor de Seguridad Nacional Michael Flynn, a entregar documentos sobre Rusia en el marco de la investigación sobre los supuestos lazos entre la campaña de Trump y el Ejecutivo ruso. El mismo comité ha pedido a James Comey que acuda el martes a testificar.

Rosenstein, en la cuerda floja

Comey, de momento, solo rompió su silencio para dirigirse a sus ya ex compañeros del FBI y decirles que «siempre he creído que un presidente puede despedir a un director del FBI por cualquier motivo e incluso sin motivo. No voy a perder el tiempo en ello». Tras su abrupta destitución, cada vez son más las voces que desde derecha e izquierda piden un fiscal especial para las pesquisas, asumidas ahora por el número dos de Justicia, Rosenstein, el mismo que aconsejó el cese de Comey.

La presión es tal, que al menos 20 fiscales generales le han pedido que se recuse de la investigación. «La credibilidad se ha perdido y no creo que el departamento de Justicia pueda conducir esta investigación sin contratar un consejero externo», dijo Doug Gansler, ex fiscal general de Maryland.

Mientras, Trump firmó una orden ejecutiva para crear una comisión que investigue el supuesto fraude electoral, formada por los dos partidos y encabezada por el vicepresidente, Mike Pence. Trump quiere conocer así «las vulnerabilidades del sistema».

La CIA prepara un centro especial para hacer frente a las amenazas de Corea del Norte

Estados Unidos redobló su pulso contra Corea del Norte y anunció la creación de un centro específico para hacer frente a las continuas provocaciones del líder norcoreano, Kim Jong-un. De la mano de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el objetivo del llamado «Centro de la Misión para Corea» será encarar la amenaza nuclear y de misiles balísticos que desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha registrado niveles preocupantemente altos.

La importancia de esta unidad radica en que es la primera vez que se crea un centro particular para un país en concreto. Hasta ahora, la CIA tenía diez centros de misión repartidos por diferentes áreas geográficas, como la de Asia Oriental y el Pacífico, que era la que se encargaba de Corea del Norte.

La creciente tensión entre Washington y Piongyang ha obligado a la nueva Administración a focalizar sus esfuerzos contra el régimen comunista y reunir a agentes experimentados que centren toda su atención en el peligro que representa el programa nuclear de Kim Jong-un. El miércoles precisamente, el presidente Trump y el nuevo mandatario de Corea del Sur, Moon Jae-In, acordaron estrechar su colaboración ante un posible ensayo nuclear de manera inminente. «Estamos preparados para un conflicto», amenazó el embajador norcoreano en el Reino Unido.

Los negocios de Trump

Dentro de sus fronteras, Trump sigue enfrentando otros conflictos, como el relacionado con sus impuestos. De momento, si los estadounidenses quieren conocer sus declaraciones tendrán que esperar a que el presidente republicano abandone la Casa Blanca, a pesar de sus reiteradas promesas en campaña. Así lo confirmó ayer en una entrevista en The Economist. «Tal vez publique mis declaraciones fiscales cuando haya terminado mi trabajo, porque estoy muy orgulloso de ellas», dijo Trump antes de que su asesor de comunicación, Hope Hicks, tratase de enmendar el error asegurando que lo harían «una vez que la auditoría haya terminado».

El asunto preocupa incluso en filas republicanas, donde influyentes senadores como Lindsey Graham aseguraron «querer saber más sobre los negocios» del neoyorquino. Muchos son los que creen que dichas declaraciones podrían esconder evidencias que vinculen a Trump con Rusia de manera peligrosa.

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