El yerno de Trump quiso establecer un canal de contacto secreto con el Kremlin

El presidente crea una «sala de guerra» formada por abogados para afrontar las investigaciones del Rusiagate

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Nueva York / Corresponsal

De vuelta a casa, Donald Trump se topara de bruces con que el escándalo del Rusiagate apunta a su círculo más íntimo, concretamente sobre uno de sus principales asesores y marido de su admirada hija Ivanka. Las cosas se le complican para Jared Kushner tras la última revelación de la prensa: buscó establecer «un canal secreto y seguro de comunicación» con Vladimir Putin en la etapa de transición de poder.

Según The Washington Post, Kushner hizo esa propuesta al embajador ruso en Washington, Serguéi Kislyak, a principios de diciembre durante una reunión entre ambos en la Torre Trump de Nueva York. El yerno del presidente llegó a sugerir el uso de sedes diplomáticas rusas para «proteger esas conversaciones de cualquier vigilancia» del Gobierno de Washington. El informe de las conversaciones enviado por el embajador a Moscú fue interceptado por los servicios de inteligencia estadounidense. 

¿Qué quería ocultar Kushner al pedir ese canal secreto? The New York Times sostiene que el objeto principal de esas «comunicaciones secretas» era discutir con total discreción sobre una mayor cooperación con Rusia en el conflicto de Siria

El espionaje norteamericano no descarta la posibilidad de que Rusia haya exagerado los datos. «Los adversarios suelen poner información falsa en sus comunicaciones para ver si los estadounidenses están en ese canal», aclaró el Post

En un intento de quitarle presión a Kushner, el consejero de Seguridad Nacional y una de las voces más poderosas del ala oeste, el general H. R. McMaster, defendió que Estados Unidos tiene «canales de comunicación secretos con diferentes países».

Sea como fuere, el papel de Kushner es cada vez más oscuro. Funcionarios del FBI han descubierto que la mano derecha de Trump tuvo al menos tres contactos con el embajador Kislyak de los que no tenía conocimiento. Tuvieron lugar antes y después de las elecciones, entre abril y noviembre.

Con las nuevas revelaciones, los motivos de por qué Jared Kushner ingresó en la órbita del FBI parecen estar cada vez más claros, algo que ha supuesto un nuevo terremoto en Capitol Hill. Tanto es así que el Comité de Inteligencia del Senado ha pedido todos los documentos de la campaña de Trump de junio del 2015, relacionados con Moscú. Este paso es sumamente importante, ya que es la primera vez que una estructura oficial de campaña se introduce en la investigación de la Cámara alta. 

Muro de contención

Consciente de la gravedad, Trump ha decidido prepararse para defender sus dominios y ha creado una «sala de guerra» formada por abogados de alto nivel que se ocupen de los interrogatorios que podrían enfrentar su círculo más cercano sobre el Rusiagate.

Además de los letrados, políticos y asesores se encargarán de componer las tácticas adecuadas para repeler los ataques y las filtraciones. Fuentes de la Casa Blanca ya han confirmado que Kushner y el ultraderechista Steve Bannon, formarán parte de este «consejo de guerra».

Hacia una dura batalla presupuestaria

La primera propuesta presupuestaria de Trump para el año fiscal 2018 podría ser una de las más duras contiendas que el presidente afrontará con su propio partido. Las horas previas y posteriores a su entrega oficial, el pasado martes, provocaron un sinfín de reacciones de los republicanos que hacen presagiar que las cuentas del neoyorquino (definidas ya como crueles e inmorales), no tendrán un camino fácil. «Casi todas las propuestas presupuestarias de los presidentes que conozco están básicamente muertas a su llegada», declaró sin rodeos el senador republicano por Texas John Cornyn. 

El proyecto confirmó lo que muchos temían: más para los militares y menos para los pobres. Una ecuación que espanta a los demócratas (el plan fue definido por Chuck Schumer como «un cómic malo de villanos»), pero que tampoco gustó a los republicanos, encargadas de dar luz verde a un plan de gastos federales de 4,1 billones de dólares que promete un rápido crecimiento económico a costa de fuertes recortes sociales. «Tal y como está, sería muy dañino», reconoció el conservador Hal Rogers.

Los más perjudicados por los números de Trump son sus propios votantes de la América más profunda. Parte de las nuevas reducciones propuestas al gasto, son por ejemplo el recorte de hasta 193.000 millones de dólares a los cupones para alimentos, todo un bofetón a la clase trabajadora. Trump toca también aspectos especialmente delicados, como la atención a niños y mujeres. En unas elecciones legislativas, los congresistas que buscan la reelección tendrá difícil presentarse ante sus votantes.

Pero los números no solo han encendido las alarmas en Capitol Hill. Analistas económicos internacionales han puesto en entredicho las matemáticas del neoyorquino tras darse cuenta de que el presidente utiliza una misma partida de dinero para financiar dos propósitos diferentes.

Se trata de los dos billones de dólares adicionales que Trump pronostica en los ingresos federales de los próximos 10 años. Según las cuentas públicas, ese dinero sería utilizado para financiar lo que el republicano definió como «el mayor recorte de impuestos de la historia», el problema es que el plan presupuestario destina la misma partida de dinero a reducir el déficit. Es decir, que los dos billones de dólares se cuentan dos veces. «Es el error de contabilidad más escandaloso en un presupuesto presidencial en casi 40 años», dijo el exsecretario del Tesoro y antiguo economista del Banco Mundial, Larry Summers.

Por si esto no fuera suficiente, el presupuesto asume un crecimiento anual del 3 %, casi el doble del alcanzado en el 2016 y muy lejos del 1,8 % previsto por la Reserva Federal. Buena parte de los economistas consideran que las cuentas de Trump son simplemente una fantasía.

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