El desafío del Mandela palestino

Barguti se postula para gobernar a los palestinos, pese a llevar 15 años en una cárcel de Israel

BARGUTIH

Hadarim / e. lA vOZ

En las ciudades de Cisjordania cuelgan grandes retratos de Marwan Barguti con las manos esposadas. Las inscripciones bajo su imagen lo ensalzan como «la gran esperanza del pueblo palestino en su lucha por sacudirse de la colonización israelí». Incluso como el candidato a reemplazar a Mahmud Abás en la presidencia de la Autoridad Nacional Palestina. Barguti, de 58 años, participará en las elecciones de finales de mayo pese a llevar 15 años en una cárcel israelí. «Las encuestas me adjudican entre el 60 % y el 70 % de las adhesiones. Si la gente deposita en mí su confianza no habrá muro ni guardián que me impida gobernar», afirma en respuesta al cuestionario que le hizo llegar un grupo de periodistas al penal de Hadarim.

Dada su condición de reo, sus aspiraciones pueden despertar escepticismo. Pero de alguna forma, el más carismático de los legisladores de Al Fatah se las ha arreglado para impartir órdenes a sus adeptos dentro y fuera de su celda, y estos le obedecen sin chistar. Cerca de 1.500 reclusos palestinos se adhirieron a la huelga de hambre que convocó a fin de forzar a Israel a mejorar sus condiciones dentro de seis prisiones.

Su hijo Aarab Barguti, de 26 años, lo describe como a la versión palestina de Nelson Mandela. «Igual que el gran líder sudafricano, mi padre es el único capaz de establecer un diálogo de igual a igual con los israelíes. Domina el hebreo a la perfección y conoce la mentalidad del adversario. De un adversario que le profesa respeto», dice con orgullo Aarab, que estudia Administración de Empresas en la Universidad de Saint Mary en California.

¿Cuál es el secreto de su popularidad? «Si hacemos una comparación, Abás inspira respeto, pero a sus 82 años parece extenuado. Además se le asocia con políticos corruptos. En cambio Marwan encarna la figura impetuosa de un combatiente, fraguado en la lucha contra las tropas israelíes», opina su lugarteniente Ahmed J’amel. Con 28 años Marwan Hasib Barguti participó activamente en la primera intifada de 1987, al tiempo que estableció un canal de diálogo con diputados laboristas israelíes. Fue uno de los más entusiastas partidarios de los acuerdos de Oslo de 1993. Al estallar la segunda intifada, en el 2000, Barguti tomó el mando de Tanzim, el brazo armado de Al Fatah. Sus objetivos eran militares, en ningún caso civiles. Pero un grupo de disidentes llevó a cabo atentados cuya autoría la inteligencia israelí atribuyó a Barguti. En el 2002 fue capturado y condenó a cuatro cadenas perpetuas por el supuesto asesinato de cinco civiles israelíes. Él niega los cargos. «Repudio el terrorismo en todas sus formas, venga de donde venga. Otra cosa es que los palestinos tengan el legítimo derecho de empuñar las armas ante los atropellos de los colonos y de las fuerzas de la ocupación», acota.

Se considera un «pragmático a carta cabal». «Quedarse de brazos cruzados mientras los israelíes se adueñan de nuestras tierras es reducir a cenizas la opción de constituir un Estado independiente. Del otro lado, dar la espalda al sector de la sociedad israelí que defiende la coexistencia entre los pueblos, es un mayúsculo error. Debemos aunar fuerzas para que nuestros hijos y nietos convivan en paz», concluye Barguti.

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